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Eimuntas
Nekrosius “El teatro no
puede representar un pensamiento
perfecto”

El pope de la escena
lituana no conoce el término indiferente. Y eso
es lo que reivindica en sus montajes, imponentes
obras visuales donde el texto y el trabajo
actoral son cuidados al máximo. El 21 de
octubre, Eimuntas Nekrosius llega al Festival de
Otoño para mostrar su personal visión de El
cantar de los cantares, que se exhibirá en
el Teatro de Madrid hasta el día
24.
El cantar de los
cantares es una de las joyas literarias del
Antiguo Testamento y uno de sus textos más
polémicos. Se trata de una colección de poemas
amorosos que no siempre fue entendida por la
propia Iglesia –los rabinos prohibían su lectura
a los jóvenes hasta que no alcanzaban los 30
años–. Isabel de Osorio encargó su traducción al
castellano a Fray Luis, que fue duramente
perseguido por la Inquisición. San Juan de la
Cruz y Santa Teresa de Jesús fueron otros
espíritus sensibles a las virtudes de este texto
que Eimuntas Nekrosius (Raisenai, Lituania,
1951) estrena hoy en Madrid. El gran renovador
de la escena lituana, principal impulsor del
Teatro Joven de Vilna y devoto de Shakespeare y
Chejov, recala hoy en el Teatro de Madrid con su
compañía Meno Fortas, después de la sorpresa que
supuso el año pasado el Hamlet que
estrenó en el Teatro Nacional de Cataluña. Su
montaje de El cantar de los cantares
tiene el privilegio de ser la única producción
de este Festival de Otoño.
–¿Por qué
decidió llevar a escena una obra basada en un
texto bíblico? ¿El resultado es una pieza
religiosa? –Tengo que aclarar que no es una
obra en sentido estricto sino un poema. Aquellos
que escribieron este texto o que lo
transmitieron oralmente nunca habrían imaginado
nada más horrible que llevarlo a escena. Pero
así ha sucedido: en nuestro tiempo ha habido
muchos intentos de escenificar este texto
perfecto a través del teatro, la danza, la
música, etc. Sin embargo, todos han sido
excesivamente cautos a la hora de transmitir su
esencia. El problema de los textos bíblicos es
que no ceden fácilmente a distintas
interpretaciones porque son totalmente
perfectos. A lo largo de mi carrera he producido
y representado muchas obras en las que todo
estaba escrito de forma tan correcta
dramatúrgicamente que no dejaban ni un margen de
error. Con este Cantar de los cantares me
interesaba llevar a escena algo que parece
imposible a primera vista, debido a la
perfección del texto.
–¿Qué dificultades
surgen de un texto de estas
características? –El problema es que los
creadores que se han acercado a esta obra en el
fondo se han sentido abrumados por la
responsabilidad. Tanto el Antiguo como el Nuevo
Testamento contienen pensamientos tan
perfectamente expresados que ninguna composición
musical, película o puesta en escena ha podido
estar a la altura para comunicar esos textos. En
esa batalla, el teatro siempre va a perder
porque un pensamiento es algo perfecto que nunca
podrá ser escenificado tal y como
es.
––¿Esta obra será entendida de forma
muy distinta entre un público religioso y otro
no creyente? –No, no lo
creo.
Montaje minimalista –¿No
cree tampoco que será polémica? Todo lo que
atañe a la religión suele ir acompañado de
convicciones profundas y
encontradas... –Puede que sea polémica, pero
de serlo dependerá de la actitud de un
espectador concreto ante este
trabajo.
–Los personajes del rey y la
shulamita son considerados por los creyentes
como metáforas de Dios y del alma humana.
¿Tienen el mismo sentido en su obra? –He
intentado desarrollar esa metáfora hasta cierto
punto. Pero lo que realmente me interesaba era
trasladarla a un lenguaje comprensible para
todos los humanos, convertirla en sentimientos
que todos y cada uno de nosotros hayamos
experimentado alguna vez. Yo no manejo
abstracciones, en su lugar utilizo lo que es
familiar para mí y para mis actores, aquello que
alguna vez hemos experimentado. La base de
nuestro trabajo siempre son los sentimientos y
la emociones. Y la religión también es un
sentimiento.
