De izda a dcha:
José Carlos Plaza, Helena Pimenta, Juan Carlos Pérez de
la Fuente, Miguel Narros, Álex Rigola, José Luis Gómez y
Josep María Flotats. Sentados, José Tamayo y Rodrigo
García, en una sala de ensayo del Teatro Real. Foto:
Mercedes Rodríguez
No
están todos los que son, pero sí son los mejores
directores de la escena teatral española. No fue fácil
reunirlos: agendas complicadas, estrenos pendientes,
ensayos, viajes... Pero aceptaron y consintieron en
recibir instrucciones –ellos, que precisamente
acostumbran a darlas– para posar para El Cultural con
motivo del Día Mundial del Teatro, que se celebra el 27
de marzo. Desde que André Antoine fundamentó su concepto
de puesta en escena a finales del siglo XIX, el director
dejó de ser un organizador de los elementos escénicos
para convertirse en un intérprete de la obra dramática.
Su protagonismo y la subordinación a él del resto de los
participantes del espectáculo es uno de los rasgos más
destacados en el teatro de la pasada centuria. Su
creciente poder ha hecho que los autores se sientan
desplazados y en esa dialéctica seguimos. El Cultural ha
planteado a 20 destacados directores las siguientes
cuestiones : 1. ¿Cuál es la aportación del director
al teatro y qué efectos ha tenido su protagonismo? 2.
¿Considera creativa la labor del director? 3.- ¿Qué
temas le resultan difíciles de tratar?
Sergi Belbel Autor y director
1.- El director de escena no es un pilar esencial
de la teatralidad (son tres: autor, actor,
espectador). Lo que es cierto es que el teatro
del siglo XX está marcado por las grandes
aportaciones de los grandes directores de
escena, en cuanto a renovación de lenguajes,
dinamización, relecturas y reinterpretaciones
de grandes textos clásicos, apertura a otras
artes no teatrales, etc. Pero al mismo tiempo,
la consolidación del director como figura
esencial ha coincidido (no sé si es una coincidencia
o una consecuencia...) con una profunda crisis
del autor dramático. Se nos recuerda que nuestros
textos no son ni Shakespeares ni Molières.
Los autores compiten con 2500 años de tradición.
Los directores “sólo” compiten con ciento
y pocos años de tradición. Lo más curioso
es que la mayoría de los directores que menosprecian
a los autores vivos jamás han escrito una
réplica teatral. Es injusto.
2.- La oposición autor/director es absolutamente
relativa y simplista. El autor, cuando escribe,
dirige (como mínimo “virtualmente”). Muchos
directores hacen auténticas “creaciones”.
No hay nada como escribir y dirigir al mismo
tiempo. Te das cuenta realmente de que lo
difícil es la escritura. No tienes a nadie
en quien apoyarte. El director está siempre
arropado por escenógrafos, figurinistas, músicos
y, cómo no, los auténticos protagonistas del
hecho escénico: los actores y las actrices.
Si el equipo funciona, el espectáculo funciona.
El autor sólo se tiene a sí mismo. Por tanto,
se considera el carácter creativo del director
en cuanto hay una recreación, una reescritura,
pero nunca es una creación en un sentido absoluto.
(La auténtica creación surge de la “nada”,
o de un cúmulo de “influencias”). Comprendo
que muchos directores reivindiquen una parte
de los beneficios del espectáculo, pero no
creo que deban restarse a los del autor. En
todo caso, a los de los “productores”. Debería
ser un asunto privado, de mutuo acuerdo, entre
directores y productores.
3.- El teatro tiene unas leyes muy extrañas.
Es un espacio excelente para tratar temas
polémicos pero al mismo tiempo cuesta mucho
dar una visión coherente de la más rabiosa
actualidad. En nuestro país, sólo Boadella
(pocos autores más) es capaz de tratar temas
y personajes reales. Es difícil, por ejemplo,
escribir un diálogo entre Aznar y Ana Botella,
o una escena en un consejo de ministros. Shakespeare
ya lo advirtió cuando para explicar la situación
política y social de su tiempo, recurría a
la historia de Grecia y de Roma. No sé qué
pasa en el teatro, pero a mayor proximidad
con la realidad, mayor alejamiento de la verosimilitud.
