Álex Rigola
“Con los autores hay que trabajar por encargo”

Después de su desmadrado Ubú, Álex Rigola regresa a la Abadía de Madrid con Largo viaje hacia la noche.
La obra póstuma de Eugène O"Neill, por la que el autor consiguió su
cuarto Pulitzer, supone el ajuste de cuentas del escritor con su
familia. La obra permite a Rigola hablar hoy de la familia y sus
derivaciones.
En Largo viaje hacia la noche,
Àlex Rigola utiliza el texto como un punto de partida para llegar a
nuestros días. Ambientada en los Estados Unidos de los años 40, la
pieza es la más autobiográfica de su autor y toca el delicado asunto de
la familia, lo hace tan descarnadamente que no subió a los escenarios
hasta años después de la muerte de O’Neill, por deseo suyo. Pieza de
pocos actores, Rigola (también director del Teatro Lliure de Barcelona)
ha contado con un reparto en el que figuran los madrileños Chete Lera e
Israel Elejalde y los catalanes Mercé Arenaga y Oriol Vila, este último
como "alter ego" del autor.
–O"Neill dedica Largo viaje… a su mujer, a quien escribe que es “una obra de antiguo dolor, escrita con sangre y lágrimas”. ¡Menuda carta de presentación!
–Esta cita la queremos proyectar antes de que empiece el espectáculo
porque nos indica que la obra parte de las propias vivencias del autor,
lo que la hace un poquito más interesante. Una obra basada en unos
hechos reales tiene más posibilidades de identificación con la
realidad, en este caso es el rechazo a la propia familia. Quizá lo más
interesante de esta pieza sean los fantasmas que se le aparecían a
O"Neill, pero no sólo a él. También nos ha pasado a los que trabajamos
en el espectáculo, a todos nos venían referentes de nuestra relación
familiar mientras lo creábamos.
No future, final trágico
–O"Neill también dice que la obra es “un acto de amor”.
–El acto de amor es hablar tan abiertamente de la propia familia. Es
una obra de “no future”, de no hay salida, con final trágico. Es un
acto de amor exponerlo al resto del mundo para que reflexionemos
alrededor de la estructura familiar que vivimos, porque hoy la familia
no tiene un formato típico. Está la del padre, madre e hijos, pero
también la de un hombre y una mujer que viven juntos, la formada por
hermanos. La familia son las personas que en un momento de tu vida te
sacan del agujero, los que te agarran con amor para que no te hundas.
Pero también los que te dicen las verdades más brutales, las que no
permitirías a tus mejores amigos, porque los perderías. Hay una
auténtica relación de amor-odio, pero que no puede ser estática, tiene
que evolucionar. Una de las grandes tragedias de esta pieza es que
estos hijos no tienen donde ir para ser ellos mismos, continúan en una
estructura que ha caducado. Hoy resulta una pieza muy interesante
porque hay cantidad de ejemplos en los que los hijos no se independizan
hasta los treinta y tantos, más o menos la edad de los personajes de la
obra; eso lleva a una situación de difícil convivencia, donde impera un
estilo de vida, el de las normas, que les lleva a situaciones
personales y psicológicas muy problemáticas. La pieza plantea el tema
de la libertad individual de unos personajes que no tienen que ser
obligados a convivir entre ellos.
–¿Qué libertad individual se ha tomado para montar la pieza?
–Me he basado en el texto, que para mí es un punto de partida para
hacer un espectáculo, no algo sagrado que no se puede tocar. He hecho
una adaptación a nuestros días, me gusta que la gente se sienta situada
en la actualidad, más un pequeño recorte porque hoy la mayoría del
público no aguanta durante cuatro horas en una silla, es mejor estar
dos horas pero concentrados. He pretendido una adaptación para todos,
yo no hago teatro para gentes de una determinada edad, hago teatro para
mentes abiertas.
–También ha optado por incorporar micrófonos a los actores.
