|
Anne Terese de
Keersmaeker “Sigo procesos de creación
casi matemáticos”

Es una de las referencias
más respetadas de la danza contemporánea
europea. La belga Anne Terese de Keersmaeker
lleva más de veinte años bailando con su
compañía Rosas, con la que llega a Andalucía
esta semana. Los días 16 y 17 presenta en el
Alhambra de Granada Bitch’s Brew/Tacoma
Narrows, coreografía inspirada en música de
Miles Davis que se verá los días 19 y 20 en el
Central de Sevilla. En este último teatro habrá
la ocasión extraordinaria de verla bailar, el
día 17, en Once, su famoso solo austero y
exquisito, a ritmo de Joan
Baez.
La danza de De Keersmaeker
tiene fama de rigurosa, sistemática y precisa.
Sus trabajos están estrechamente relacionados
con la estructura de la música y las fórmulas
matemáticas. Su estética austera y exquisita, la
construcción inteligente de sus creaciones, el
vínculo tan estrecho que mantienen con la
música, y su interés por las formas de
organización presentes en la naturaleza, son
algunas otras características. Steve Reich,
Thierry de Mey, John Cage, Schönberg, Berg,
Bartok, Ligeti o Mozart son compositores que le
han inspirado, pero también se interesa por la
relación entre el movimiento, el texto, el cine
y el vídeo.
Rosas da a conocer sus
trabajos en España a partir del año 1983. Ahora
la compañía vuelve a Sevilla con dos programas.
Por un lado, Once, un solo de 70 minutos
interpretado por De Keersmaeker con la voz de la
cantante estadounidense Joan Baez en una serie
de conciertos de los años sesenta, y Bitch´s
Brew/Tacoma Narrows, una pieza que baila la
compañía siguiendo una grabación legendaria de
unas sesiones de improvisación que duraron tres
días realizadas también en los sesenta por Miles
Davis y un grupo selecto de instrumentistas. La
pieza incluye en su vocabulario algunos
elementos del hip hop, el jazz en sus inicios o
la danza africana.
–Once y
Bitch"s Brew/Tacoma Narrows supusieron un
cambio en su manera habitual de acercarse a la
creación. ¿Qué es lo que le hizo optar por
investigar otro proceso? –No supuso una
ruptura con mis trabajos anteriores sino una
evolución. Violin Phase, una parte de
Fase: four movements to the music of Steve
Reich (1982) fue un solo. En 2001 hice un
duo, Small hands (out of the lie of no) y
con Once cerraba el círculo con otro
solo. Era algo que deseaba hacer durante mucho
tiempo. Lo que sí fue nuevo para mí era incluir
la improvisación dentro de la coreografía, como
hice en Bitch´s Brew/Tacoma Narrows,
donde dejamos un espacio para la improvisación
en escena. Los bailarines siempre han tenido un
gran peso en la creación de mis coreografías y
la improvisación tiene un papel muy importante
en mi proceso de trabajo. Es como un especie de
composición instantánea donde se trata de captar
y organizar lo interesante que surge para
incorporarlo en la composición final de la
coreografía. Era hora de darles a los bailarines
esa libertad y una mayor responsabilidad dentro
de la obra. Después de tanto tiempo de trabajar
juntos fue como parte de un proceso natural. Y
también se debía a mi descubrimiento de la
música jazz donde la improvisación es tan
importante. En mi próxima creación trabajaré con
música de la India y también habrá
improvisación.
–¿Cómo se acercó a las
canciones de Joan Baez para crear
Once? – Empecé improvisando, primero
en silencio. Grabamos esas improvisaciones en
vídeo y luego, con la ayuda de una asistente
coreográfica, reconstruimos ese material. Luego
también realicé improvisaciones con la música.
Siempre me ha fascinado la economía de medios de
esta música. La letra de las canciones es muy
importante también. Hay canciones de protesta,
hay canciones que hablan de madres y sus hijos,
de historias entre hombres y mujeres, de grandes
colectivos de gente, hay otras que contienen
referencias históricas, algunas son cómicas. Me
gusta desarrollar diversas estrategias
relacionadas con la música.
