DE la segunda salida que hicimos,
con una revista, nuestro grupo generacional sí tengo constancia
precisa y fecha concreta de su puesta en marcha. Conservo un
epistolario muy amplio de Miguel Cruz y de Andrés Soria que he
mantenido intacto, hasta hoy, por el gran cariño que les tengo. Con
fecha 18 de julio de 1944 Miguel Cruz, desde Madrid, nos escribe una
carta a 'Rafael, Andrés y Antonio en el campamento' en el que nos
decía: «Estas letras son para comunicaros algo y pediros consejo y
ayuda si a ello hay lugar» y seguía diciéndonos que «había estado
con Pepe Tamayo pidiéndole que hiciésemos una revista y que
contaríamos con el dinero. Sería de literatura e historia en general
pero con especial referencia al teatro, cosa que al teatro Lope de
Vega, ya consolidado y triunfante, le interesaba tener... «Lo que
quieren saber en resumen -de nosotros- y digo nosotros porque yo sin
vuestro apoyo no haré nada absolutamente es que les hagamos unos
'Cuadernos de Teatro» Y salió la revista con un apoyo de 2.000
pesetas por número a cargo del Teatro Lope de Vega aunque enseguida
buscamos un agente que nos fue facilitando publicidad y en esta
ocasión llegamos hasta el número cuatro de la publicación, tras
convencer a Miguel de que fuese el director -y no yo como él
insistió muchos días- y yo secretario para mantener así el equipo
que había lanzado los dos números de 'Vientos del Sur'. Nos había
servido ya mucho la experiencia, Miguel y yo nos movíamos con mucha
soltura en la imprenta -la misma de la anterior- y andábamos siempre
con las manos manchadas de tinta, pese a lavárnoslas con gasolina.
Pero, sobre todo, 'Cuadernos de Teatro' tenía ya una agilidad de
composición cuya posibilidad no habíamos ni intentado en la primera.
Y sobre todo, el papel era mejor y blanco, no como el de 'Vientos'
que era oscuro -la época de escasez-, razón por la cual en la
Facultad el texto que teníamos de Literatura, excelente por otra
parte, le llamábamos 'el lentejas' por el papel del cartucho en que
las vendían en la zona republicana y, sobre todo, en Madrid donde
fue impreso y las lentejas el plato diario.
Seguimos con la
redacción y administración en mi casa de la plaza de Santa Ana 20,
adonde comenzaron a llegar infinidad de revistas de intercambio de
toda España y del extranjero que muy pronto llegamos a conseguir por
el impulso que nos venía de la revista anterior y el nombre de
Tamayo que ya iba siendo conocido en el extranjero. Se acentuó en
'Cuadernos' la colaboración de poetas hispanoamericanos que nos
había facilitado la gran amistad que habíamos trabado con Juan Pablo
Goyeneche y mucha colaboración de nombres europeos y
estadounidenses, así como material de textos, fotos e incluso
clichés que Miguel y yo procurábamos a través de las embajadas y
agregados culturales de las mismas con los que nos íbamos poniendo
en contacto. Y, desde luego, se vinieron a 'Cuadernos' todos los
colaboradores de 'Vientos' -Ricardo Villa-Real, los Martín Vivaldi,
Gonzalo y Elena, Ponce de León, de quien andaba algo enamorada la
gran poeta- y todos los dibujantes encabezados por Antonio Moscoso,
gran amigo de Miguel Cruz, Pepe Tamayo y mío y sobre todo de mi
hermano Manolo, en el que teníamos gran ayuda por sus múltiples
relaciones y simpatía, sobre todo en el campo de las actrices que
colaboraban con Tamayo y de las que nosotros hablábamos en la
revista, algunas ya mayores, como Adela Carboné que nos envió alguna
colaboración, o Rosita Yarza, muy joven, a la que yo hice una
entrevista como a Ruiz Iriarte que también nos envió algún artículo.
En los medios teatrales de Madrid la revista de Granada fue en un
tiempo lo más destacado de la vida cultural en provincias. Hicimos
una encuesta sobre si el guión cinematográfico era o no guión
cinematográfico, al que contestaron Joaquín de Entrambasaguas,
Blecua, Eugenio Frutos y Juan María López Aguilar, y llenos de
optimismo nos atrevimos a convocar una Exposición Nacional de
Escenografía. En la revista colaboró Hermenegildo Lanz al que yo
tenía gran cariño desde mi niñez y Díaz Plaja aceptó enviarnos
muchos de los teatrines de su Escuela de Teatro de Barcelona y vino
él mismo a pronunciar una conferencia organizada por nosotros;
también iniciamos una colaboración con el otro grupo renovador,
teatralmente, de Barcelona, el de Juan-Germán Schöder y con los
artistas que salieron de la Escuela dramática de Plaja como fue
Marta Grau. En 'Cuadernos' colaboró Luis Escobar, y ofreció unos
poemas inéditos José Corts Grau, que acababa de llegar a Granada
como nuevo catedrático de Filosofía del Derecho Se acumularían las
noticias: el viaje que yo hice, sentados juntos, en el mismo
departamento del tren Madrid-Granada, con María Fernanda Ladrón de
Guevara, hablando la noche entera de García Lorca, con la admiración
sin límites que por él sentíamos los dos, el trato con el
escenógrafo Burman y su guapísima hija En 'Cuadernos' colaboraron
Emilio Orozco, el lector de italiano de nuestra Facultad con un
artículo sobre Pirandello, Fernando Benzo, Azaola, Carnicer, Cecilio
de Valcárcel, Nicolás González Ruiz, Joaquín Ortega en las páginas
que consagramos a Benavente junto al artículo 'Benavente, sirena de
la moda', de Cruz o el mío sobre 'El teatro de Romain Rolland'. Para
no repetirnos, Cruz, Soria y yo inventamos seudónimos y firmamos
textos con nuestras simples iniciales, sobre todo en las páginas de
temas cinematográficos que hacíamos con la mejor línea de nuestro
paisano Francisco Ayala.
Sobre estas revistas se ha hecho
alguna tesis doctoral y, son imprescindibles para estudiar lo que
fue -ya lo hizo y excelentemente, Antonio Aróstegui- la vanguardia
literaria en Granada donde se hicieron las primeras experiencias de
teatro -grandes representaciones- al aire libre o 'La muerte de un
viajante' que fue la entrada en España de los nuevos aires que
movían el teatro fuera de nuestras fronteras. Sería inútil seguir
hilvanando recuerdos: La Casa de los Tiros, la Casa de América, los
pasillos y el bar de la Facultad, las mesas del café Suizo eran la
redacción volante de nuestra revista que encauzó y dejó escapar,
nuestras primeras ilusiones literarias siempre guiadas por el viejo
blasón de los Granada-Venegas: 'El corazón manda'. JESÚS
FERRERO