Es una paradoja.
Calixto Bieito Director del Teatre Romea
1.- Aporta las ideas, la imaginación y la
pasión. El director normalmente ocupa una
misión de empuje de un proyecto. En las buenas
experiencias teatrales se trata de una pieza
más, de un arte concebido como un trabajo
en equipo.Es evidente que un director no puede
hacer un espectáculo solo.
2.- Los directores siempre deberían hacer
un trabajo creativo, por definición. Normalmente
“creador” es una palabra que me produce bastante
reparo, me evoca a mis tiempos de los jesuitas;
una vez aclarado esto, creo que la relación
de un director con un autor vivo adquiere
la dimensión de intérprete y cuando el autor
no está, caso de los clásicos, el director
reinventa al autor.
3.- He tratado todo tipo de temas en mis espectáculos
y si he hecho unas obras es porque sus contenidos
me apasionaban. Normalmente escojo los títulos
de mis producciones.
Albert Boadella Autor y director de Els Joglars
1.- En principio, la aportación de un director
de escena convencional es hacer comprensible
y darle el máximo relieve a la obra de un
autor. Sería igual que un director de orquesta
cuando intenta que luzca al máximo una partitura
de Beethoven. Pero hay otra cuestión. Yo,
como autor, sólo respondo de mis actos, no
tengo que responder ante ningún autor. Me
puedo manipular constantemente, al igual que
los actores me manipulan a mí. Sí creo que
el protagonismo del director ha perjudicado
en parte a los actores, los únicos imprescindibles
en el teatro. El teatro es sobre todo el arte
del actor, puede faltar incluso el autor,
pero nunca el actor. Y luego creo que el protagonismo
del director ha cabreado bastante a los autores.
Es un juego muy ilegítimo, una estafa, cuando
un director coge una obra y hace lo que le
da la gana. O se es dramaturgo o director
o las dos cosas pero hay un tipo de director
que ha usurpado el papel del autor sin serlo.
2.- Supongo que el asunto de la creatividad
del director se refiere a cobrar derechos.Entiendo
que un director reclame ciertos derechos de
autoría de una obra colectiva, pero también
los autores e incluso cualquier otro que participe
en el proceso colectivo. Reparto los derechos
de autor con los actores de mi compañía e
incluso con el escenógrafo si la idea ha sido
suya. La autoría en el teatro es un hecho
diverso.
3.- Para mí el tema del amor ha sido difícil
porque está muy manido por el cine, así que
me cuesta mucho tocarlo. Tema peligroso en
nuestro país es el terrorismo, te juegas la
vida. Luego está el tema del Rey, que está
protegido por ley. Y ahora resulta arriesgado
el islam.
Joan Lluís Bozzo Director de Dagoll Dagom
1.- El director es el responsable de dotar
al espectáculo teatral de un punto de vista.
Por una parte está el texto del autor y por
la otra todo el equipo artístico y técnico
que compone un espectáculo teatral. La labor
del director es unificar todos los criterios
en una sola dirección, según su visión del
texto. El director también es el responsable
de ayudar a los actores a dar a luz a su personaje
en base a sus explicaciones. Es el eslabón
que une las dos dimensiones del texto con
las tres dimensiones de la escena.
2.- Considero que un director es un artista
que trabaja a partir de materiales diferentes
y que debe contar con toda la libertad de
creación. En este sentido, creo que la propuesta
textual del autor no tiene por qué ser prioritaria.
A mí siempre me ha interesado más el trabajo
de un director discreto que no el trabajo
de un director cuya puesta en escena pretende
pasar por delante de todos los demás elementos
dramatúrgicos. Me interesa que el espectador
perciba el texto de la manera que yo creo
que es más correcta. Si quisiera gozar de
un protagonismo textual me dedicaría a escribir
mis propios espectáculos.
