Ante
los ojos del mundo se está preparando la consumación de
la masacre de un pueblo. Esta brutal agresión imperialista pone
dramáticamente de manifiesto hasta qué punto la sostenibilidad
de la globalización capitalista depende de la guerra contra los
pueblos, contra los trabajadores y las trabajadoras y contra la naturaleza.
Su multimillonario
aparato de propaganda no ha logrado ocultar los verdaderos objetivos
de la guerra contra Iraq. El control del petróleo iraquí,
nacionalizado a mediados de la década de los 70, y el rediseño
de las fronteras de Oriente Próximo a la medida de los intereses
anglosajones y de Israel, incluyendo el aplastamiento definitivo del
pueblo palestino, son los objetivos reales y explícitos de una
operación bélica destinada a imponer en Iraq un gobierno
títere incluso una restauración monárquica-
cuyo mantenimiento será necesario ocupar militarmente el país
durante 15 años con 75.000 soldados de EEUU y 35.000 de Gran
Bretaña, tal y como se ha anunciado.
Ya no
hay máscara. La guerra preventiva al servicio de los intereses
de EEUU y de las grandes potencias es la estrategia declarada y manifiesta,
sin que se escuchen voces poderosas de denuncia de lo que constituye
un auténtico crimen contra la Humanidad y la pulverización
de todos los principios de la civilización en las relaciones
entre las naciones.
El gobierno
del PP compite en servilismo y subordinación con otros gobiernos
de la UE. El bochornosos y humillante asalto en el Golfo Pérsico,
auténtico acto de piratería de opereta, es el último
botón de muestra. Aznar está decidido a participar directamente
en la guerra contra Iraq contra la opinión de la mayor parte
de la ciudadanía. Una vez más se van pisotear la Carta
de la ONU, la Constitución y las condiciones del Referéndum
de la OTAN de 1986. E reciente acuerdo con EEUU permite a los servicios
de inteligencia estadounidenses operar sin control en todo el territorio,
se flexibiliza la utilización de espacio aéreo, aguas
jurisdiccionales y bases de Morón, Rota y Torrejón, y
se renuncia a la verificación del armamento nuclear de buques
y aviones de guerra de EEUU.
En coherencia
con la apuesta belicista se está produciendo un incremento espectacular
del presupuesto de Defensa, en su mayor parte camuflado como I+D. Pero
sus guerras las pagamos nosotros. Mientras en nuestro país el
gasto militar diario es de 45 millones de euros (7.400 millones de ptas.)
cada vez hay menos dinero para la sanidad, educación y vivienda
públicas, para el sistema de protección social e incluso
¾para escándalo general¾ para paliar desastres
como el del Prestige.
La
guerra está decidida pero no es inevitable. Sólo la
presión de la resistencia y la movilización popular pueden
frenar el mortal engranaje bélico y la barbarie de un imperialismo
más global que nunca. Centenares de miles de personas en EEUU,
en los países árabes, en Europa y en todo el mundo van
comprendiendo que el sentimiento de impotencia que bloquea la intervención
social y política es un suicidio de la civilización. El
Foro Social Europeo en Florencia declaró que la guerra contra
Iraq es ilegítima, con o sin el respaldo del Consejo de Seguridad
de la ONU y convocó una gran jornada de movilización internacional
para el 15 de febrero.
La comprobación
de la propia fuerza es el principal instrumento de construcción
de conciencia; por eso, la pelea pro rescatar cada mente de la dominación
que garantiza la alienación es durísima, pero irrenunciable.
El imperialismo es, por lo menos, tan resistible como el Arturo UI de
Bertolt Brecht.
La Marcha
a Torrejón, uno de los lugares desde los que saldrá aviones
para bombardear Iraq, es un referente histórico de la lucha por
la paz. La primera Marcha se realizó en enero de 1981. El 18
de enero hay una nueva convocatoria internacional contra la guerra contra
Iraq coincidiendo con el comienzo de los bombardeos en 1991.
La anunciada
masacre del pueblo iraquí es sólo el siguiente paso. Todos
estamos en el punto de mira. Urge organizar las voluntades para detener
la barbarie.