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El teatro español está experimentando un
fenómeno en los últimos diez años que se ha acentuado por la
escasez de inversión en el sector, el inmovilismo de
productores y espectadores y la incertidumbre económica que
acompaña a cada espectáculo: la migración de los profesionales
de la escena a la televisión, un medio donde los presupuestos
que se manejan, las campañas de marketing –marcadas por los
índices de audiencia y la competencia entre cadenas– son
tentadoramente superiores a los que maneja el
teatro.
Este fenómeno está afectando especialmente a
actores y dramaturgos, algo que se ha acentuado en los últimos
años debido al incremento de series de televisión de factura
española. En la actualidad, no hay cadena de televisión,
privada o pública, que no tenga su propio
serial.
Cuéntame... (TVE) debe su
éxito a la persistencia y oficio teatral de Eduardo Ladrón de
Guevara, autor de más de 20 obras teatrales y uno de los
dramaturgos pioneros en dar el gran salto de la caja negra a
la “caja tonta”. “Yo me he hecho mayor escribiendo para la
televisión, aunque cuando empecé mi ilusión era ser escritor.
Pero pronto me di cuenta de que aquello del teatro era
insostenible, entre otras cosas, porque los empresarios no
apuestan por los autores españoles vivos y sólo les preocupan
las subvenciones. Así que decidí presentarme en TVE con un
montón de guiones bajo el brazo y ‘hacer pasillo’. Pronto la
televisión me dio más satisfacciones que el teatro; éste es
una frustración permanente”.
Ladrón de Guevara es el
ejemplo más extremo de autor con una dilatada carrera teatral
que acaba triunfando en televisión: suya es la autoría de dos
grandes hitos de las series españolas: Farmacia de
guardia y Cuéntame.... A pesar de que le gustaría
volver a escribir teatro, el dramaturgo confiesa que su
regreso sólo sería posible “en buenas condiciones y con
actores que me gustan. No quiero más disgustos con el
teatro”.
El padre de El comisario A
Ignacio del Moral le sorprendemos en su estudio madrileño
escribiendo el capítulo 115 de la serie El comisario.
Dramaturgo de reconocido prestigio en el teatro, ha sido uno
de los padres de Farmacia de guardia –donde trabajó con
Ladrón de Guevara–, Hospital central, Eva y Adán y la
mencionada El comisario. Películas como Barrio o Los
lunes al sol llevan también su firma. “A mí el teatro me
gusta muchísimo pero la televisión además de divertirme me da
de comer. Vivimos un mal momento para la autoría y en la
escena las condiciones son muy duras. Un dramaturgo llega a la
televisión sobre todo por necesidad económica, porque del
teatro en esta país no puede vivir nadie salvo Antonio Gala y
Santiago Moncada. La inmensa mayoría de los dramaturgos buscan
complementos en la docencia, conferencias, etc”.
La
SGAE recauda en derechos de autor el 10% de la taquilla, así
que cuanto mayor sea la recaudación mayor será el pago al
trabajo de autoría. El problema, según Del Moral, es que
“ahora la gente no va al teatro y no hay grandes éxitos, salvo
los musicales”. Sin embargo, Del Moral –que prepara el guión
de la próxima película de Manuel Lombardero– no considera
ninguna traición al género dramático trabajar para la
televisión pues “la dramaturgia engloba toda la escritura
dramática, y eso implica tanto el teatro como la televisión o
el cine. Las diferencias son de género o soporte, pero todo es
escritura dramática. En los países anglosajones esta práctica
es muy habitual”.
De la misma opinión es Jordi
Galcerán, autor de El método Grönholm, que debutó en la
televisión catalana con Nissaga de poder en el 1997.
“En el fondo todo es lo mismo: contar historias. Las
diferencias estriban –dice Galcerán– en las presiones que
tiene el guionista, especialmente el de televisión: poco
tiempo, necesidad de mantener audiencias, autocensura, etc”.