3.- Algunos creadores consideran que su misión
es derribar temas tabúes (el sexo, el poder,
la religión) y otros, como yo, no lo creen
prioritario. Si en mi trabajo tengo que topar
contra alguna prohibición, intento salirme
con la mía, pero no considero que mi misión
histórica sea la “transgresión” que, por otra
parte, me parece un poco petulante.
Ernesto Caballero Autor y director
1.– Enorme. El beneficio a los actores también.
La aparición de esta figura viene determinada
por una necesidad del actor: al hacerse más
compleja la representación, requiere a un
“intermediario” entre él y el texto. También
se han beneficiado los autores. Esta experiencia
ha determinado en los dramaturgos otra forma
de escribir, que a partir de ahora van a contar
con los que “escriben” la escena, con los
directores.
2.- Indudablemente existe toda una autoría,
toda una creatividad en las puestas en escena.
Ello no quiere decir que se entre en contradicción
con el autor. Existen dos tendencias a este
respecto: la primera es aquella que sostiene
que la puesta en escena debe ajustarse a unos
indicadores implícitos en el texto. La otra
plantea cierta distancia con respecto a éste.
Con cualquiera de estos dos enfoques el texto
dramático puede salir fortalecido; aunque
con la segunda existe mayor riesgo de desvirtuar
las obras. Personalmente, procuro instalarme
más en el primer modelo cuando dirijo textos
inéditos de nuevos autores, y en cambio, cuando
trabajo sobre obras del repertorio me sitúo
en el segundo.
3.– Dice Chereau que el buen actor es el que
sabe sacar todo lo que detesta de sí mismo.
En mi caso me aplico esta máxima a mi labor
como dramaturgo.
Josep Maria
Flotats Actor y director
1.- Si hablamos de directores como José Luis
Alonso, Strehler, Stanislavski, Jean Vilar,
etc... la aportación es colosal. Obviando
el talento, fenómeno inextricable, hablaríamos
entonces de cultura, rigor, honestidad y compromiso.
Un programa de tal altura no dejaría de incentivar
a las compañías, motivar a los autores, mejorar
a los actores y en este caso, el protagonismo
del director sería percibido como maestría.
2.- Ninguno de los grandes directores antes
citados reivindicaron creatividad alguna,
la demostraron. Si después de haber tenido
el privilegio de ver representada una obra
del repertorio universal dirigida por Strehler,
la comparamos con la misma obra dirigida por
otro, rarísimas veces éste soportará la comparación.
Siempre preferiremos a Strehler. La creatividad
habla por sí sola. ¿Las implicaciones prácticas
que tendría reconocer la creatividad? llenar
o no el teatro. En estas condiciones ¿qué
autor rechazaría a Strehler y un teatro lleno?
3.- Siempre, desde los griegos, la voz del
poeta ha provocado la reflexión, el debate,
la crítica, el cuestionamiento, siempre ha
sido un revulsivo contra la intolerancia y
los fanatismos, siempre ha reivindicado la
libertad y la dignidad del hombre y naturalmente
ha topado con el poder. Hablamos de teatro,
del gran teatro, del teatro de verdad, claro
está.
Joan Font Director de Comediants
1.- El director es un catalizador de energías:
debe estar al servicio del actor y de la globalidad
del montaje, dar el ritmo adecuado a la representación
e intentar que la fusión de los aspectos formales
y de los contenidos sea coherente y responda
plenamente a la lectura de la obra que se
ha propuesto llevar a cabo. Una de sus principales
responsabilidades es ayudar a los actores
a encontrar el camino para insuflar vida al
personaje. Es una relación de intercambio
en la que los actores y el director comparten
dudas y certezas. El teatro es un trabajo
de equipo y no hay una separación de roles
ni una jerarquía. Para analizar adecuadamente
el protagonismo del director hay que distinguir
entre diferentes formas de creación: a/ La
forma clásica. Puedes intentar que la letra
impresa cobre vida en el escenario, lo cual
no es nada fácil. A veces el director realiza
o colabora en la adaptación o la dramaturgia
y se convierte en co-autor de una obra nueva.
b/El proceso de creación de un espectáculo,
desde la idea primigenia hasta la representación.
