Ramon Fontserè, Xavier Boada y
Minnie Marx en el
Retablo
pTres Cervantes a
escena
Albert Boadella “Ahora pasa por genio cualquier
indocumentado”
Un retablo inexistente que dos pícaros se
inventan y que sólo puede ser admirado por gente de alto
linaje. Ese es el punto de partida del famoso Retablo de
las maravillas, obra que se ha convertido en parábola de
la hipocresía social y que tiene todos los ingredientes para
despertar el interés de Albert Boadella. El director de Els
Joglars toma como punto de partida este entremés cervantino
para arremeter contra el arte vanguardista, la cocina
experimental, la religión y la política.
–Esta es una
de las escasas ocasiones en la que no dirige un texto escrito
por usted. –Más bien es una de las escasas ocasiones en la
que el motivo inicial de la obra está basado en una pieza
clásica, que es el entremés de Cervantes El retablo de las
maravillas. Pero de los 110 folios de texto de la obra 108
son nuestros. Ha quedado muy poco del original, aunque
mantenemos el argumento para intentar localizar otros retablos
de la sociedad actual.
–¿A qué se debe esta elección de
los entremeses, tiene algo que ver con los fastos del IV
centenario? –Lo del centenario es coincidencia. A mí me
interesaba hablar del complejo de la gente que es capaz de
hacer cualquier estupidez para esconder sus frustraciones. Eso
que ya contaba Don Juan Manuel un siglo antes que Cervantes no
sólo no ha desaparecido, sino que esa estupidez ha aumentado.
A ello han contribuido muchos los medios de comunicación,
sobre todo los audiovisuales.
–¿Cree que hay una
relación directa entre la mediocridad y el poder? –Existe
una ascensión constante de mediocres y cretinos a lugares
importantes de nuestra sociedad, como el mundo político y el
empresarial. Además de la pieza de Cervantes, la de Don Juan
Manuel y el cuento de los Andersen El vestido del
emperador, existe un relato de Jerzy Kosinski, “Desde el
jardín”, que sirvió de guión para la película de Peter Sellers
Bienvenido Mister Chance, en la que un imbécil llega a
ser Presidente de los Estados Unidos. A mí me interesaba
subrayar que esa ascensión se debe a los ciudadanos que lo
respaldan.
Cocineros en vez de filósofos –¿Y
no le tienta llevar a escena el Quijote? –Cervantes
es mi ídolo. Sería incapaz de dirigir el Quijote porque
creo que es una pieza literaria tan perfecta que no hay que
tocarla ya que todo lo que se hiciera sería inferior. Sin
embargo, me interesa mucho la relación entre don Quijote y
Sancho y creo que ese espíritu está en El Nacional y
Daaalí. –¿No es un poco osado por su parte
“modernizar” a Cervantes? –Esa es la insensatez de la
ignorancia de nuestra época de la que yo también he sido
víctima. La verdad es que El retablo... tiene su propia
brillantez. En mi montaje parto de la base de que en la
actualidad achacamos los errores del pasado a que eran más
burros que nosotros. Y lo que quiero demostrar es que no sólo
no eran burros sino que tal vez nosotros seamos más tontos que
ellos.
–¿A qué “actualizaciones” ha sometido la
obra? –He hecho cuatro retablos más aparte del original
sobre varios temas: la religión, que está llena de
aprovechados que sacan partido de la necesidad de ficción de
la gente; el arte de vanguardia, donde los Estados y las
instituciones encumbran a una serie de débiles mentales que
pasan por genios; la gastronomía también empieza a transitar
este camino: ahora los nuevos genios de la sociedad no son los
filósofos sino los cocineros; y por último la política, donde
algunos débiles mentales se convierten en las máximas
autoridades de un país. Pero teníamos gran cantidad de
retablos para escoger.
–¿Cuáles se han dejado
fuera? –El Forum 2004. Es uno de los retablos más perfectos
que han existido. Empezó sin que nadie supiera de qué se
trataba, ni los mismos que lo crearon, pero ya tenía
presupuesto.
–Me sorprende que no le dedique un
retablo a los medios de comunicación, usted que ha sido tan
crítico con ellos. –Los medios de comunicación
audiovisuales de por sí ya son un retablo, así que en muchos
momentos de la obra hago referencia a ellos. Hay millones de
personas idiotizadas que se tragan sus
mentiras.
–¿Quiénes son los mayores hacedores de
retablos, los políticos o los medios de comunicación? –Los
unos se aprovechan de los otros, pero el político financia.
Por eso interviene cada vez más en los medios, la economía y
las artes.
