|
Denis Rafter “Aquí los clásicos se hacen de forma
convencional”

La historia de este irlandés afincado en
nuestro país desde finales de los años 60 es, en
parte, la de un hombre que se ha granjeado la
admiración de varias generaciones de actores
españoles. El 9 de julio presenta en el Corral de
Comedias de Almagro a su nueva compañía con Noche
de Reyes, de Shakespeare. Es una ocasión para ver
la versión íntegra del texto, en la que se ha
respetado las partes de verso y prosa como fueron
escritas y cuya escenografía, siguiendo la
filosofía de Rafter, es el
actor.
Rafter es antes que director,
actor. Ha escrito e interpretado por medio mundo
numerosos monólogos, pero quizá sea Actor busca
trabajo el que mejor refleja su personalidad:
un actor extranjero, con dificultades idiomáticas,
encuentra un trabajo de espantapájaros y mientras
espera a que lleguen la aves decide divertirse y
ganar unas monedas haciendo de clown; durante la
obra su maquillaje se va borrando para desvelarnos
al hombre que escondía, maquillaje que el
personaje recupera al final de la obra. De igual
forma, y a pesar de los avatares por los que le ha
llevado la vida, Rafter se ha mantenido fiel a la
máscara, al teatro. Su sentido del humor –es una
de esas personas que tiene la virtud de conjurar
los mejores sentimientos de la gente–, su trato a
los actores a los que considera “material
altamente sensible” y su conocimiento de los
clásicos le ha granjeado la simpatía y admiración
de muchos intérpretes, a los que ha contribuido a
formar en talleres. Mañana presenta en Almagro
Noche de Reyes.
–Vino a España como
delegado de la compañía aérea de su país ,
Airlingus. ¿Cómo fue su entrada en el teatro
español? –Llegué en 1969 y aunque venía para
trabajar en Airlingus yo siempre había hecho
teatro. Ese mismo año hice una obra en inglés con
una compañía que actuaba en mi idioma. Cada año
hacíamos tres o cuatro, alguna en Navidades, y en
la que solíamos tener entre el público al príncipe
y las infantas.
–¿No se planteó dedicarse
de lleno al teatro? –Fui hijo de un conductor
de autobuses, mis padres vivieron la Segunda
Guerra Mundial, por lo que tener un trabajo como
el de Aerlingus era algo que no se podía rechazar,
pero a la vez estaba en el Abbey Theatre, el
Teatro Nacional de Irlanda.
–¿Allí era
intérprete o director? –Siempre me interesó más
la interpretación y ahora también, me ayuda a la
hora de dirigir. Cuando estoy bloqueado, entro en
el escenario, me siento donde está el actor y
desde allí puedo intuir el comportamiento más
natural del personaje, si debe ponerse de pie,
sentarse...
Coraje en el
escenario –En España ha impartido muchos
talleres de interpretación, en la Companía
Nacional de Teatro Clásico (CNTC), en La Abadía...
A veces le he oído comentarios muy críticos sobre
los actores españoles. –Más que críticos creo
que objetivos. Me preocupa que muchas veces los
actores escojan el camino más fácil, cuando lo que
tiene que hacer es asumir riesgos. Y cuando veo
una obra que no es arriesgada por parte del actor
o del director, está claro que se queda corta.
–¿Es un problema generalizado entre los
actores españoles? –El actor español trabaja
mucho y da mucho. Hay grandes actores: Flotats,
Hipólito, María Jesús Valdés, Joaquín Notario...
Pero yo hablo de tener coraje en el escenario.
Vengo de una escuela de teatro, la Abbey Theatre
de Dublín, que tenía un estilo muy natural, más
próximo al estilo de los españoles que de los
ingleses; pero también he estudiado en la
Guildhall de Londres, un centro de música, drama y
voz muy disciplinado, en el que te enseñaban de
forma sistemática y cuidaban mucho la palabra. Por
eso, en el momento de trabajar con actores
españoles yo pido que bailen, que canten, que
actúen... porque para mí la escenografía es el
actor.
