Recortes



ARGENTINA. BALANCE DE UN AÑO CARACTERIZADO POR LA CANTIDAD Y LA INMENSA VARIEDAD. Enviado por el CELCIT. (09/03/05)

Señales de una escena que se mantiene viva.

En 2004 se repusieron obras y hubo, también, estrenos. Estuvieron los consagrados, los nuevos y los que viven afuera. Uno de los sellos fue el registro de lo social.   

Quizá como nunca antes en los últimos años, elaborar un balance sobre el teatro de Buenos Aires resulta una tarea abrumadora. Hablar hoy de teatro convencional o de nuevas tendencias es fastidioso y ridículo. Se vive en rápida transformación, y lo que parece nuevo se torna viejo al poco tiempo. A los devotos de los números, algo les dirá que en el 2004 haya habido hasta cuarenta estrenos en un mes. Y esto sin contar la variedad de ciclos (incluidos proyectos con otros países, como La noticia del día) que, bajo un mismo título, albergaban numerosas obras breves en el formato semimontado.

Se hubiera necesitado un equipo de especialistas para apreciar todos estos trabajos, y un extremo interés de los editores periodísticos para darles difusión. De modo que esta nota y la producción que la acompaña son apenas una señal de que el teatro se mantiene vivo, más allá de sus más y sus menos, de las opiniones coyunturales y de las críticas desmemoriadas. En principio, y salvo excepciones, el teatro se mostró sensible a un entorno social precario e incierto para las mayorías. El hecho de indagar en las fisuras de una realidad hostil generó obras en las que el estancamiento del individuo, la falta de trabajo y de proyectos fueron temas recurrentes, tanto en piezas de autores argentinos como en versiones de textos extranjeros (del rumano Matei Visniec, por ejemplo, en Se busca un payaso, dirigida por Ana Alvarado y donde sobresalió el actor Claudio Martínez Bel). La reflexión sobre el pasado (personal y social) propició ciclos como Proyecto Historia (s), donde confluyeron varias disciplinas artísticas. Una de sus expresiones fue una cantata sobre el asesinato del reportero gráfico José Luis Cabezas.

Siempre tan cómplices en la Argentina, la historia y la violencia unidas motivaron espectáculos sobre algunas controvertidas figuras y sobre la polaridad de idearios o intereses. La parálisis de un país que sin autocrítica de ningún tipo adhiere inmediatamente al bando de los que están a favor o al de los que se oponen se vio reflejada en parte en El siglo de oro del peronismo (sobre textos de Pedro Calderón de la Barca, Marcelo Bertuccio y Rubén Szuchmacher). Dentro de esta tesitura social, histórica y cotidiana, se vio una interesante adaptación de Las de Barranco (escrita en 1908), la pieza más lograda de Gregorio de Laferrère, dirigida por Oscar Barney Finn y protagonizada por Alicia Berdaxagar, quien concretó aquí un admirable trabajo, como lo fue el de Elena Tasisto, en una obra sobre otra tierra arrasada: En casa/en Kabul. Otras piezas de autores y autoras contemporáneos, la mayoría muy jóvenes, retrataron la cotidianidad de modo poético y metafórico, o con humor y sin despreciar los lugares comunes. La sociedad argentina cobija a personajes siniestros, ahora y desde siempre. Esta idiosincrasia adoptó formas diferentes en Valhala (sobre una familia de ideología nazi que se resguarda en una isla del Tigre) y Paternoster, reestreno de una pieza de 1972 que refleja el carácter fascista de una sociedad que convierte al que resiste en enemigo. En ese terreno de víctimas y victimarios se hallan los aniquilados por una sociedad indiferente. Se vieron obras como Rancho (una historia aparte) y la sobresaliente El sabor de la derrota, por el grupo La Bohemia, con su inquietante humor negro.