–No es la primera vez que trata el tema del
arte. ¿Aún le quedan cosas por decir? –En Daaalí me
basé en el pensamiento del pintor, mientras que aquí expongo
mis ideas sobre el arte. Y estoy convencido de que Cervantes
también firmaría esto.
Tàpies y la pared
desconchada –¿Qué ideas suscribiría él? –La
descodificación de las artes plásticas que lleva a la pérdida
de referentes y que hace necesaria la existencia de un
intermediario, que es quien dice que entre una pared
desconchada y Tàpies hay una diferencia, que lo primero no
tiene valor y lo otro, que es igual pero que está firmado por
un señor, es una obra de arte a la que se le pone una
cotización. Así se ha encontrado una fórmula extraordinaria
para invertir y blanquear dinero en la que sólo intervienen
los expertos, los bancos... y el gran público se queda fuera
sin entender nada. Por eso ahora cualquier indocumentado pasa
por genio.
–Si en El retablo se juega con el
temor a no parecer de cierto linaje, ¿con qué miedo se juega
en el arte? –A no tener sensibilidad y parecer un facha o
un retrógrado.
–¿Cree que el arte experimental es un
engañabobos? –En un alto porcentaje sí.
–¿Qué nuevo
retablo están intentando vender los políticos? –Que ellos
son los que mandan cuando en realidad son las empresas. Se
deberían votar listas de empresarios, como sucede en Italia.
–¿Y cómo es el retablo de Maragall y
Carod-Rovira? –Nos venden la patria feliz, el retablo de la
felicidad.
–¿Está contento con el resultado de las
elecciones? –Estoy contento porque un régimen de 23 años ha
saltado por los aires.
–¿Esa situación cambiará
ahora? –Nosotros por sistema adoptamos la postura higiénica
de estar al margen de los poderes. Estar al lado del poder le
interesa a los empresarios, pero no debería a los artistas.
–¿Qué tiene que criticarle a la gastronomía? –A mí
eso de que la comida se convierta en un ritual extraño con 40
platos, que tienes que tener un orgasmo con cada uno y con una
persona al lado explicándote cómo comértelos me parece
ridículo.
–¿Ha comido en El Bulli? –Sí. Me interesó
el espectáculo, el negocio, y menos la cocina.
–¿Por
qué esta obra marca un punto de inflexión en su
trayectoria? –Tiene una forma de ser contada que no es muy
característica de la compañía. No busca el gag, es muy sutil y
culmina con un lenguaje actoral –hay 50 personajes– y visual
que es casi único.
–Pero seguro que sigue arremetiendo
con fuerza... –Me desvío de los cañonazos y entro en una
postguerra más sutil.
–¿Se está haciendo
mayor? –Sí. Con la edad uno se acostumbra a dar en la diana
con menos dardos. En la juventud das palos de ciego, acertados
unos y erróneos otros. Con la edad, uno tiene que acertar con
menos artillería.
Itzíar DE FRANCISCO
El Quijote de
Imprebís
“De haber oído la comedia
artificiosa y bien ordenada, saldrá el oyente
alegre con las burlas, enseñado con las veras,
admirado de los sucesos, discreto con las razones,
advertido con los embustes, sagaz con los
ejemplos, airado contra el vicio y enamorado de la
virtud; que todos estos afectos ha de despertar la
buena comedia en el ánimo del que la escuchare
[...] que es imposible dejar de alegrar y
entretener, satisfacer y contentar”. Palabras del
propio Cervantes sobre el teatro que han inspirado
a Santiago Sánchez –miembro fundador de la
compañía L’Om Imprebís– este montaje de
Quijote que se estrena hoy en el Círculo de
Bellas Artes de Madrid. Protagonizada por Vicente
Cuesta y Sandro Cordero, la obra está dirigida por
Sánchez y la adaptación teatral corre a cargo de
Juan Margallo y del propio director. “Este montaje
nació porque creemos que la sociedad actual está
necesitada de utopías, de sueños, y no hay ningún
personaje literario que simbolice eso mejor que
don Quijote”. Siguiendo la máxima de Peter Brook
“haz la obra sólo cuando tengas los actores
ideales”, Sánchez se ha rodeado de intérpretes de
su confianza. “Vicente ha creado un Quijote muy
humano, subrayando el valor de su personaje”. La
labor de adaptación ha sido complicada. Margallo y
él han eliminado las narraciones intercaladas,
resumiendo el argumento, de tal forma que el
espectáculo final tiene una duración de dos horas
y media. Otra de las características de la obra es
su fidelidad al espíritu del Siglo de Oro.
“Recuperamos algunos recursos del teatro del XVII
porque me interesaba que el montaje fuese fiel a
ese espíritu. Por eso hemos creado un
Quijote popular, propio de aquella época”.