Pese a estos homenajes y actos concretos, los dramaturgos
españoles claman para que cambie su situación. Autores como Ernesto
Caballero, que ha renunciado a su candidatura como mejor autor en
los Premios Max, denuncian su situación, secundado por Jesús Campos,
presidente de la Asociación de Autores Españoles: 'Estamos
despreciados, los empresarios están en contra del autor español y
los directores de teatros institucionales nos dificultan el acceso',
asegura Caballero. 'Hay una falta de respeto hacia nuestros autores.
Sólo vemos piezas dobladas del inglés', afirma Jesús Campos.
Caballero optaba a los Premios Max de este año. Estaba incluido
en la lista por Pepe el Romano, la sombra blanca de Bernarda
Alba, pero ha decidido no concurrir. 'No persigo nada con ello.
Sólo es una llamada de atención porque creo que las cosas no están
bien planteadas. Son unos premios para los empresarios, que no nos
quieren y nos desprecian y están organizados por una sociedad, la
SGAE, que se supone que nos tiene que defender a nosotros',
dice.
Desde la SGAE, que el pasado año incorporó 381 nuevos dramaturgos
a un censo que llega ya a la cifra de 6.111 autores de gran derecho,
es decir, dedicados a las artes escénicas, de los que 2.487
recaudaron dinero en 2001, se respeta la actitud de Caballero, pero
se asegura que no están dispuestos a entrar en ningún 'juego de
camarillas'. Según Antonio Alférez, director de comunicación de la
sociedad, 'los Premios Max nacieron para reivindicar el quehacer de
todos los sectores teatrales y han conseguido un gran prestigio
entre el público por ser plurales, limpios y democráticos'.
Pero Campos apoya a Caballero en esa reclamación: 'Lo hago a
título personal. Creo que los autores, en los Premios Max están
tratados como una nebulosa, no se les da realce cuando son en
realidad el alma del teatro', dice. La crítica no queda ahí, también
se sienten despreciados en las programaciones de los teatros
públicos: 'Los directores de esos teatros no cuentan con nosotros en
sus temporadas', dice Caballero.
Andrés Amorós, director del Instituto Nacional de las Artes
Escénicas y de la Música (Inaem), dice comprender su malestar, pero
afirma que en teatros de la red del Inaem se han programado. 'De los
sectores del teatro, los autores son de los más maltratados. Hay que
preguntar a los empresarios por qué. De todas formas, en los teatros
públicos se ha programado estas temporadas a Francisco Nieva,
Fernando Arrabal, Sanchis Sinisterra y otros', cuenta. Y anuncia más
apoyos para el colectivo, consciente de una situación de desventaja:
'Para el presupuesto del año que viene incluiremos un apartado de
ayudas especiales para los autores españoles vivos', anuncia Amorós,
que fue responsable el año pasado de un presupuesto de 31,7 millones
de euros para el teatro.
Las obras más vistas
Las cifras de espectáculos más vistos también ponen de manifiesto
que los autores españoles vivos no forman parte relevante de los
gustos del público. De las cerca de 38.000 representaciones en la
temporada 2000-2001, las obras preferidas por los 2.645.869
espectadores fueron el musical La Bella y la Bestia
(302.388), Eloísa está debajo de un almendro (113.743) y
Jekyll y Hyde (94.613). Frente a estos datos, los autores
aducen la falta de apoyo de los empresarios. 'El teatro es riesgo, y
los empresarios lo rehúyen', dice Campos.
Entre los actos celebrados ayer, se presentó la última obra de
Adolfo Marsilach, Extraño anuncio, escrita en 1992.
De ella se hizo una lectura dramatizada hace un año en Madrid y
ahora ha sido editada por la SGAE. La viuda del dramaturgo, Mercedes
Lezcano, explicó que 'es inquietante y misteriosa, atravesada por un
finísimo sentido del humor', informa Efe. 'El protagonista ve que se
publica el anuncio de alquiler de su casa, incluso le quieren cobrar
su propio funeral..., y nos pregunta: ¿Los seres humanos estamos
vivos o
muertos?'.