En estos casos, el director es la figura que
cohesiona y da unidad a las aportaciones del
resto del equipo y, al tener una amplia perspectiva
de la trayectoria de la compañía, se enfrenta
al reto de hacer evolucionar su lenguaje y
su estilo.
2.- El autor aporta la materia prima, la base,
es decir, el texto. El director aporta su
visión particular, una lectura de dicho texto.
Es evidente que realiza una labor de carácter
creativo. En algunos casos en que adapta o
modifica un texto se le puede considerar un
co-autor. En Comediants, generalmente el director
se implica desde la primera idea y por tanto
comparte la autoría de la obra junto al dramaturgo,
el compositor o el coreógrafo. Por tanto,
el hecho teatral no se basa sólo en el texto.
Si fuera así, estaríamos hablando de un programa
radiofónico.
3.- La violencia manifestada de forma evidente
me resulta difícil de asimilar en un escenario.
Me gusta crear mundos mágicos, sugerir a los
espectadores un imaginario quimérico y comunicarme
con ellos a través de las emociones.
Rodrigo García
Autor y director de La carnicería
1.-¿Qué es un director? ¿Alguien que le dice
a un actor: mira cómo hago esto y cópialo?
¿Esa actitud puede beneficiar a alguien? Sólo
salen ganando actores, directores, escritores...
Antes pensaba que la obra era una cuestión
del director de escena, jamás del autor. Ahora
creo que el dueño por excelencia de la obra
es el intérprete, que tiene la capacidad de
hacer vivir la comunicación en el teatro.
El concepto de autoría debe ampliarse. Necesitamos
actores-autores. Directores-autores. Y autores-autores,
que es paradójicamente lo más difícil, ya
que el autor es el más lejano al momento en
que ocurre el teatro. Soy autor y soy director,
además de escenógrafo y técnico. Cuando otros
montan mis obras me da miedo, sé que me espera
el respeto. Los directores aseguran que respetan
al autor y en realidad lo que están diciendo
es: no tengo ideas propias, no tengo una visión
personal de las cosas, solo sé poner los muebles
en orden y lograr que al final aplaudan. Si
en cambio me encuentro en escena con un mundo
más amplio que el que he plasmado como autor,
pienso que ha merecido la pena que ese director
partiera de mi obra. Lo sensato sería la proliferación
de equipos de trabajo donde no se sepa, no
se reconozca quién es quién. El anonimato
a favor de la obra. Si tenemos directores
con calidad de creadores, es probable que
eso sea estimulante para actores y compañías.
Pero ¿dónde están metidos esos directores
con estéticas diferenciadas, propias?
2.-El director de escena que no se reconozca
como creador, mejor que dirija el tráfico
o pite un Valladolid-Depor.
3.- El verdadero problema del teatro no son
los temas difíciles, sino lo tímido de su
tratamiento por parte de directores, autores
y actores. El peor de los males del artista
es el pudor. En Europa estamos hasta arriba
de obras pudorosas. Da asco. Si sientes pudor
y has elegido el arte, estás loco.
Mario Gas Director
Pregunta y respuesta previa: ¿Hablamos de
teatro de texto? ¿No verbal? ¿Performances?
¿Fusión? En cualquier caso el teatro se diferencia
totalmente de la literatura dramática...y
ahí entra el equipo teatral, y entre ellos
el director... cada espectáculo es diferente
aunque se base en el mismo texto. Esa es una
de las grandezas del teatro.
1.- Mucha. Puede ser beneficiosa... inerte...
y/o nefasta. Sí en muchos casos, tanto para
actores, autores y compañías. Pero cuando
su protagonismo se convierte en megalomanía,
narcisismo no analítico, endiosamiento ...
puede encarcelar la verdadera respiración
de los espectáculos y de las gentes que lo
conforman.
2.-Es obvio. Él amalgama, propone, unifica,
busca; es un tercer ojo con vocación de contador
de historias, partiendo de una realidad textual
que se modifica por obra y virtud de todo
el equipo. ¡A la creación por la artesanía!
¡Desconfiar del “genio a botepronto”! ¿Derechos?
todos para todos. Disciplina, rigor, búsqueda...