–El cantar de los
cantares es una colección de poemas
nupciales, amorosos, que pueden ser
interpretados como poemas místicos pero también
como cuentos eróticos. ¿Qué sentido les ha dado
usted? –Para mí es un cuento de amor y el
amor tiene muchos ángulos, incluyendo el
erótico. Pero la trama realmente es muy
sencilla.
–Su teatro es muy contundente
visualmente. ¿Cuál es la imagen más
significativa de esta obra? –La verdad es que
hasta para mí es difícil elegir sólo una
imagen.
–El cantar de los cantares
ha sido un texto muy polémico por la distintas
lecturas que de él se ha dado la Iglesia. ¿Qué
elemento de peligrosidad vieron en él? ¿Sigue
siendo en la actualidad tan peligroso? –Puedo
imaginar por qué cuando apareció, de forma
escrita u oral, fue tan polémico. Seguramente se
consideró una obra indecente e impropia que
sorprendió por su apertura y modernidad. Se
prohibió durante años y se transmitió mediante
susurros, como una fruta prohibida y deseada a
la vez. Toda vida se nutre de sentimientos e
instintos y El cantar de los cantares es
un poema del corazón. En la actualidad puede ser
considerado un texto verdaderamente ejemplar.
Sería maravilloso que la realidad de nuestras
vidas contuviera al menos una pequeña parte del
espíritu de este texto. Pero desafortunadamente
no es así ni será nunca.
–¿Se siente como
un moderno Salomón reescribiendo escénicamente
esta obra? –No existe comparación posible. Un
hombre es demasiado pequeño comparado con la
infinidad de este texto.
–Teniendo en
cuenta que España es un país laico
constitucionalmente pero católico socialmente,
¿cómo cree que va a ser aceptado el
montaje? –Mi obra es un intento pequeño y
humilde de abrir una página de ese libro. Es un
montaje minimalista que me gustaría que fuera
entendido en España.
–En países como
Francia los símbolos religiosos han sido
prohibidos en las escuelas públicas. ¿Cree que
este tipo de medidas contribuyen a incrementar
los fanatismos religiosos? –Hemos convivido
con la religión durante muchos años, y los
cambios repentinos de actitudes y puntos de
vista nunca pueden producir efectos positivos.
La esencia no yace en la religión, en sus
atributos o símbolos, sino en las propias
personas. Los argumentos, las razones, se deben
buscar en uno mismo. Creo que, en general, las
tradiciones deben ser respetadas y aunque las
intentemos cambiar no podemos anular o modificar
su esencia. Actitudes como éstas sólo sirven
para que creamos que podemos cambiar
algo.
Recuperar la
envidia –¿Cómo se percibe el teatro
europeo desde la escena lituana? ¿Está de
acuerdo en que el teatro también se está
globalizando? –Durante la última década en
teatro y en otras expresiones artísticas –arte
visual, cine, música...– se ha desarrollado una
actitud de asimilación. Todo ha sido “asimilado”
y una especie de “Euro-standard” ha emergido. En
la última década también se puso de moda la
palabra “agradable”, de tal forma que todo el
mundo sabe hacer cosas “agradables” y, por
supuesto, también los directores de teatro, que
han aprendido a dar coherencia a las escenas de
forma “agradable”, a trabajar con luz, sonido y
proyecciones. Sin embargo, no es bueno
obsesionarse por la tecnología porque se termina
olvidando al actor. Y eso es lo que ha pasado:
en la actualidad, el intérprete ocupa el segundo
o el tercer plano en el teatro. Lo realmente
importante, por lo que acudimos al teatro, es
por el actor, por sus emociones y sus
experiencia, y es su personal interpretación lo
que debemos valorar más. Conozco muy pocos
directores que tenga su propio y distintivo
estilo. Un artista es alguien que tiene su
propia entonación, su propia voz, y no se ha
unido al “eurocoro”.
–¿Qué le gustaría
recuperar para el teatro? –¡La envidia!, ese
sentimiento que tienes cuando te sientas en el
patio de butacas y sientes absoluta envidia de
lo que ves, desde el primer minuto hasta el
último. La envidia, que es un sentimiento
humano, significa que la actuación no te ha
dejado indiferente.
DE
FRANCISCO,
Itzíar |