–¿Influye en la tradición
interpretativa de los españoles la herencia de los
autores del Siglo de Oro, esas obras barrocas o
artificiosas frente a las de Shakespeare que
resultan tan humanas? –Shakespeare es un autor
de todos los tiempos y lo que pasa con él es que
empiezas a dirigirlo y él te lleva. No obstante,
en Noche de Reyes, el final es casi un
clásico español, que en dos páginas se resuelve
todo.Es una convención de aquellos tiempos que
crea un problema al director: el de dar
credibilidad. En relación con los textos
españoles, intento rascar lo máximo posible para
descubrir la parte más humana. Creo que los
clásicos en España se hacen de una manera
demasiado convencional, tampoco defiendo que haya
que destruirlos. No me gusta, por ejemplo, lo que
hace Calixto Bieito.
Competir con el
autor –Algunos directores creen que si
cambias mucho un texto lo honrado es advertir que
se trata de una “obra inspirada en...” y ya está.
–Lo importante es que el resultado sea
poético, estético y sincero; lo contrario es
abusar del texto. Si pongo una obra en el
escenario no intento ser mejor que el autor: un
director no debe mostrar su competencia a costa de
los actores o del autor. Un director puede cambiar
un texto, porque el arte inspira al arte; ni
Hamlet ni Romeo y Julieta son temas
originales, pero cuando uno hace cambios hay que
distinguir entre calidad y basura. Tirar por el
escenario huevos podridos para decir que el reino
de Dinamarca está podrido es más propio de una
pesadilla que una idea poética o artística. Aún
así, en este momento hay jóvenes directores en
España que hacen cosas interesantes, quizá se
sienten frustrados porque no tienen oportunidad de
mostrar sus trabajos y creo que los autores
sienten lo mismo.
El lado oscuro de
Malvolio –Vuelve con una comedia, género
por el que tiene predilección. –Debo dar
gracias a Dios por haberme dado sentido del humor.
Crecí en Dublín, una ciudad divertida, cuna de
grandes autores con fino humor como Wilde,
Sheridan, Joyce... También mi madre fue actriz de
comedia y he estudiado mucho a los grandes
comediantes del cine mudo; y en mi juventud vi en
Dublín mucho vaudeville. Pero también me
gusta mezclar todos los estilos: el coro griego
con la comedia del arte o el absurdo de Beckett
con Shakespeare.
–Malvolio (interpretado
por Antonio Castro) es uno de los personajes más
atractivos de la obra. –Sí, Malvolio, cuyo
nombre significa “mala voluntad”, es un personaje
muy interesante (dicen que esta inspirado en una
persona real del Parlamento de Inglaterra de la
época). Dentro de él hay una parte muy oscura,
casi estamos llegando si no a un Yago
(Otelo) a alguien que puede convertirse en
unos años, si se casa con Olivia, en un villano. Y
cuando uno empieza a hacer Malvolio hay que parar
y no ir demasiado lejos con su lado
oscuro.
–¿Qué riesgos asumen sus actores en
esta Noche de Reyes? –Tienen que cambiar
rápidamente de un personaje a otro, estar en el
escenario todo el tiempo que dura la obra: dos
horas y media, porque representamos el texto
íntegramente. En inglés dura dos horas, pero la
traducción al español se alarga, ya que hay casi
el doble de sílabas. El problema con Shakespeare
es que el actor español tiene que mantener la
emoción durante el doble de tiempo que en el
original.
–Usted firma la traducción con
Angel García. ¿Cómo la han trabajado? –Yo
explicaba a Angel el sentido de las situaciones.
Cada frase, cada verso intenta reproducir el
sentido de Shakespeare y los matices en inglés son
complicados. Luego hemos intentado mantener el
ritmo del original, ya que está escrita en prosa y
en verso: la parte romántica de los amantes es en
verso, mientras que los cómicos hablan en prosa.
PERALES,
Liz |