3.- El teatro plantea preguntas, convoca fantasmas...
el tabú, sea el que sea, siempre es coyuntural
y cultural y debería estar en la base de estas
interrogaciones existenciales, sociales, ideológicas,
políticas, poéticas, humanas, teatrales. ¿Mis
tabúes? Queda para otra encuesta.
José Luis Gómez Actor y director
1.- Coherencia de las partes, unidad y musicalidad
interna del espectáculo, respeto al autor.
Sobre si ha beneficiado a los actores el progresivo
protagonismo del director, cualquier actor
necesita, en su proceso creativo, la compañía
de un director escénico que le ayude y le
encamine. Las revoluciones teatrales del primer
tercio de siglo las emprendieron, en su mayoría,
directores que eran actores y que, además
de concebir la representación como un hecho
artístico, revolucionaron, mejoraron y dignificaron
la actuación y la formación.
Cuando las obras estaban a la merced de los
primeros actores, estos las desequilibraban
a su favor. Los grandes directores tenían
, y tienen, la disposición e intuición de
aprecio por la palabra y los nuevos mundos
de los poetas del teatro, los dramaturgos.
Que estos talentos no abunden, no contradice
el aserto. Y evidentemente las compañías,
los grupos, se forman siempre en torno a una
personalidad creadora que, en la mayoría de
los casos, es un director.
2.- Los directores que son creadores, tienen
razón al reivindicarlo. Su función no consiste
en ordenar los desplazamientos de los actores,
elegir un escenógrafo o un figurinista, o
dirigir la luz. Su función es la creación
del mundo físico, plástico, las atmósferas:
elaborar las metáforas materiales y espirituales
que desprende el texto. Un buen director desvela,
desentraña y otorga, junto con sus actores,
vigencia física a la obra literaria. Un mal
director la destruye. La autoría de los directores
debería ser reconocida, como lo es en la música.
Tan creador es un director como un intérprete,
a diferentes niveles, por supuesto.
3.- El teatro, que yo sepa, ha tratado todos
los temas, excepto la clonación de las hormigas
rojas.
Ricardo Iniesta Director de la compañía Atalaya
1.-El siglo XX ha marcado un antes y un después
en la historia del teatro y si éste sigue
vivo al terminar la centuria, pese al cine,
la televisión o el fútbol, es gracias al director
de escena que lo ha reformado devolviéndolo
a su idea original, el espectáculo ritual,
a la idea del teatro como arte. De hecho si
no hubieran aparecido directores como Antoine,
Meyerhold, Stanislavski, Grotowski, Kantor...,
el teatro se hubiera convertido en algo fosilizado.
2.- Absolutamente creativo. En sus orígenes
eran los autores los que dirigían sus obras,
aunque hay excepciones. Hoy, sin embargo,
hay autores que no dirigen y tienen la osadía
y la desfachatez de exigir que su texto sea
intocable. Para mí el texto es el motivo sobre
el que dibujo, pero el trazo lo decido yo.
Puedo ver dos versiones de Hamlet, una dirigida
por Bergman y otra por un aficionado. El texto
es el mismo, pero seguro que la diferencia
estará en la maestría con la que Bergman la
ha montado.
3.- Lo que peor funciona es la reproducción
de lo cotidiano. Para eso ya existe el cine,
la televisión. Para reproducir la actualidad
prefiero recurrir a los mitos clásicos. Todo
lo que carezca de metáfora me resulta ineficaz
en el teatro.
Jordi Milán Milán Autor y director de La Cubana
1- Creo que la mejor aportación es haber recuperado
la figura del director–creador. Eso beneficia
a todo el mundo, a autores, actores, compañías
... Quedan lejanos los tiempos en los que
el director de escena era “un mandao” contratado
por un productor o por una “primera figura”
para hacer lucir sus “dotes interpretativas”.
Ahora el director aglutina y ordena el trabajo
de todos los creadores que forman un espectáculo.
