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| ARGENTINA. TEATRO: ENTREVISTA CON BLANCA PORTILLO.
Enviado por el CELCIT.
(09/03/05) "Venir aquí fue una opción de vida". La actriz española está en la Argentina para actuar en "La hija del aire", de Calderón de la Barca, dirigida por Jorge Lavelli. Dejó en España una serie televisiva de gran éxito para trabajar en el Teatro San Martín. Había estado sólo una vez en la Argentina, hace exactamente veinte años. Desde entonces no había vuelto a este país. Ahora, desde hace poco más de dos meses, vive en un departamento de Libertad y Posadas, y ensaya La hija del aire, de su coterráneo Pedro Calderón de la Barca (1600-1681), con dirección de Jorge Lavelli. En los ratos libres, que no son muchos, pasea por una ciudad que la tiene fascinada: Buenos Aires. Y no se priva de su postre favorito: los panqueques con dulce de leche. La actriz española Blanca Portillo (41) tenía guardadas imágenes de la calle Corrientes y la encuentra algo más vieja y con nuevos encantos por descubrir. Aquella primera vez que estuvo en la Argentina, en 1984, actuaba en Bodas de sangre y en el marco de una gira, llegó a la sala Martín Coronado del teatro San Martín. Apenas veinte años después, vuelve a actuar en esa misma sala. Le divierte recorrer los pasillos del teatro y conocer cada rincón. "Todo teatro que se precie de tal, debe tener un fantasma", bromea mientras espía tras las puertas por si apareciera alguno de verdad y se permite sospechar que podría ser ella misma un fantasma. "La idea de trabajar aquí me apetecía mucho, desde hace tiempo. Buenos Aires es uno de esos sitios que uno tiene como referencia teatral", dice. ¿Qué te atrae de Buenos Aires? Creo que aquí se hace un teatro muy interesante, que hay actores buenísimos y un nivel cultural muy alto. Aún en circunstancias críticas, la gente tiene unas ganas increíbles de hacer cosas y contar a través del teatro lo que está pasando. Me tiene maravillada que en Buenos Aires tienes una sala cada cinco centímetros de la calle. Y además, hay un montón de actores amigos que conozco en España que son de aquí y que para mí son referentes. Federico Luppi, Miguel Angel Solá y Héctor Alterio son algunos de los nombres que enumera. Para venirse a esta ciudad, dejó en España no sólo a sus buenos amigos, sino también unos cuantos proyectos de trabajo. Desde hace cinco años y medio, y hasta hace muy poco, Blanca actuaba en la sitcom Siete vidas, pionera en España y líder de audiencia. "Llevaba haciéndola desde el capítulo uno, con continuidad absoluta. Dejar esa serie ha sido un shock, para el público y para mí. Pero venir aquí fue una opción de vida". En Siete vidas, que se graba con público y sale por Tele 5 en horario central, componía a una treintañera. "Una chica independiente, soltera y con un hijo. Las chicas jóvenes tienen que saber que aunque no se casen o no tengan un novio rico, no pasa nada. En esa serie hay una chica que es lesbiana y quiere adoptar un hijo. Son personajes que rompen con los moldes", cuenta. Ella también quiso romper con los esquemas. Y lo hizo a su manera. "No me he casado y no tengo hijos. Nunca he sentido la necesidad de tener una familia normal. El teatro es mi pasión, mi vida y no lo cambio por nada. Soy solitaria; vivo sola a pesar de estar en pareja". Actualmente tiene un novio argentino, radicado desde hace veinticinco años en España, que vendrá ahora a verla. La madrileña y aporteñada Blanca convida unos mates amargos mientras charla. Asegura que no dudó ni medio segundo venir a este país, aunque para ello haya tenido que resignar, tal vez, demasiado. "He tenido que dejar un programa de máxima audiencia, abandonar una puesta que estaba produciendo y otro montón de cosas, pero no me duele ni nada". La convocatoria de Lavelli estaba primero. "Hacer La hija del aire es un sueño