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Edimburgo, dos modelos de
festival Presencia de Calixto Bieito
en el certamen tradicional y macroferia escénica
en el Fringe

En el mes de agosto dos festivales de
naturaleza dispar se dan cita en la capital
escocesa. El 15 de agosto comienza el Festival
Internacional de Edimburgo en el que, como ya es
costumbre, la presencia española lleva el sello de
Bieito. Pero a modo de fuerte aperitivo, a partir
del 8 de agosto, tiene lugar el Fringe, macroferia
escénica que este año reúne más de 1.500 shows
entre los que se puede encontrar de
todo.
El Festival Internacional de
Edimburgo nació tras la Segunda Guerra Mundial con
la idea de ayudar a recomponer los lazos
culturales de Europa. Desde entonces, y gracias al
apoyo oficial y de instituciones privadas, ha
logrado consolidar a la capital escocesa como una
de las referencias estivales de la música, la
ópera, la danza y el teatro. Sin embargo, es el
Fringe –fundado por un grupo de artistas que se
vieron marginados de la programación del primer
festival oficial– el que más predicamento tiene
entre los artistas y el público. La libertad con
la que se organiza permite la participación de
numerosísimas compañías de todo el mundo (a las
que sólo se les exige procurarse un espacio donde
actuar) y compone una densa programación que se
reparte entre más de 200 escenarios, gran parte de
ellos no convencionales (iglesias, bares, escuelas
e incluso pisos privados). Esta forma de operar
explica que para esta edición tengan lugar más de
1.500 shows de casi todos los géneros.
Rivalidad entre festivales El
Fringe siempre ha rivalizado con el Festival
Internacional de Edimburgo, aunque en los últimos
años reina la concordia, ya que ambos conviven
durante el mismo tiempo y consiguen atraer a
numerosos turistas a la ciudad. Como el Fringe
empieza el 8 de agosto, sirve de fuerte aperitivo
al Festival oficial, que este año dará comienzo el
15 de agosto y se prolongará por tres semanas. El
programa del Festival Internacional lo integran
seis espectáculos, dos de ellos españoles. La
buena sintonía que mantiene el director del
Festival, Brian McMaster, con Calixto Bieito no
sólo ha contribuido a promocionar al director
catalán, sino que ha servido para introducir a
otras figuras del teatro catalán. Este año repite
Carles Santos (del 27 al 30 de agosto), con una
producción musical inspirada en Rossini que
estrenó en el Teatro Nacional de Cataluña: El
compositor, la cantante, el cocinero y la
pecadora. Por su parte, Bieito adapta, tras
sus experiencias con Calderón y Valle Inclán en
ediciones anteriores, La Celestina a un
elenco inglés que protagoniza Kathryn Hunter. La
traducción la firma John Clifford y, como ya viene
siendo habitual en Bieito, cabe esperar una
libérrima adaptación dirigida a “épater le
bourgeois” con sobredosis de violencia y
procacidad. El espectáculo está coproducido por el
Festival y se ofrecerán funciones del 16 al 24 de
agosto. Antes aterriza el Centro Dramático
Nacional Orléans-Loiret- Centre con un espectáculo
muy especial, El zapato de seda de Paul
Claudel (el 16 de agosto). Esta obra está
ambientada en la España del siglo XV y en ella se
cuenta la historia de dos amantes constantemente
separados por las fuerzas de la historia y la
duda. Claudel era un profundo católico y las
creencias religiosas de los personajes están en el
corazón de esta historia. Esta dirigida por el
también autor Olivier Py y en ella participan 24
actores.
Dos espectáculos procedentes de
Alemania dan la oportunidad de contrastar el
trabajo de dos teatros berlineses enfrentados
desde antiguo. Por un lado, el que lidera Thomas
Ostermeier, la Schaubühne, sinónimo de renovación
y vanguardia. Presenta Andrómaca, de Racine (del
16 al 19 de agosto). La producción la dirige Luk
Perceval y en ella se cuenta la tragedia de
Andrómaca, forzada a casarse con Pirro tras
la caída de Troya para salvar a su hijo. Esta
protagonizada por Jutta Lampe, ya conocida por el
público escocés por haber participado el pasado
año en El jardín de los cerezos que dirigió
Peter Stein o en la producción de Luc Bondy La
gaviota. El otro gran teatro berlinés es el
fundado por Brecht: el Berliner Ensemble. Presenta
Peer Gynt (del 22 al 24), dirigido por uno
de los hombres de escena más reputados en su país
Peter Zadek gracias a sus espectáculos de
Shakespeare e Ibsen. Uwe Bohm da vida al
protagonista.