2- Es un trabajo creativo. Un espectáculo
no es sólo un texto, es un conglomerado de
muchas cosas.Un guión solo no va a ninguna
parte, como tampoco va a ninguna parte un
buen director sin unos buenos actores. Toda
persona que interviene en un espectáculo es
en realidad un creador. Es una historia que
crean cada noche todos los que participan
en ella. Quizá yo no sea el más adecuado para
opinar, pues soy director y autor de los espectáculos
que dirijo y todo queda en “el mismo saco”,
pero creo que no entra en ninguna contradicción
con los autores. Los autores ya estamos bien
respaldados. Los músicos también. No sería
tan difícil buscar una fórmula para respaldar
también al director y al resto de los creadores.
3-Pienso que “a priori” no existen temas “tabú”
(o al menos no tendrían que existir). Otra
cosa es que tu quieras tocas un tema y como
en esta profesión siempre dependemos del “San
Dinero”, te encuentres que los que llevan
el pendón en la profesión del “Santo” no les
gusta que lo toques y no te lo dejan tocar.
Miguel Narros Director
1.- El director ha aportado una renovación
del arte teatral, una rehabilitación de la
escena. Así lo han demostrado artistas como
Piscator, Strehler, Brecht, Stanivslavski.
Y una de sus funciones es la de estar al servicio
del actor, cuya personalidad siempre debe
estar. A través del análisis del texto en
conjunto, el director llega al personaje,
y le brinda esta enseñanza al actor. Hacemos
un análisis distinto al del autor, es decir,
hacemos una escritura escénica distinta a
la escritura literaria, y lleva a conclusiones
distintas a las del autor.
2.- El trabajo del director es otra forma
de escritura. Y como ese trabajo es absolutamente
creativo debe ser remunerado, el director
debe sacar unos beneficios de eso, por lo
que se debe llegar a un acuerdo para compartir
los derechos de autor. La puesta en escena
es un acto creativo. Quién le negaría eso
a Piscator, a Brecht... que además adquirieron
un compromiso social.
3.- Hay algunos temas, como el terrorismo,
que son un arma de doble filo. En mi caso,
no me gusta tratar temas inmovilistas como
la religión, porque debo hacerlo desde mi
punto de vista e inevitablemente tengo que
atacar a sacerdotes, curas... Las religiones
son muy primitivas.
J. C. Pérez de la Fuente Director del C. D. N.
1.- El director debe saber utilizar todos
los signos teatrales para contar su historia,
para dialogar con el público. El concepto
de protagonismo es perverso porque el teatro
es un arte colectivo donde cada creador desarrolla
un trabajo en función de una determinada lectura
propuesta por el director de escena. Es cierto
que en los últimos tiempos el director ha
adquirido más notoriedad pública pero no para
quitarle protagonismo al actor ni al autor
sino para ocupar el lugar que le corresponde.
Eso sí, un buen director de escena nunca debe
anular a un actor profesional, como tampoco
el actor debe ensombrecer la propuesta del
director. Y para un autor es beneficioso que
un director monte sus obras, porque un director
que elige en libertad un texto es porque le
atrae ese universo y quiere enriquecerlo.
2.-El destino de la literatura dramática es
la escena, y el encargado de realizar ese
tránsito es el director de escena. El director
es autor en tanto que es el creador de un
montaje en un tiempo teatral histórico a partir
de la semiótica teatral. Muchas son las dificultades
para llevar a la práctica su reconocimiento
legal, lo cual no quiere decir que no se le
deba reconocer como creador. Los autores,
vivos y muertos, tienen perfectamente legislados
sus derechos. Creo que no hay contradicción
con ellos sino complementariedad.
3.- Lo más difícil es reflejar en un escenario
un conflicto cuando éste todavía se está generando
en la sociedad. Por eso muchas veces recurrimos
a textos clásicos. En el teatro caben todas
las utopías, todos los fracasos, pero estar
en el epicentro de un conflicto impide mantener
la perspectiva para realizar un teatro que
no sea efímero.
Gustavo Pérez Puig Director del Teatro Español
1.- Siempre he pensado que el director debe
ser un adelantado que corrija defectos, potencie
el espectáculo, elija los elementos más idóneos
(actores, escenógrafo, figurinista...) para
servir el texto y que éste llegue al espectador
con la fidelidad que soñó el autor. El protagonismo
del director ha beneficiado a los actores
en algunos casos, aunque en la mayoría no.