No es de la misma opinión Josep Maria Benet i Jornet,
dramaturgo catalán vinculado a la televisión desde el año 75,
socio de la productora Diagonal TV y padre de uno de los
mayores éxitos televisivos catalanes: Poble nou (Pueblo
nuevo): “A pesar de tener en común el diálogo son distintas
porque ni su estructura ni los tiempos ni los espacios son los
mismos. El realismo que tiene la televisión no se da en el
teatro, donde cuentas con un espacio vacío desde el que puedes
imaginar el mundo. En la televisión, además, se trabaja por
encargo, y tienes la obligación de ponerte a su servicio y de
llegar al mayor número de público posible”. Para Ladrón de
Guevara “el autor de teatro escribe desde la soledad absoluta,
mientras que el guionista es una pieza más dentro del
engranaje. Además el dramaturgo es el autor indiscutible de su
propia obra, mientras que el guión tiene muchas autorías: los
actores, el director, el productor... En teatro se tiene más
respeto por la palabra escrita”.
Lo que sí parece cierto es que la
literatura dramática proporciona una base muy sólida de la que
se benefician los guiones. Por eso, autores como Ladrón de
Guevara aseguran que “me gustan mucho los guionistas que
vienen del mundo del teatro, porque el teatro es diálogo y la
televisión también”. Para Jordi Galcerán, que a finales de mes
comienza a escribir una nueva serie para TV3, “escribir teatro
me ha ayudado a ser más creativo en televisión, y escribir
televisión me ha proporcionado capacidad para trabajar
intensamente en poco tiempo. Con esas dos cosas y un poco de
suerte a veces consigues escribir algo con sentido”. En el
caso de Benet i Jornet su trayectoria en el teatro ha
beneficiado a su trabajo en cine, pero no a la inversa: “la
televisión no me ha dado ningún arma para hacer teatro”.
La comedia, reina absoluta Nombres
vinculados a los escenarios como Rodolf Sirera, Antonio
Onetti, David Planell y Alberto Macías han dado latido y pulso
a series que se han convertido en hitos de la televisión.
Ellos han contribuido a la evolución de este formato
televisivo del que ya ninguna cadena puede prescindir. Ladrón
de Guevara ha sido un testigo excepcional de su
transformación. “Cada vez están mejor hechas porque hay más
medios, se improvisa menos... sin embargo, cada vez son más
clónicas y responden a los mismos patrones: todas deben tener
niños, abuelas y criadas andaluzas. Cuando veo Sexo en Nueva
York o A dos metros bajo tierra y lo comparo con lo que
nosotros producimos la conclusión es clara: lo que aquí
hacemos tiene poca valentía”. El propio Ladrón de Guevara vio
cómo TVE hace más de seis años rechazó el proyecto que más
tarde sería “Cuéntame...”.
Mención aparte merece la
trilogía formada por Cinco hombres.com, Cinco
mujeres.com y Hombres, mujeres y punto, que se
estrena hoy y que exprime aún más el éxito de El club de la
comedia. Para unos teatro de consumo, para otros una
prolongación de un formato televisivo de gran éxito, lo cierto
es que estos espectáculos dieron un vuelco a la cartelera: las
millonarias recaudaciones y la avalancha de gente que acudía a
la sala para ver de cerca rostros conocidos como el de Pilar
Bardem o Beatriz Carvajal supuso un auténtico fenómeno
mediático. José Miguel Conteras, padre de El club de la
comedia y uno de los socios de Globomedia asegura que uno
de los aciertos de estas obras es que son “comedias actuales,
jovenes y urbanas”, aunque entiende las críticas que han
recibido estos montajes por parte de los más puristas: “para
ellos somos unos advenedizos pero lo cierto es que de algún
modo hemos revitalizado el teatro”.
Itzíar DE FRANCISCO
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artículo
El fenómeno
de los sexos.com El éxito teatral de
Cinco hombres.com y de Cinco
mujeres.com es el resultado de un estudiado
proyecto de familiarización con la Stand Up
Comedy, género que desde hace varios años está
teniendo mucho éxito y que en países como Estados
Unidos es una fórmula habitual en la televisión y
en los teatros. Cuando la productora Globo media
importó a la televisión española el modelo
americano bajo el formato de “Club de la comedia”
tenían muy claro que debía terminar en el teatro,
como explica José Miguel Contreras. “El Club de
la comedia formaba parte de un concepto
multimedia que desem-bocaría en un escenario. A
pesar de ser un espectáculo muy teatral pensamos
que el público español no iba a reconocerlo porque
en la escena española no existía el hábito de
estos monólogos de humor –dice Contreras–. Así que
pensamos que la mejor forma de familiarizar al
público con este género era a través de la
televisión. En este sentido, hemos tenido que
inventar las reglas narrativas de este medio
porque era algo nuevo para
nosotros”. | | |