La temporada se inició con ciclos que aspiraban a unir territorios, como el organizado por el Club de Autores (De La Quiaca a Ushuaia) y los de intercambio con otros países latinoamericanos y europeos. De estos últimos, básicamente Francia, España y Alemania. Abundaron las reposiciones de obras premiadas (El pánico, La madonnita, El camino a la Meca, La muerte de Marguerite Duras, Mi querida, La estupidez...) y las referidas a las relaciones amorosas, como Pequeños crímenes conyugales, Emma Bovary (un minucioso trabajo de adaptación y puesta de Ana María Bovo) y Pedir demasiado. Ambiciosa fue la puesta de El resucitado, traslación escénica de un relato de Emile Zola, con Lorenzo Quinteros y Daniel Zaballa, dirigidos por Roberto Villanueva.

Personalidades carismáticas dieron relieve al circuito comercial: el actor Alfredo Alcón a El gran regreso, y Norma Aleandro a una reposición de La señorita de Tacna. Nunca extemporáneos, William Shakespeare, Bertolt Brecht y Antón Chéjov inspiraron montajes que no se convirtieron necesariamente en hallazgos escénicos. Entre otros títulos, y con enfoques muy distintos, se ofrecieron Shakespeare comprimido (un compilado de humor), Dynamo Hamlet, de Gabriel Morales Lema, quien integra a su grupo a habitantes de la Villa 31 de Retiro, y Hamlet, de William Shakespeare (sic), de Luis Cano, una propuesta inquietante, sobre todo desde lo visual, con destacada actuación de Guillermo Angelelli y puesta y dirección de Emilio García Wehbi. En La señora Macbeth, de Griselda Gambaro (con protagónico de Cristina Banegas y dirección de Pompeyo Audivert), se vio a una Macbeth en estado de delirio, destruida por los crímenes de su esposo y por la propia complicidad. El discurso de esta señora es el del político o poderoso que miente. El texto de esta autora anticipa la furia de quienes habrán de impedir lo que Gambaro denomina crímenes felices, generados en una sociedad que acepta y premia la impunidad. Otro grande, el ruso Antón Chéjov, inspiró una dramaturgia atrapante: El hombre que se ahoga (de Daniel Veronese), donde los roles femeninos son interpretados por varones y viceversa. Esta conversión produce un extrañamiento que rescata a los personajes del estereotipo chejoviano forjado en innumerables puestas clásicas y trabajos de taller actoral. Este procedimiento profundiza un efecto patético subyacente en la pieza: pone en bocas masculinas ciertos malestares y opiniones comúnmente adjudicados a las mujeres, dotando al mismo tiempo a éstas de un vigor o un escepticismo metafísico claramente masculinos.

2004 fue también el año de un autor áspero, el polaco Witold Gombrowicz, quien vivió varios años en la Argentina y opinó de forma contundente sobre el país. En el centenario de su nacimiento se estrenaron Opereta, un musical de 1958, dirigido por Adrián Blanco, y una versión sobre su novela La pornografía. A los espectáculos de humor, entre otros los del ciclo La risa en La Boca, un recuento de obras ya estrenadas del grupo Los Macocos, se sumaron el teatro de calle (profesional y comunitario), el varieté y el cómico al estilo stand up. Los dos últimos se apropiaron de los horarios nocturnos compitiendo con los matches de improvisación. Un singular trabajo con alardes de género fantástico fue ¿Estás ahí?, de Javier Daulte, con extraordinarias actuaciones de Gloria Carrá y Héctor Díaz. Otras piezas destacables fueron Donde el viento hace buñuelos (sobre la soledad y el exilio), dirigida por Carlos Ianni; Olivos, delirante pintura sobre un encuentro inusual en un prostíbulo de ruta; y El castillo de Kafka (con adaptación y dirección de Miguel Guerberof), un espectáculo impregnado de erotismo, nunca procaz. Encuadrado en intimidades, se ofreció Divagaciones, donde el personaje protagónico es la escritora Silvina Ocampo, dialogando consigo misma. Otras fueron las dimensiones de La hija del aire, con actuación de la española Blanca Portillo, puesta de Jorge Lavelli y escenografía de Agostino Pace, uno de los montajes más espectaculares de 2004, que si bien no produjo esas rupturas tan buscadas por los creadores más inquietos derivó en situaciones insólitas y actuaciones sorprendentes.

