Recortes



El escritor Darío Fo es el maestro de la provocación. Enviado por el CELCIT. (22/10/02)

El teatrero italiano, galardonado con el Premio Nobel en 1997, es uno de los autores teatrales contemporáneos más representados en nuestro país. A punto de lanzar el primer tomo de su autobiografía, él y su esposa hablaron con EL TIEMPO.

Cuando Darío Fo clava sus inmensos ojos verdes en su interlocutor es como si estuviera leyéndole el alma.

Él, el Nobel italiano de literatura, al que en el mundo se le conoce como 'El maestro de la provocación', a sus 76 años sigue estando en primera línea a la hora de marchar o manifestarse contra la derecha y por la defensa de los derechos de la clase trabajadora en Milán (Italia), la ciudad en la que reside.

A su lado, Franca Rame, su compañera durante medio siglo. Ella es la musa y la actriz, el polo a tierra que le coordina la agenda, decide sobre lo que conviene y hasta es coautora de algunas de sus piezas. Es una artista a la que pocas veces se entrevista y a la que el protagonismo poco le interesa.

Cuando la Academia Sueca anunció el nombre de Fo como ganador, muchos se sorprendieron. El portugués José Saramago fue su más cercano competidor (a la postre lo obtuvo un año después). "Lo ganó porque, según la tradición de los comediantes medievales, fustiga el poder y restaura la dignidad de los humildes -dijeron los suecos-. Con una mezcla de risa y seriedad abre nuestros ojos a los abusos e injusticias sociales".

Procesado cuarenta veces por delitos de opinión. En 1963 fue censurado su programa de televisión en el que criticaba a la derecha y durante veinte años no apareció en la pantalla italiana. La persecución fue tal que Franca sufrió un secuestro por parte de una banda fascista y luego, en 1980, les negaron la visa estadounidense por su participación en una organización que apoya a los prisioneros políticos.

Hace diez años estuvieron por última vez en Colombia, han sido huéspedes del Festival de Manizales y piezas suyas como Pareja abierta o casi de par en par, Misterio bufo, La muerte accidental de un anarquista y La historia de un soldado se han representado muchas veces en nuestro país.

Cuando ganaron el premio, usaron el dinero para crear una fundación llamada El Nobel de los Desvalidos. Compraron 40 busetas para transportar discapacitados y siguen como en los viejos tiempos, cuando actuaban para recoger dinero que les permitiera a los obreros seguir con sus luchas: "Respaldamos la ocupación de las fábricas por varios meses y los empleados se mantenían con nuestra ayuda. La taquilla de cada noche era para comprarles arroz, vino, todo lo que necesitaban", afirma Rame.

En Milán, a punto de que salga el primer tomo de la autobiografía de Fo (Mis primeros 7 años circulará en un mes), EL TIEMPO habló con los dos teatreros.

LOS INTELECTUALES FRENTE A LA GUERRA

¿Qué sabe de la Colombia actual?
La gente es muy valiente, sé que están viviendo una situación muy dura. Hay una criminalidad política y grandes intereses alrededor; que van desde aquellos de las drogas hasta los que tienen que ver con el territorio. Incluso, creo que ese es el problema más grave, el de ese espacio, que no se ha resuelto democráticamente.

¿De que puede depender la solución?
No creo que sea sólo cuestión de voluntad de los colombianos. Lo que pasa es que en toda América, en Suramérica, se siente el peso de Estados Unidos. Toda la historia de Suramérica está llena de actos de violencia ejecutados contra la nación, que acaban con la democracia instaurada o con las esperanzas de democracia, e imponen regímenes reaccionarios, muchas veces criminales.

¿Cuál debe ser el papel de los intelectuales y de los artistas en una situación de guerra como la que vive Colombia?
Deben manifestarse, no pueden quedarse cruzados de brazos, no deben esconderse. No está permitido a los intelectuales, que se consideren como tales, mostrarse indiferentes.