Los excesos y el ansia de protagonismo de
algún director han convertido a veces a los
actores en meros muñecos, enterrados por elementos
abrumadores, superfluos y que difuminan la
interpretación. Y en relación con los autores,
creo que éstos desean que sus obras suban
al escenario. No puedo pensar que ningún escritor
piense al fabricar una comedia en ningún director,
con cuidar que su texto y su pensamiento lleguen
a los espectadores tiene bastante. En los
últimos tiempos es imposible imaginar un espectáculo
de categoría sin que haya un director solvente.
2.- Según lo que se considere creatividad,
pero el que quiera crear en serio y de verdad
debe escribir su propia obra y no arrogarse
derechos de talento maravilloso para traicionar
al autor. El director debe ser una correa
de transmisión entre el creador y el espectador
y esta labor hecha con talento, entusiasmo,
tesón y fidelidad me parece suficiente, lo
demás son ganas de adornarse con plumas de
pavo real.
3.- Jamás he tenido temas tabúes. Siempre
he hecho lo que me ha gustado y de los géneros
más diversos. Nunca he prescindido de algo
que me satisfaciera, por eso he hecho desde
Mihura a Alfonso Sastre, desde Muñoz Seca
a Buero Vallejo, Gala, Guillén de Castro,
Valle Inclán, Zorrilla, Marsillach o Jardiel
Poncela. Mi único tabú ha sido que no me gustara
el texto.
Helena Pimenta Directora de Ur Teatro
1.- Sus aportaciones al teatro moderno son
numerosas y difíciles de resumir. Su labor
define el teatro moderno como un arte de equipo
que se inicia con el texto del autor y culmina
con la representación ante el público. Es
su responsabilidad trazar las líneas maestras
de la puesta en escena y ejecutarlas aunando
los talentos individuales en un acto de creación
común. Su actuación ha de garantizar la coherencia
entre el origen, –el texto del autor–, los
medios –actores y demás oficios teatrales–
y la sensibilidad del público. Las tareas
del director aportan profundidad a la lectura
de los textos, ayudan a la expresión del talento
de los actores, abren caminos a los diferentes
creadores y potencian en definitiva la coherencia.
2.-Es sin duda un trabajo de creación y como
tal ha de ser considerado. Esto implica pertenencia
del resultado a dicho creador y la imposibilidad
de que sea alterado caprichosamente por diversos
motivos en las diferentes representaciones.
3.- Elijo las obras porque me interesan y
porque siento la necesidad de trabajar en
ellas en un momento determinado. Igualmente,
pongo el acento en los temas que la obra señala
y que el equipo consideramos destacables.
Nunca he sentido que estaba esquivando ninguno,
aunque seguramente lo haga al no elegir determinadas
obras o no privilegiar ciertos temas.
José Carlos
Plaza Director de escena
1.- Aporta objetividad sobre la actuación
subjetiva del actor, creatividad de un lenguaje
escénico, coordinación de los diferentes elementos
del hecho teatral, interpretación ideológica
y estética de un texto y adecuación a las
necesidades actuales de la sociedad. La figura
del director ha existido desde los tiempos
de Tespis. El beneficio o perjuicio de éste
sobre las otras figuras depende –como en todo–
de las personas y de las circunstancias.
2.- El director crea un lenguaje escénico
que tiene como instrumento las emociones,
silencios, movimientos, comportamientos, intencionalidades,
energías, formas, materiales, luces, sonidos,
colores, etc, y, sobre todo, coordinación
de ese lenguaje, análisis y conclusiones en
relación con el mundo de hoy. Por tanto las
implicaciones prácticas de ese reconocimiento
sería que conste su autoría en el Registro
de Propiedad Intelectual y entrar a formar
parte del reparto de los derechos de autor.
Los derechos de un autor literario son intocables.
Los derechos de los directores son derechos
paralelos y también intocables. Es un enfrentamiento
inexistente. ¿Es que no hay diferencia entre
un texto escrito y una representación? Indudable-
mente. Luego, ¿dónde está la contradicción?