HOMBRES Y MUJERES DEL TEATRO ARGENTINO. La propia palabra de los hacedores 

- En los dos últimos años no ha habido espectáculos que rompieran los moldes de lo habitual, y esto habla de una crisis que el teatro argentino intenta disimular produciendo en cantidad, a costa de calidad. El último estreno de importancia, por su radicalidad, nueva perspectiva y corrimiento de los moldes fue El adolescente, de Federico León. Desde entonces, el monstruo (o Leviatán) no ha vuelto por las tablas porteñas... una lástima. (Emilio García Wehbi, actor, director y dramaturgista.)

- Hoy es mayor la brecha entre el teatro oficial y el comercial en relación con el enrolado en la búsqueda de un lenguaje propio, porque es fuera de esos circuitos donde existe mayor creatividad y experimentación. Un ejemplo es Ars higiénica, espectáculo de La Fronda, que dirige Ciro Zorzoli. La gente sale movilizada. En cambio, después de ver una propuesta tan explícita y poco audaz, como En casa/en Kabul, la gente sale sin utilizar su imaginación. El teatro es mucho más que buenos actores, que un buen iluminador y una buena escenografía. El teatro debería tender a comprometer y modificar al espectador, provocándolo. (Miguel Guerberof, actor y director.)

- Sostengo la idea de que la Argentina es un país sin historia, y por lo tanto sin memoria histórica. Para que haya historia debe haber antes un cierre. Y en la Argentina eso no ocurre. Todo queda abierto: rosistas y sarmientistas (y peronistas y antiperonistas) chocan todavía hoy con furia. Esta falta de cierre aparece en mi puesta de El siglo de oro del peronismo. (Rubén Szuchmacher, actor, director, régisseur y músico.)

- Existe hoy una tensión entre los que se preocupan por dar cuenta de la historia o la política y los que prefieren otras estéticas, y las defienden en nombre de la bandera de la autonomía o la experimentación. Es una polaridad, desde mi punto de vista, bastante estéril, un parteaguas además engañoso y distorsionado, como lo fue Boedo versus Florida, en los años treinta. (Ana Longoni, autora de los textos poéticos de La Chira, espectáculo dirigido por Ana Alvarado.)

- La nuestra es una cultura que sojuzga. Por eso me interesó tomar un modelo extremo para mostrar que hay distintas maneras de someter al más débil. Pero no porque alguien lo sea esencialmente, sino porque está ubicado en un lugar de debilidad por la estructura del poder, que no permite el acceso a la información ni a la salud. Se puede entrar y salir libremente del país, pero si no se tiene los medios es lo mismo que si no se pudiera. (Mónica Viñao, autora y directora de De todas las noches.)

- He trabajado con muchos creadores argentinos en los últimos años, en talleres, puestas en escena y seminarios. Hasta charlando tranquilamente delante de un asado he aprendido. La experiencia argentina me ha ayudado, más que otras, a la hora de evolucionar mi pensamiento escénico. (Guillermo Heras, autor, dramaturgista y director español. Participó como autor del ciclo La noticia del día.)

- Leí 260 obras de Teatro por la Identidad de las que sólo fueron elegidas 12, y en esa oportunidad advertí lo difícil que es llevar una historia al teatro. Reconozco el valor de tanta gente que se ha volcado a la dramaturgia, tantos autores nuevos que escriben humedecidos por la realidad del país. (Osvaldo Santoro, protagonista de La prueba, de David Auburn, otro estreno de 2004.)

