REPORTAJE El valor del teatro para niños Las obras para alumnos de educación
infantil empiezan a extenderse en España como complemento
pedagógico
LOLA LARA - Madrid
EL PAÍS - 15-12-2003
Las obras para alumnos de educación infantil empiezan
a extenderse en España como complemento pedagógico
(ULY MARTÍN) ampliar
Una experiencia poética y sensorial para niños de tres meses
a seis años". Así definen sus creadores, la compañía madrileña
de teatro La Casa Incierta, el espectáculo Pupila de Agua,
que acaba de estrenarse en Madrid, donde ha celebrado un ciclo
de representaciones para guarderías y escuelas infantiles
y con el que girarán por algunas ciudades españolas y extranjeras.
Aunque en España es novedoso, el teatro para bebés no es
desconocido en países próximos; Francia, Italia y Bélgica,
sobre todo, trabajan desde hace años en este territorio de
la creación artística, que se funde, por partida doble, con
el ámbito educativo. Por un lado, porque los artistas que
se sumergen en él se alimentan en parte del trabajo
realizado en los centros educativos y por otro, porque un
buen número de sus espectadores llegan a través de los mismos,
en funciones reservadas para grupos, en días y horarios lectivos.
La Biennale de Lyón (Francia), un certamen internacional
que reúne una selección de montajes, llevó al circuito off
de su edición de 1999, una rara avis, el espectáculo Et
rond, et rond, de la compañía francesa Lulubelle, recomendado
para bebés y mujeres en avanzada gestación. El anuncio de
la propuesta provocó sorpresa, curiosidad y buena dosis de
escepticismo, a pesar de que ya existían estudios sobre la
capacidad del feto para percibir la música o los efectos que
ésta puede provocar en un niño de días.
Aquel montaje cosechó éxitos, viajó a diferentes países y
en España se pudo ver dentro del festival Teatralia, en Madrid,
que ha programado en años sucesivos una decena de propuestas
escénicas (teatro, música y danza) para niños de tan corta
edad. De estos antecedentes, entre otros, bebe La Casa Incierta
para enfrentarse a un reto artístico de primera magnitud,
comunicar con un público ajeno a cualquier norma sobre el
modo de estar en una sala de teatro. Es imprescindible interesar
a los bebés en todo momento y para eso hay dos requisitos
formales: que la obra dure en torno a media hora, tiempo máximo
estimado por expertos para retener la atención de un bebé,
y que no haya más de 30 espectadores por función, para que
la cercanía física con los intérpretes propicie la comunicación.
El tercer requisito, la calidad de la propuesta. El teatro
para bebés, más que ningún otro, debe ser un mecanismo de
precisión. Y reclama un intenso proceso de búsqueda como el
que el director de la obra, Carlos Laredo, y las dos actrices
emprendieron en varias escuelas infantiles "con proyecto pedagógico",
algunas, de integración de niños sordos; "fue un trabajo",
dice Laredo, "muy fecundo y nutritivo. Allí nació el germen
de la búsqueda de comunicación por otras vías".
Laredo reconoce que estas propuestas conllevan la pregunta
de si un bebé puede entender algo. Su respuesta parte de la
convicción de que "la intelección no es sólo una forma de
compresión lingüística, de carácter sintáctico, semántico
o semiótico. Reducir la percepción del ser humano a su capacidad
de entender el lenguaje de las palabras, y reducir su comprensión
al análisis narrativo, es restringir el resto de las capacidades
comunicativas no verbales".
También el desarrollo de las representaciones resuelve el
interrogante. Impresiona observar que niños de tan corta edad,
que ven teatro por primera vez, no sólo se mantengan pendientes
(y sin apenas pestañear) de principio a fin, sino que además
expresen emociones, provocadas por lo que ocurre en escena.
Y eso que Pupila de Agua no es una obra fácil, fundamentada
exclusivamente en lo sensorial, como muchas creaciones para
estas edades. El montaje posee diversas capas de dramaturgia;
en la argumental, habla de una niña que no sabe llorar, a
pesar del clima de desolación que la envuelve, y muestra el
trayecto vital que finalmente permite expresar emociones y
sentimientos. Otra estaría contenida en la poética del agua
y el cristal, el misterio de los silencios, que trufan la
obra, y la última etapa de la creación "pasa por encontrar
los elementos que tienen que ver con la cultura de uno mismo,
como son las parcas
[diosas del parto y el nacimiento], que tejen los hilos
[en referencia a la imagen con la que arranca la obra]",
dice Laredo.
"Es muy interesante y arriesgada", valora la obra una de
las educadoras que acude con un grupo de niños, "en algún
momento se veía que les provocaba cierta inquietud, pero sin
embargo no la rechazaban; seguían atentos. ¿Sorprendente?
Sí y no; a esa edad, se es particularmente receptivo". (Información:
www.lacasaincierta.com)