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sábado 31 de julio de 2004
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Alain Cornejo: «Admiro a mi padre, pero yo
no sabría hacer el tipo de teatro que él
programa»
Tiene 29 años y está a punto
de hacerse mayor como productor teatral. Su padre, Enrique
Cornejo, le dejará desde septiembre al frente del Reina
Victoria. Le reconoce de esta manera su trabajo al frente del
Arlequín, un espacio en el que ha conseguido aglutinar a un
público hasta entonces ajeno a la ceremonia
escénica.
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David C. Carrón
Madrid- En sus
vaqueros pueden contarse tantas hendiduras como proyectos
alberga su agenda para la próxima temporada, pues es de los
que cree que el hábito no hace al monje. A partir de entonces,
además de abastecer la cartelera gamberra del teatro Arlequín
con títulos surgidos del histrionismo de Yllana, del primer
Woody Allen o de la revisión heterodoxa de los clásicos,
deberá empeñarse en captar nuevos adeptos para el Reina
Victoria, una de las salas comerciales más concurridas de
Madrid. Y un local donde hasta ahora las propuestas y el
público competían en veteranía. -¿Va a cambiar mucho la
programación del Reina Victoria? -Bastante. Todo mi equipo
está formado por gente joven con criterios distintos sobre lo
que necesita el público. -Este teatro mantiene una clientela
fija, ¿no tiene miedo a que no entiendan la nueva línea? -Toda
época necesita cambios. Serán otras propuestas, pero para todo
tipo de público: para los que iban, pero también para otros
que no se acercaban por allí. Un adelanto de la programación.
-¿Y puede adelantarnos ya algo de lo que veremos próximamente?
-Empezamos el 13 de septiembre con Los Monjes de Shaoling,
esto ya será un cambio muy importante. Después llegará una
comedia de Esteve Ferrer con José Luis López Vázquez, Agustín
González y Manuel Alexandre que no será la típica obra de
texto y les va a servir de homenaje y para demostrar que ellos
también saben adaptarse. En Navidad llegará «The Christmas
show», un espectáculo para el público infantil con más de 30
artistas en escena. Y en febrero, T de Teatre debutarán en una
sala así con «Esto no es vida». -¿Esto supone el inicio del
relevo definitivo de los Cornejo? -Mi padre no va a dejar de
llevar el Muñoz Seca y el Real Cinema. Trabajo desde hace diez
años con él y sólo llevo uno y medio solo. Más que un relevo,
es otro Cornejo con otra filosofía. -¿Cuál cree que ha sido el
mayor mérito de su padre como empresario? -Trabajo, sobre
todo, y amor y pasión por el teatro. Le admiro porque lleva
mucho tiempo viviendo de esto, pero yo no sabría hacer el tipo
de teatro que hace él. -¿Y fue usted quien le dijo: «Papá
quiero ser productor», o le incitó él mismo? -Lo tenía
bastante difícil, con un padre productor y una madre actriz.
Es verdad que esto tiene un veneno especial, porque también
hago co- sas en publicidad y televisión, pero el teatro me
apasiona. -Por lo que ha programado en su teatro hasta ahora,
¿el estilo que más le interesa es el de Yllana? -Son un
referente en Madrid para un público más joven o que piensa
diferente. La labor que ellos hacen en el Alfil es similar a
la que hacemos en el Arlequín. Me siento muy próximo a ellos
por ideas y por edad. -¿Y qué es lo último que ha visto en
teatro? -Precisamente, «Star trip», de Yllana. También me
gustan mucho los musicales. -Se atrevería con uno como «El
fantasma de la ópera»? -He hecho algunos muy potentes, como
«Chicago», y tengo algunos proyectos. -Y de la política
teatral, ¿qué me dice? -A diferencia de mi padre, yo tengo mis
ideas, pero no me meto en política. Creo en el trabajo. -¿Pero
cree que hay algo que se haga especialmente bien? -A mí me
parece bien que cualquier persona, haya o no haya hecho
teatro, pueda acceder a una ayuda. -¿Cuál es el montaje de sus
sueños, el que, personalmente, le gustaría poner en escena?
-«Cyrano de Bergerac», pero por razones sentimentales: toda mi
familia es de Bergerac. -¿Se atrevería a subir a las tablas?
-Tengo muy poca vergüenza, siempre que fuera una anécdota
circunstancial, sí. Tengo mucho respeto por los
profesionales.
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