- El teatro porteño tiene un componente de búsqueda genuina muy grande, hay un impulso creativo que no intenta cumplir con la expectativa de “lo que hay que hacer”. Si tuviera que generalizar, no diría que hay esnobismos teatrales aquí. En Europa, en cambio, sí. Hay un teatro lleno de recursos pero muy vacío. Y si una propuesta pega, después hay otras 40 que son iguales. Esto no pasa acá. (Soledad Villamil, actriz de Matar el pensamiento, de Federico Olivera.)

- Mi percepción es que ha sido una temporada muy interesante, en la que el teatro alternativo ha trabajado con mucho público. Quiero destacar dos espectáculos: Mina... che cosa sei, una comedia musical hecha por gente muy talentosa, desde los actores hasta la dirección y realización, y Un hombre que se ahoga, de Daniel Veronese, un delicado y encantador ejercicio teatral. Una joya. (Inés Saavedra, actriz y directora. Estrenó Divagaciones, sobre textos de Silvina Ocampo.)

EL TEATRO COMUNITARIO.  El teatro no sólo se concreta en salas del off y en teatros oficiales o comerciales. Otro prospera como forma de expresión comunitaria en lugares castigados por la exclusión social. Un ejemplo es Crear vale la pena, la fundación que lidera la bailarina Inés Sanguinetti. El teatro está vivo en los centros culturales de los barrios de La Cava, San Roque y Boulogne. En Puertas al Arte (en La Cava), un grupo de mujeres (Las innombrables) ofrece ensayos abiertos en los que desarrollan temáticas cotidianas.

POR LA IDENTIDAD. Impulsado por Abuelas de Plaza de Mayo, y con apoyo de entidades de derechos humanos, actores, autores, directores, técnicos de escena y dueños de salas, Teatro por la Identidad cumplió este año un nuevo ciclo de obras referidas, muy libremente, a la identidad y el drama de los chicos apropiados y desaparecidos durante la última dictadura militar. La novedad es que algunas de estas piezas breves fueron estrenadas, ampliando el circuito, en Madrid y por artistas españoles y argentinos. La razón de este trabajo es que se tienen datos de que en España se encontrarían residiendo jóvenes argentinos con la identidad adulterada. El ciclo fue inaugurado por la presidenta de Abuelas, Estela B. de Carlotto, y coordinado por el actor Manuel Callau. Participaron, entre otros famosos, José Sacristán y Aitana Sánchez Gijón.

VISITANTES ILUSTRES. Un grupo importante de artistas argentinos residentes en Francia participó con obras de diferente formato y estilo. La actriz Marilú Marini concretó un excelente trabajo en su adaptación de Oh!, los días felices, que había presentado en francés en la temporada 2003, y en Incrustations, dentro del Festival Tintas frescas en Buenos Aires, donde compartió la función de estreno con Jorge Luz, invitado a componer el papel destinado a Alfredo Arias, director de esta puesta. Arias, por su lado, actuó y dirigió Kavafis. Los tres círculos del exilio en el Centro de Experimentación del Colón. Marcial Di Fonzo Bo fue protagonista de Eva Perón, de Copi, vista en el mismo Tintas... a posteriori de otra puesta de Gabo Correa, interpretada, entre otros, por la excelente Alejandra Flechner. El Kikinteatro, de Bolivia, dirigido por Diego Aramburo, trajo tres espectáculos. Uno de ellos fue el destacado 4.48 Psicosis, sobre Sarah Kane.

