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Antonio Gala “He estado "condenado" al teatro
comercial”

El 7 de mayo se estrena en el María
Guerrero Los verdes campos del Edén, obra
de juventud de Antonio Gala y cuya primera puesta
en escena tuvo lugar en este mismo teatro hace
cuarenta años. Este reconocimiento que le rinde el
Centro Dramático Nacional a uno de nuestros
autores vivos más taquilleros ha sido dirigida por
el cineasta Antonio Mercero.
Una cita de O’Neill – “Dicen
que existe la paz en los verdes campos del Edén.
Habrá que morirse para averiguarlo”– encabeza este
texto entre fantástico, humorístico, poético y
costumbrista que ya anticipa personajes y temas de
Gala. La obra transcurre en el panteón de un
cementerio en el que se ha instalado a vivir Juan
(Joan Crosas) cuando ha decidido volver a su
pueblo.
–¿Es Los verdes campos... la
obra de la que se siente más orgulloso? –No es
una cuestión de orgullo ni de nada semejante. No
es ni siquiera cuestión de no haber estrenado más
que una vez y media en los teatros nacionales.
(Las razones fueron que Joaquín Calvo Sotelo
retiró en pleno éxito Los verdes campos
para estrenar El proceso del arzobispo
Carranza, y que mi El sol en el
hormiguero fue quitada por Fraga de cartel a
los 15 días: los estudiantes ponían vivas a
Gulliver –mi protagonista– en la Ciudad
Universitaria.) Es cuestión de conmemorar, después
de 40 años, aquel estreno y en el mismo teatro. Se
trata de una obra que amo por razones
extraliterarias.
–Con esta obra ganó en
1963 el premio Calderón, lo que le abrió las
puertas del teatro. ¿Tan importante era entonces
ganar un premio? –Desconfío de los premios. Al
Calderón me presentaron Paca Aguirre y Félix
Grande imitando mi firma. Yo no supe que se me
había otorgado hasta unos días después: estaba
haciendo una cura de sueño porque me había quedado
muy débil después de la muerte de mi padre… Y ni
entonces ni ahora me parece que sea trascendental
un premio: yo tengo no menos de 400 y no he
conocido grandes cambios en mi vida. A ese
Calderón le agradezco haber incorporado a mi vida
a José Luis Alonso, el mejor director de entonces
y de luego.
–¿Ha colaborado con Mercero?
¿Le gusta supervisar los ensayos? – Depende.
Algunos sí; otros, me han aburrido. En estos he
estado convaleciendo de una operación bastante
grave. Estuve en contacto con Mercero y atendí su
petición de leer la obra a la compañía: eso sí me
hace gracia y sospecho que es muy útil. Siempre
que se haga bien. Mercero me propuso hacer una
doble función diaria: la compañía por las tardes,
y yo solo por la noche.
–En sus obras
siempre habla de amor. ¿Radica en ello su
éxito? –El amor y la muerte son los eternos y
únicos temas. Respecto al éxito, cualquier fórmula
falla. Si no, estarían todos los alevines
escribiendo de amor. Este sentimiento lo envuelve
todo.
Estrenar sandeces –Se han
oído voces que dicen que usted es un autor
comercial para un teatro público. ¿Debe Gala
condenarse al teatro comercial? – He estado
“condenado” (no me parece una expresión acertada)
al teatro comercial. Dando la cara, sin
protecciones de unos ni de otros. Por eso se me
rinde este pequeño honor de reestrenar en un
teatro público. Y, por cierto, a los públicos los
pagamos todos: no sé por qué nos vamos a privar de
los éxitos. Se corre el riesgo de estrenar tales
sandeces que echan a la gente del
teatro.
–¿Cómo explica la escasa presencia
de los dramaturgos actuales en los teatros? –No
lo explico de ninguna manera. Ni siquiera creo que
yo sea todavía un dramaturgo “actual”. Quizá no
vuelva a escribir teatro, no lo sé. Pero sí sé que
el teatro es un hábitat cultural y el más
compartido de los artes. Si desaparece, estaremos
perdidos.
–¿La novela le ha permitido
disfrutar de una mayor difusión que si se hubiera
dedicado sólo al teatro? –Cuando yo llegué a la
novela fue en el 90: era muy conocido por el
público del teatro. El de la novela sólo coincide
tangencialmente con él. Y, en general, era
conocido por haber escrito dos series de
televisión.
–¿Con qué objetivos creó la
Fundación Gala? –Funciona desde hace dos años,
en Córdoba, en un convento del siglo XVII
maravilloso. Es para jóvenes creadores: de 18 a 25
años, cuando la vida es más permeable y más ávida.
Ella es mi mejor obra y la que más jugosos éxitos
me ha dado.
PERALES,
Liz |