Desarrollo coreográfico –¿El
punto de encuentro con estas canciones fue más
bien personal y musical o hubo también una
afinidad filosófica? – Es un disco que tiene
un contenido y una filosofía muy claros. Está
compuesto por grabaciones de diversos conciertos
de Joan Baez realizados en los años 60 y
reflejan claramente lo que ocurría en los
Estados Unidos en ese momento: el movimiento en
pro de los derechos civiles, en contra de la
guerra en Vietnam. Eran acontecimientos que
tenían su eco en el mundo entero y desde esa
perspectiva sigue siendo relevante hoy
día.
–¿Ha cambiado Once desde que
empezó a interpretarlo en 2002? –Ha crecido
mucho. Las piezas siempre crecen cuando se
interpretan muchas veces. Son como niños.
Crecen, maduran y pasan por un proceso de
evolución. La coreografía se ha vuelto más
rigurosa y a la vez tengo una mayor libertad
para comunicarme con el público.
El
arte de improvisar –Ha hablado de la
relación entre la estructura instrumental en las
selecciones de Bitch´s Brew y la manera
en que participan los intérpretes en
escena. –En esas sesiones de grabación en
realidad el proceso era más importante que el
resultado final. En el primer track
percibes como los músicos están buscando una
manera de trabajar juntos. Nosotros trabajamos
con unos doce o trece bailarines en una
combinación de danza estructurada e
improvisación que se inspiró en ese proceso.
Miles tenía las agallas suficientes para abrirse
a los músicos jóvenes influyentes en esa época,
gente como Jimi Hendrix, Sly Stone, James Brown,
la música funk. Le fascinaron cantantes como
Billy Holiday o Frank Sinatra.
–¿En algún
momento sus bailarines le sorprendieron con el
material que generaron durante estas
improvisaciones en escena? –Sí, hay algunos
bailarines en la compañía que son maravillosos a
la hora de improvisar. Esa capacidad es un don.
No todos los buenos bailarines son buenos a la
hora de improvisar. Y también se trata de Rosas.
Llevamos veinte años trabajando una organización
muy estratégica del tiempo y del espacio con
procesos casi matemáticos. Parecía que en ese
momento sentíamos la necesidad de esa sensación
de libertad para mejorar la calidad de la
interpretación y la
composición.
Programa de estudios
–¿Llegó a influir en obras que se realizaron
posteriormente? –Hay cosas que puedes hacer
en una composición que no puedes conseguir con
la improvisación, y viceversa. Ambas son muy
enriquecedoras. También hay una gran tradición
detrás, tanto Bach como Mozart fueron grandes
improvisadores.
–¿Qué influencia tiene
P.A.R.T.S. en los bailarines? –La
experiencia con P.A.R.T.S. ha sido muy intensa y
ha cambiado el proceso de trabajo de la
compañía. La mayor parte de los alumnos en la
escuela ni habían nacido cuando empecé a
trabajar. Intentamos crear un programa de
estudios que incluye lo que a mí me interesa
como coreógrafa y como espectadora, darles a los
alumnos la oportunidad de compartir experiencias
tanto en el plano corporal como intelectual, de
combinar la tradición del ballet con la
tradición de la danza postmoderna, fomentar un
interés en otras disciplinas artísticas. Ahora
ha salido una generación que está forjando su
propio camino con unos enfoques muy
diversos.
Anne Terese de
Keersmaeker Graduada por la renombrada
escuela Mudra de Béjart que tanto influyó en una
generación de coreógrafos y bailarines europeos,
De Keersmaeker residió después en Nueva York en
la etapa de pleno fulgor de la danza postmoderna
estadounidense; luego volvió a su Bélgica natal
y fundó en 1983 su compañía Rosas. Diez años
después se estableció en residencia en el Teatro
de la Monnaie de Bruselas, donde en 1995 creó
P.A.R.T.S. (Estudios para la Preparación e
Investigación de las Artes Escénicas).
KUMIN,
Laura |