¿Y cómo se le puede decir a la gente que tenga esperanza cuando está viviendo una guerra tan dura?
Las cosas no dependen de un único hecho. Es obvio que la participación de la gente, la escogencia, es importante. Desafortunadamente, en una situación como la que viven las naciones de América del Sur, hay una contingencia, hay un impulso externo que muchas veces aplasta además los deseos y las esperanzas de la gente del lugar. Entonces, hay que combatir en dos niveles...(piensa un momento) hay que dejarse ayudar incluso de los demócratas que están en Estados Unidos.

¿El teatro debe mostrar esto o debe evadirse?
Cuando el teatro se puede manifestar, debe mostrar claramente cuál es la situación. He sentido una gran satisfacción de que algunas de mis comedias hayan sido representadas en Colombia, Muerte accidental de un anarquista, obra que ha sido adaptada a la situación colombiana. Siempre hay que obrar así: tomar todo lo que conviene y presentarlo, de manera que la gente se dé cuenta de que se habla de lo que sucede en su entorno.

¿Para qué le sirvió el Premio Nobel?
Me ha traído una especie de 'buen año'. Ha duplicado los tiempos de mi vida y me ha obligado a estar siempre más presente. Me hubiera gustado descansar tranquilamente, pero me obliga a estar presente, dispuesto, sobre el escenario para hablar e informar.

LA ACTRIZ Y SU DISCURSO POLÍTICO

¿Qué les dice a estas mujeres que están en Colombia viendo a sus hombres, hijos y amantes partir a la guerra?

Recuerdo a Lisístrata, que propuso parar de hacer el amor hasta que los hombres renunciaran a hacer la guerra. Es muy difícil, porque en Colombia, en Afganistán, en todos los lugares del mundo, las guerras no están hechas para la defensa del pueblo, a excepción de Palestina que defiende su propio territorio. Por el contrario, las guerras se hacen porque les sirven a los fuertes, porque producen dinero. Bush está defendiendo el petróleo. Detrás de está guerra en Afganistán, hay un asunto sobre el petróleo que no tiene fin. ¿Qué pueden hacer las mujeres para parar la guerra? Nada, nosotras debemos solamente soportarla o contar con gobernantes conscientes y que no se interesen sólo en el negocio, en el dinero.

¿Qué piensa de las declaraciones de Oriana Fallaci contra la cultura musulmana?
No simpatizo con Oriana Fallaci. Me parece muy melodramática, no me gusta, nunca me ha gustado, no me interesa.

¿Qué le aprende y que le enseña a Darío?
Desde hace cincuenta años vivimos juntos, de la mano vamos y a veces, a las patadas, como sucede en cualquier familia que se respete, pero nos hemos querido mucho.

¿Qué le falta hacer en teatro?
Yo comencé a actuar a los ocho días de nacida, en los brazos de mi madre. Soy una hija del arte. Mis padres tenían una compañía teatral, he andado medio mundo. Lo he hecho todo. Yo no escogí la profesión, me encontré metida en ella, y cuando he comprendido que podría haber hecho mejores cosas en la vida, era ya una señora anciana. Tengo 73 años y sigo en esta profesión porque a través ella puedo difundir los discursos en los que creo. Si yo tuviera que hacer el repertorio clásico tradicional, habría parado y abierto una salsamentaria. A mí, ser actriz por ser actriz no me interesa, me interesa el discurso político que hago circular.

¿El premio Nobel les sirvió para que se escuchara más su voz?
El Nobel es el premio más importante del mundo. Pero si cualquiera analiza nuestras obras de teatro presentadas y adaptadas en el exterior, Darío y yo somos los autores vivientes más representados del mundo. Eso pasó antes del Nobel.

¿Pero la mirada de la gente hacia ustedes ha cambiado?
Recuerdo que en Sicilia, cuando dos empleados grandes y robustos nos vieron después del Nobel, estallaron en llanto. Se emocionaron y nos dijeron "este premio también lo hemos recibido nosotros". Eso demuestra que este Nobel fue un reconocimiento a una cierta clase de la población italiana, la que menos tiene, la que soporta las condiciones negativas de la vida. Es un gran premio porque ha tenido un significado distinto que el que ha tenido para otros premiados.

Diego Giraldo. El Tiempo. 13 de octubre de 2002

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