Su teatro aspira a cambiar
la sociedad, por eso la libertad se ha
convertido en el epicentro de todas sus obras.
Miller es el gran trágico, el cantor de las
miserias humanas, de las injusticias sociales,
pero también concede un atisbo de esperanza a la
capacidad de elegir. Es el último bastión del
teatro americano. El último comprometido.
Miller nació el 17 de
octubre de 1915 en Nueva York, ciudad a la que
emigraron sus padres vieneses –su progenitor,
Isidore Miller, era judío– que llegaron al nuevo
mundo en busca de nuevas oportunidades. El
negocio familiar quiebra y los Miller se
traslada a Brooklin, donde el joven Arthur se
gradúa en la Abraham Lincoln High School y
empieza a trabajar en una radio local y como
empleado de un parking. Su temprana vocación por
la escritura marca sus elecciones académicas, y
eso le condujo a la Universidad de Michigan,
donde compaginaba sus estudios de periodismo con
el trabajo de editor de noche en el “Michigan
Daily”. Las labores de redacción no satisfacen
el apetito creativo de Miller, quien se lanza a
la escritura de su primera obra, “No villain”.
Termina la pieza en tan sólo 6 días y consigue
el Hopwood Award in Drama.
Pendiente de la
realidad A los 28 años estrena la comedia
“Un hombre con suerte”, primera de sus obras
representadas y que significa el despegue de su
actividad teatral: a partir de entonces se
impone un ritmo de escritura de una obra al año,
incluyendo alguna colaboración con amigos como
Norman Rosten en “Listen my Children” y más de
una decena de obras para la radio (entre ellas
“Columbia Workshop”, “Captain Paul”). En 1940
contrae matrimonio con Grace Slattery. Miller no
se limita al género teatral, y decide probar con
la narrativa: el resultado es “Foco”, publicada
en 1945. Ya desde sus comienzos, Influido por
Ibsen, Miller muestra su preocupación por la
sociedad que le rodea y su problemática,
preocupaciones que plasmará, al término de la
Segunda Guerra Mundial, en “Todos eran mis
hijos” (1947), donde aborda la actividad de los
que se aprovechan de la guerra. El montaje se
convierte en un éxito, permaneciendo un año en
cartelera, y en obra de referencia de toda su
producción. Un año más tarde recibe el Premio de
la Crítica de Nueva York. La década de los
cuarenta no termina sin otro éxito, en esta
ocasión, el que le colocará en la privilegiada
galería de la historia del teatro americano
contemporáneo: “Muerte de un viajante” en 1949,
por la que recibe un premio Pulitzer y el de la
crítica neoyorquina, siendo una de las obras más
representadas dentro y fuera de los Estados
Unidos.
Perseguido por la Caza
de Bruja En la década de los cincuenta
sufre la persecución de la caza
de brujas llevada a cabo por el
senador McCarthy. Sufrió las investigaciones
y condenas del Comité de Actividades
Antiamericanas, y fue uno de los
pocos que se acogió al silencio
para lo que adujo la protección
constitucional y se enfrentó a las
acusaciones del Comité, lo que le
valió diversas condenas. Esta realidad
le inspira la obra “Las brujas de
Salem” (1953), considerada una de
las mejores del teatro norteamericano
y en la que el autor rememora escenas
de interrogatorios. La obra se llevó
al cine en la década de los 90,
protagonizada por Daniel Day-Lewis
y con un guión adaptado por el propio
Miller. Tras la escritura de “Recuerdo
de dos lunes” (1955) llega “Panorama
desde el puente” (1956), una de
sus obras más representadas y nuevamente
inspirada en la realidad, en este
caso, en la problemática de la innmigración.
Ese mismo año contrae matrimonio
con Marilyn Monroe, que protagoniza
la película “The Misfists” (“Los
marginados”), cuyo guión escribió
el dramaturgo. Marilyn muere en
1962, al poco de separarse del Miller
–que contrae matrimonio con la fotógrafa
Ingebord Morat–. Dos años más tarde,
el dramaturgo se inspira en la vida
de su ex mujer para crear “Después
de la caída”. En la década de los
80 Miller permanece en silencio
–visita España en 1988 para presentar
sus memorias “Vueltas al tiempo”–,
pero recupera su voz dramática en
los 90 con “El viaje a las Montañas
de Morgan” (1991). Le siguen las
obras “The Price” (1992) y “The
last Yankee” (1993). En España,
la directora Pilar Miró estrena
la obra “Cristales rotos”. En nuestro
país ha impartido varios seminarios.
Arthur Miller es de los pocos dramaturgos
que tienen el Premio Príncipe de
Asturias de las letras, que se le
otorgó en el 2002. Además ha logrado,
entre otros, el Premio Nacional
de Teatro en 1938, la Medalla de
Oro de las Artes y las Letras en
1959 y el Premio Angloamericano
de teatro en 1966.