–Me interesaba trabajar en torno al realismo interpretativo. Creo que
la pieza lo permite y también dejar atrás los convencionalismos que
esta manera de actuar arrastra. Uno de ellos es hablar fuerte y mirando
hacia delante para llegar al público de la última fila. Eso lo puedes
conseguir usando inalámbricos que casi no se noten pero que permiten
oír al actor sin que grite e, incluso, cuando exprese pensamientos
personales o introspecciones.
–O"Neill dice también que la obra es “un viaje hacia la luz”, por lo
que supongo que la iluminación del montaje tendrá su importancia.
–La pieza es un viaje hacia la oscuridad, pero quien marca el camino es
la luz. El cambio del tiempo lo marca la luz, la de primera hora de la
mañana y la que se necesita dentro de una casa. Cuando empiezan a tocar
fondo los personajes, cuando parece que estamos en los últimos momentos
de vida en la obra y en la familia, ya no hay luz natural, sólo queda
la artificial.
–La nómina de actores (K. Kepburn, Olivier, Hurt, Spacey, V. Redgrave…) que ha hecho Largo viaje… en teatro o cine apabulla ¿por qué ha elegido a los del montaje?
–Ninguno tiene nada que envidiarles. Incluso después de ver la pieza yo
pediría al público que vieran las películas de Kathrine Hepburn o
Lawrence Olivier y compararan. Hemos hecho un trabajo muy duro porque
el nivel de realidad de la pieza coloca a los personajes en situaciones
físicas y de inteligencia al límite. Creo que, junto con el texto, es
lo mejor que ofrecemos. Yo soy una persona que continuamente tengo
necesidad de bandas sonora para apoyar la palabra; aquí se puede decir
que no hay ninguna escena en la que apoye a los actores. Está la
interpretación como elemento básico, único en una obra de actores.
Están ellos, sólo ellos.
–¿Cómo le va dirigiendo un teatro como el Lluire?.
–La dirección del Lliure me ha permitido conocer una profesión
alrededor del teatro que desconocía, tan apasionante como la dirección
escénica. Se me pasa el tiempo tan rápido dirigiendo como haciendo la
programación del teatro.
Autores autóctonos
–Parece que hay un decidido apoyo a autores de teatro en catalán.
–Antes siempre escogía el texto que más me gustaba sin plantearme el
origen del autor, pero como director de un teatro público es evidente
que tengo que hacerlo, porque si no apoyo a los autores que tengo a mi
alrededor… Y no hay que hacerlo esperando resultados a corto plazo,
sino para crear un poso que ofrezca frutos el día de mañana. He de
decir que nuestros autores son tan buenos como los de fuera. Puede que
fuera haya títulos mejores, pero no debemos asustarnos si aparece tan
solo uno en todo un año. Yo escogía autores extranjeros y no autóctonos
por la temática y me día cuenta que debíamos establecer un acuerdo con
nuestros autores. Eso es lo que hacemos en el Lliure: encargos sobre
temas acordes con la línea artística del teatro y que lleguen más
fácilmente a los espectadores.
El Lliure y las Ramblas
–¿Cuáles son esos temas?
–En estos momentos, Paco Zarzoso, reflexionando sobre el héroe o el
antihéroe de hoy, ha escrito una pieza maravillosa sobre Georges Bush
junior. O Lluïsa Cunillé ha hecho un texto hiriente, brutal, con dos
personajes sobre el Tercer Mundo, las grandes potencias mundiales y la
Unión Europea. Y Pau Miró, sobre las mafias del Este instaladas en
Europa. Son obras que no tenemos obligación de estrenar si consideramos
que no tienen un determinado nivel, pero lo vamos a hacer. sus textos
están sacados de cosas que pasan en la calle.
–¿Eso significa convertir el Lliure en una especie de las Ramblas?
–Sí, me gustaría. Siempre hemos hablado de buscar temas muy cercanos al
ciudadano. Son textos originados casi por noticias periodísticas. Hacer
un espectáculo por pura arqueología, para ver cómo era el teatro de esa
época, no creo que sea la función del Lliure. Eso no quiere decir que
no hagamos clásicos, siempre que el mensaje que desprendan siga siendo
contemporáneo.
ESTEBAN, Rafael
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