cumplido, una promesa, una venganza", explica. Tienen deseos de llevarla luego a España, "para mayor gloria y mayor dolor de quienes no quisieron que se hiciera para el Cuarto Centenario del nacimiento de Calderón". Sus palabras, cargadas de bronca, tiene un porqué. "En el 2000, la compañía de Teatro Clásico Español llamó a Lavelli para que dirigiera un Calderón. El propuso La hija del aire y la iba a hacer conmigo, pero el proyecto se abortó. Y yo le juré a Jorge que algún día lo haríamos". ¿Por qué no se hizo entonces? Por la envidia de directores españoles inseguros, que no querían que en un año tan importante como el año Calderón, alguien de afuera los eclipsara. Sin dudas, la de Lavelli iba a ser la mejor puesta de la temporada. ¿Vas a reincorporarte a la serie de TV cuando vuelvas? No sé, creo que después de estar aquí estos seis meses que estaré, va a cambiar mi vida. Ya me la ha cambiado. Esto es un listón muy alto para mí, es un ejercicio de virtuosismo actoral del que no quiero bajar. Y volver a la televisión a hacer lo que hacía, después de distanciarme tanto tiempo, no sé si es lo mejor. La puerta grande se la abrió Lavelli, a quien conoció hace ocho años, cuando la dirigió en Madrid, en Eslavos, de Tony Kushner. "Fue uno de los trabajos más bonitos que hice. Si no es el más grande, es uno de los más grandes directores del mundo", define Blanca, quien está viviendo su estadía en Buenos Aires como algo especial. "Estoy lejos de mi mundo habitual, de mis afectos. He venido sola, sin muletas, sin la carrera que ya tengo detrás. En España todo el mundo me conoce". ¿Y acá? Aquí nadie saben quién soy. Hice películas, pero no soy una chica Almodóvar. La sensación de ir por la calle y que nadie sepa quién eres, es rara. Antes de La hija del aire había hecho un solo Calderón, No hay burlas con el amor. "Me gusta mucho Calderón. Junto con Shakespeare es lo más grande que ha dado la historia de la literatura". ¿Qué te gusta de La hija del aire? Que no aparece el fantasma de la religión, que es un monotema en Calderón. Tampoco el honor, que también es un karma españolísimo. Ni está la imagen del rey como alguien intocable. Los tres son elementos que suelen estar en toda la obra de Calderón. Y aquí no. El poder está en manos de una mujer, cosa bastante extraña. Me interesa cómo aborda el tema de la ambición, metiéndose en los oscuros pasadizos que conducen al poder. Muestra cómo dos segundos después de estar en la cresta de la ola, puedes caer en lo más profundo. Esa mujer que menciona es Semíramis. "Una mujer más tirana que si fuese un hombre. Tiene su lado femenino amordazado, para poder ser temible. Es abominable, pero es fascinante". Quien la compone es ella misma; y también se pone en la piel del hijo de Semíramis. "Yo no hecho nada tan difícil en mi vida", asegura. Semíramis es la hija de un hombre y de una diosa, "por lo tanto, ya el personaje me hace entrar en una dimensión que no conozco. Y después, al interpretar al hijo, tengo que ponerme en la piel de alguien que no ha termina do de crecer. Además, Jorge plantea un trabajo muy físico, energético, llevado al límite". El teatro es la razón de su vida y asume un compromiso al elegirlo. "El teatro es un gran espejo para que el ser humano se mire, se analice y se modifique. Mi objetivo es mover corazones y conciencias". Por eso dice lo que siente y lo que piensa, contra viento y marea. ¿Fuiste muy crítica del gobierno de Aznar? No voy a desmentirte eso... Yo detestaba profundamente la política del Partido Popular en España. Me parece que han sido ocho terribles años de lavar conciencias, que por suerte terminaron con una ciudadanía en la calle diciéndole que se marchara. Yo no me he callado nunca y creo que no debemos callarnos nunca. María Ana Rago. Clarín. 25 de agosto de 2004 El
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