Edward Hall
“Hay que buscar la relevancia actual de los clásicos”

Propeller
(Hélice) es la compañía que Edward Hall fundó a mediados de los 90,
especializada en Shakespeare y con la que ha asumido grandes retos como
escenificar las tres obras que componen Enrique VI (que tituló Rose Rage). Con poco más de 40 años, el director (hijo del británico Peter Hall) ha demostrado su ingenio en El cuento de invierno.
–Ha dicho que no es normal que una obra como El cuento de invierno provoque reacciones tan positivas entre el público ¿Por qué?
–A menudo se tiene la idea de que esta obra es problemática por
numerosas razones. El texto es difícil de desentrañar y requiere un
gran nivel técnico a los actores. Además, la narración se divide en dos
partes muy diferentes, entre las que transcurren 16 años. Enfrentarse a
esta elipsis de 16 años en medio de la obra y fusionar las dos mitades
puede ser muy difícil. Nosotros resolvimos este problema de una forma
muy particular.
–¿Cómo?
–Primero, contamos la historia a través de los ojos del joven hijo de
Leontes, Mamilius, que también interpreta el Tiempo y a Perdita.
Mamilius siempre es olvidado al final de la obra y él, al igual que
Antigonus, son los dos personajes que pierden sus vidas como resultado
de los celos de Leontes. Como no creo que el final de la obra sea
feliz, tiene sentido olvidarse de él y finalizar la obra como la
empezamos, con un joven intentando entender la raíz de su tragedia
personal. Contar la obra desde la perspectiva de Mamilius también nos
dio una gran libertad para articularla. Mamilius es, por supuesto, una
de las víctimas reales del celoso Leontes, y los celos son un tema
obsesivo de Shakespeare que asoman en otras de sus obras como Otelo o La Tempestad, por nombrar dos.
–¿No es partidario de hacer accesible a Shakespeare si eso significa popularizar los textos para hacerlos más comprensivos?
–Shakespeare era un autor comercial muy popular en su tiempo que
escribía obras para una amplia audiencia bastante iletrada, pero que
las consumía con el mismo apetito con el que hoy consumimos películas
taquilleras. Las historias son sólidas y el lenguaje claro, por lo que
no entiendo la necesidad de “entontecerlo” para acercarlo al público
actual. Pero el teatro no es un museo y con Shakespeatre ocurre lo
mismo que con todos los textos clásicos: debemos encontrar lo que hace
esas historias relevantes en nuestros días. Esto no significa que
tengamos que llevar a escena a Shakespeare en el periodo en el que fue
escrito, trasladar sus historias a otros tiempos y lugares puede
alumbrar con luz nueva su significado.
Una cooperativa de actores
–Las traslaciones de clásicos estan muy de moda, pero a veces hacen
incompresible la obra ¿Qué riesgos deben, en su opinión, evitarse?
–Hay riesgos, claro. Si se moderniza el texto muy rígidamente, se
perderá poesía y ambigüedad, se ha de crear una surreal y poética
ambientación que contenga aromas de otros tiempos pero no sea una
representación literal de estos. Con suerte, este enfoque puede liberar
la obra y no encadernarla al escenario.
–¿Cómo funciona su compañía? ¿Por qué está formada solo por hombres? ¿De donde proceden sus ingresos?
–Propeller es una compañía de hombres simplemente porque la obras
fueron originalmente escritas para elencos masculinos. Nuestro
experimento es ver el interés que tienen hoy estas historias si las
exploramos de la forma tradicional. Habitualmente, dedicamos a los
ensayos de cuatro a seis semanas, somos un “ensemble”, y los
principales ingresos los obtenemos con nuestras producciones. No
ganamos mucho pero todos ganamos lo mismo; somos cooperativa. Tenemos
pocos costes administrativos y somos libres artísticamente para ir en
cualquier dirección que nos interese. El próximo año queremos hacer Noche Doce y La fierecilla domada, con las que espero volver a España.
LO MEJOR DEL AÑO: TEATRO
Clásicos y de mediano formato: Cuento de invierno
Entrevista: Edward Hall
Análisis: El año de Cervantes, Valle y Mihura
PERALES, Liz
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