La obra que cierra el
capítulo teatral de la programación atiende a la
dramaturgia escocesa actual y la firma y dirige
Anthony Neilson. Estrena The Wonderful World of
Dissocia, una pieza casi de ciencia
ficción.
El Festival organiza también shows
nocturnos por 5 libras, entre los que figuran
Biokhraphia (19 de agosto), de Lina Saneh y
Rabih Mroueh, una pieza inspirada en Beirut; la
última producción del compositor y director suizo
Heiner Goebbels, Hashirigaki (29 de
agosto), basada en la obra de Elias Canetti.;
Lucia Melts (23 agosto), por TG Stan, uno
de los grupos menos convencionales de Europa; y
Gelaber, que acude con Vienen regando flores
desde La Habana a Morón (23 y 24 de
agosto).
Tudor, Nikolais y
Mahler Respecto al capítulo de danza, este
año se consagra a algunos de los grandes creadores
anglosajones como Antony Tudor y Alwin Nikolais.
Tudor combinó las técnicas clásicas y modernas de
danza y creó un estilo muy vibrante y
profundamente expresivo. Nacido en Londres, en
1907, trabajo especialmente en el American Ballet
Theatre . Ahora el Festival presenta, de la mano
de la compañía americana West USA, una
retrospectiva con tres de sus coreografías de los
años 30, 50 y 70, respectivamente: Lilac
Garden, Offenbach in the Underworld y The
Leaves are Fading (del 27 al 30 de agosto). El
otro homenajeado es Alwin Nikolais, autor de una
danza con fuertes influencias teatrales y en la
que juega un papel decisivo la iluminación, un
estilo que ha tenido grandes seguidores tanto en
la danza como en el teatro. Del 1 al 4 de
septiembre la Ririe-Woodbury Dance Company
ejecutará algunas de sus coreografías más
famosas.
La danza contemporánea está
también presente con el canadiense Jean Pierre
Perreault, que abre el festival con Joe (16
al 18 de agosto) y Akram Khan Dance Company (21 y
22 agosto), el coreógrafo de moda en Gran Bretaña
que fusiona la danza occidental con danzas indias.
La escocesa Rambert Dance Company presenta (del 2
al 4 de septiembre) un programa inspirado en
piezas de Mahler y con coreografías del citado
Tudor (Dark Elegies), Peter Darrell
(Five Rükckert Songs) y Kim Brandstrup
(Songs of a Wayfarer). Finalmente, Gelabert
ha sido invitado a impartir un taller (días 21 y
22) a bailarines con dificultades de
aprendizaje.
Fringe vendió ya 70.000
entradas El Fringe Edinburgh Festival, que
este año se celebra del 8 al 30 de agosto, nació
en 1947 por oposición al festival oficial y
demostró ya desde sus inicios el espíritu de
rebeldía que lo animaba, especialmente en unos
años en los que el teatro inglés padecía la
censura de la oficina del Lord Chamberlain. La
libertad artística ha sido uno de las señas del
Fringe y muchos ejemplos dan fe de ello; famosa es
la polémica suscitada en 1967 por La Mama Theatre
con su espectáculo Futz, sobre un granjero
que tenía un idilio con un cerdo, inmoralidad que
algunos periódicos pidieron prohibir sin
éxito.
Al Fringe se le ha acusado de ser
demasiado grande, abierto, caótico, y más
recientemente, comercial y profesional.
Posiblemente sólo un país al estilo de Gran
Bretaña, cuna del liberalismo, podía abrigar un
festival de esta naturaleza, cuya organización
depende básicamente del deseo de los artistas para
unirse a él y de una poderosa afición que lo
mantiene. Todo aquel actor que lo desee debe
procurarse un espacio donde actuar y comunicárselo
a la organización; ésta le cobra una tarifa por
anunciarlo en el programa y vender las entradas.
Hasta la fecha ya se han vendido más de 70.000 por
internet. Lógicamente, esta estructura
organizativa ha hecho crecer el número de espacios
(cada vez más extraños) y el de artistas, atraídos
también porque al Fringe acuden importantes
programadores y críticos, amén de los sustanciosos
premios económicos que se otorgan.
PERALES,
Liz |