Habría que añadir que los derechos de creación
del hecho teatral no son sólo los de los autores
o directores, sino también los de los escenógrafos,
figurinistas, etc.
3.- Durante la época negra franquista, los
de todos. Hoy es difícil hablar del ser humano
y de su sociedad, de sus problemas y de sus
necesidades, ya que parece ser que algún poder
fáctico está consiguiendo que la gente sólo
busque la diversión banal y que el pensamiento
no alcance altura mayor que la de un animal
de compañía.
Carme Portaceli Directora
1.-Conocemos el teatro sólo por lo que ha
quedado, el texto escrito; pero lo que caracteriza
al teatro de cada época son las puestas en
escena, así como las escenografías. En el
teatro la lectura de una obra es determinante
para la manera de explicarla. No se ha comprendido
que es un arte colectivo; hay tareas, no jerarquías.
A los autores sólo les podría incentivar trabajar
para realidades concretas como pasa en los
lugares de más tradición de Europa: compañías,
teatros, actores y, por supuesto, directores.
No sé si las compañías existirían sin directores
que pudieran marcar una línea (es su tarea).
2.- ¡Es de carácter absolutamente creativo!
Es como si dijeras que un arquitecto no es
un artista. Claro que los hay que sólo son
constructores. Es un trabajo creativo porque
trata de la creación y la transmisión con
un lenguaje artístico. La autoría de un texto
es la autoría de un texto, y la autoría de
una puesta en escena es la suya propia. Sólo
es una cosa perversa cuando entran en juego
los intereses económicos.
3.- Hay muchos temas difíciles; los sentimientos
es un tema difícil y complejo para mí. Hablo,
claro está, desde un planteamiento riguroso
y profundo, que haga que los personajes y
la historia que explicamos sea “real” y pueda
“interesar”, no de una feria de tópicos. Lo
que me gustaría es poder imitar un día a Brook,
Bergman, Gruber, Peter Stein... aquellos que
han logrado desaparecer de su obra y han conseguido
explicarla de verdad.
Àlex Rigola Director
1.- Su aportación es la de ser una parte más
del engranaje teatral, un creador más, igual
que los actores o autores, pero su particular
característica es la de fundir todas las creaciones
(actores, autor, escenógrafo, iluminador...)
en una sola.
2.-Por supuesto que su labor es creativa.
El trabajo del director comprende también
la función de creador-autor. Recordemos que
el texto original no es teatro en sí, sino
la base para realizar un espectáculo, que
es realmente la finalidad misma del teatro.
3.-Para mí los temas difíciles son esos que
me alejan de la actualidad, de lo que pasa
hoy en día en todo el mundo, los que no me
hacen meditar ni reflexionar, los que no denuncian,
los que tratan al público como auténtico subnormal.
En ese sentido la mayoría de textos shakesperianos
sólo me facilitan el trabajo. En cambio todo
el trabajo arqueológico por recuperar textos
que hablan sobre el honor y tonterías por
el estilo, lo seguiría manteniendo fuera del
alcance del público, no fuera que cogieran
una enfermedad: la deserción de los teatros.
Multitud de chavales llevados a ver ciertas
“maravillas” rupestres sólo facilitará que
no vuelvan a pisar una platea.Háganme caso,
no abran tumbas faraónicas o la maldición
de algún neandertal caerá sobre nosotros.
José Tamayo Director de la Cia. Lope de Vega
1.- La aportación de una creatividad propia,
que promueve a un también conjunto de creatividades,
buscando un rendimiento máximo porque el Teatro
es el Arte de representar. Ha beneficiado
al Teatro mismo: a los autores, a los actores,
escenógrafos, figurinistas, músicos etc...,
porque el conjunto de todos ellos es el Teatro.
2.- ¡Naturalmente!. Sin creatividad, ¿en qué
consistiría su trabajo? ¡Cuántas obras habrá
salvado un director! Porque lo contrario es
imposible. Un buen texto no hay quien se lo
cargue.
3.- ¡Todos!