OPINIÓN. La vitalidad desordenada, por Griselda Gambaro

Me alegró ver en la cartelera obras escritas o dirigidas por Kartun, Veronese, Bovo, Muscari,Villanueva, Alvarado, Szuchmacher..., todos con propuestas muy diferentes y todos contribuyendo a la vitalidad desordenada del teatro argentino. Me parece que particularmente este año hubo además una eclosión de actrices talentosas como Verónica Piaggio, Julieta Díaz, Mariela Castro Balboa... Algunos critican la cantidad de estrenos semanales, que exceden la capacidad del espectador, y que muchas veces son experiencias que se hacen públicas sin estar del todo afiatadas, pero esto entra en el juego del teatro, que permite variantes muy pronunciadas dentro de lo bueno, lo malo, el deseo de “estar” y la práctica que revela bondades o insuficiencias. Pero todo sirve y el tiempo dirá. En cuanto a mi propia actividad fue personalmente satisfactoria. El estreno de La señora Macbeth, con la deslumbrante presencia de Cristina Banegas, tuvo excelente repercusión. Lo mismo sucedió con Pedir demasiado, con dos magníficos intérpretes, Horacio Peña e Ingrid Pelicori, y una dirección de Alicia Zanca, que entendió perfectamente “de qué se trataba” . Además siguió en cartel Mi querida, . En resumen, creo que en términos generales, y no sólo en lo que a mí me concierne, fue un buen año para el teatro argentino, también porque hay creadores que siguen trabajando en silencio como Ricardo Bartís o como Helena Tritek, cuyo espectáculo sobre Jorge Trakl pasó casi en secreto.

OPINION. Teatro nuevo, viejo teatro, por Osvaldo Pellettieri

Como en los años treinta, sesenta, noventa, nuevamente hoy se habla de la utopía del teatro nuevo. Si observamos el presente año teatral cuesta encontrar, brillan por su ausencia las novedades. Salvo algún espectáculo actual (¿Estás ahí?, de Javier Daulte), pero ya “regularizado” con relación al teatro dominante del tipo de La señora Macbeth, el resto resulta convencional, y esto no implica agresión para ese tipo de teatro. Todos sabemos que la denominación de teatro nuevo no se ajusta a la realidad o, por lo menos, no totalmente, ya que el teatro nuevo se hace también con el teatro viejo. Estamos de acuerdo en que en nuestra escena hubo y hay intentos de ruptura con el pasado, pero todavía no se concretó totalmente ninguna, ni siquiera en los tiempos cuando irrumpió el teatro independiente. La historia se nutre de cambios y continuidades y el actual es un momento importante dentro de nuestra evolución teatral si pensamos que el presente no es puntual, tiene un espesor. Hay, por otro lado, una serie de hechos y apariciones saludables en el teatro de los últimos quince años: surgieron teatristas como Veronese, Spregelburd, Daulte, León, Audivert, Analía Couceyro, Alejandro Catalán y especialmente Ricardo Bartís, y sobre todo, a partir de la última crisis del país, se ha respondido con el hacer y la actitud de resistencia. 

OPINION. En busca del público, por Roberto Cossa

Diría que éste fue un año más en la consolidación de esa tendencia surgida en el teatro, orientada por los más jóvenes. Se trata de un teatro de arte que, a diferencia del teatro independiente, no se da en el seno de una sala o un grupo, porque modifica todo el tiempo su estructura. Y se plantea, además, la necesidad de ganar dinero. Me parece que se está rompiendo el encapsulamiento del teatro hermético y elitista. Las obras de Spregelburd y Daulte son para todo público, y esto tiene que ver con la idea de que las obras vuelvan a contar historias. De otro modo, el teatro corre el riesgo de confundirse con una exposición de pinturas. Aunque éste es un arte que no será nunca popular y hay condiciones sociales y económicas que nos superan, hay que encontrar estrategias para llegar a una mayor cantidad de público.

Página 12. 24 de diciembre de 2004. Por Hilda Cabrera y Cecilia Hopkins.

El CELCIT en Internet
Toda la información sobre las actividades de la institución, todas nuestras publicaciones -que podés bajar sin cargo alguno-, convocatorias a premios, becas, concursos, festivales, etc. en: www.celcit.org.ar. Suscribite allí a nuestro boletín digital El CELCIT en acción.

Remiendo Teatro
c/ Carpa 6 (bajo) - 18015 Granada
Telf/fax: 958 278785 - 630 613593
Correo electrónico: info@remiendoteatro.com

© Remiendo Teatro/D. Pueyos