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Domingo, 27 de octubre de 2002

XXII EDICIÓN DE LOS PREMIOS PRÍNCIPE DE ASTURIAS

Los sueños cumplidos de Arthur Miller

Carlos Fuentes destaca la altura moral, política y literaria del dramaturgo estadounidense


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Arthur Miller (izquierda) y Carlos Fuentes, ayer en el paraninfo de la Universidad de Oviedo. ( GORKA LEJARCEGI )


ROSA MORA / JOSÉ ANDRÉS ROJO | Oviedo

'Mi teatro está hecho de detalles, de pequeños gestos. Me interesan las pequeñas cosas que ocurren en la relación entre las personas. Vemos los grandes problemas de una manera abstracta, pero cuando te acercas a las personas ves que están sufriendo, y eso es lo que he querido reflejar en mi obra'. Arthur Miller conquistó desde la primera pregunta que se le planteó en el paraninfo de la Universidad de Oviedo, en el que jóvenes y no tan jóvenes participaron con entusiasmo y elevado nivel en el coloquio que puso fin a cuatro intensos días de encuentros, conferencias y ruedas de prensa de los Premios Príncipe de Asturias.

¿Hay ahora en Estados Unidos con el Gobierno de Bush el mismo control que hubo durante la época de McCarthy? 'No', contestó rotundamente el dramaturgo. 'No existe control gubernamental respecto a lo que se escribe y se publica, lo que sí hay es una campaña de la Administración para persuadir a la gente de que comparta sus puntos de vista, y en esa campaña se hacen afirmaciones falsas. Grandes periódicos, como The New York Times, The Washington Post o Los Angeles Times, denuncian cada semana esas mentiras, lo que no ocurre con las televisiones, que sí son utilizadas y orientadas para convencer a los ciudadanos de las posiciones del Gobierno'.

Miller, preguntado sobre si escribirá sobre la situación que se vive actualmente tanto en Estados Unidos como en el resto del mundo, dijo: 'Necesito muchos años para escribir mis obras y, de momento, no entra en mis planes, pero nunca se sabe; quizá, dentro de dos días o de seis meses se me ocurrirá'. Cuando se insistió sobre su trabajo, recordó que ha terminado recientemente una pieza de teatro, Resurrection Blues. También estoy escribiendo una serie de narraciones breves y lo que pienso hacer luego es darme un buen paseo'.

Uno de los personajes de una obra de Miller afirma refiriéndose a otro: 'Tuvo sueños equivocados, totalmente equivocados'. ¿Tuvo Miller sueños equivocados? ¿Se cumplieron sus sueños?, le preguntaron. 'Siempre soñé con ser un dramaturgo, y lo soy. Antes tuve otros, pero todos contribuyeron a que me convirtiera en un autor dramático. Los he cumplido hasta tal punto que sigo escribiendo obras que nadie quiere producir. Puedo decir que he realizado todos mis sueños, aunque no hay que subestimar todos los fracasos del camino. Para ser dramaturgo hace falta tener mucha confianza y mucha fuerza para continuar, para mantenerte, para seguir adelante'.

El escritor mexicano Carlos Fuentes presentó a Miller antes de que éste iniciara su charla con el público. Fuentes recordó una fotografía de 1981 en la que aparecen varios miles de parisinos marchando hacia el Panteón. 'Entre la multitud destaca un hombre más alto que cualquier otro. Quienes le conocen pueden identificar con facilidad a Arthur Miller, la cabeza descubierta en la tarde tormentosa, el impermeable arrojado sobre un hombro, los anteojos firmemente colocados en el perfil digno de las monumentales esculturas presidenciales del monte Rushmore'. 'Pero la gran altura física de Miller, me dije a su lado aquel día de mayo en París y lo repito este día de octubre en Oviedo, sólo es comparable a su enorme altura moral, política y literaria', prosiguió Fuentes. 'Nada lo ha rebajado. Ni la tragedia personal. Ni el desafío político. Ni la moda intelectual'.


'Siempre soñé con ser un dramaturgo y lo soy. Pero no olvido los fracasos del camino'


  

'Cuando mi fe en la gran nación norteamericana se resquebraja, me basta voltear la mirada hacia Arthur Miller para renovarla', afirmó Fuentes. 'La espléndida obra teatral de Miller, toda ella, es una propuesta humana incluyente, un llamado a prestarle atención y darle la mano, precisamente, a quienes no son como tú y yo, a los hombres y mujeres que, gracias a su diferencia, completan nuestra propia identidad'.

El escritor mexicano habló de Todos mis hijos, Las brujas de Salem, La muerte de un viajante, Panorama desde el puente, Después de la caída. 'Con ellas nos ha hecho sentir que los dilemas de los hombres y mujeres de Norteamérica son nuestros, compartidos por un mundo al que Miller le dice: también hay una América herida en su humanidad, como lo estáis todos vosotros, nuestros hermanos'.

Fuentes, que llamó al dramaturgo cariñosamente Arturo, citó al escritor estadounidense William Styron. 'Dice que Arthur Miller es el Abraham Lincoln de la literatura norteamericana. Yo digo que es un Quijote en el gran escenario del mundo, probándonos una y otra vez que los molinos son gigantes y que la imaginación humana, si no puede por sí sola cambiar al mundo, sí puede, siempre puede, fundar un mundo nuevo y, con esperanza, un mundo mejor'.

'Me gustaría que todo lo que ha dicho Carlos Fuentes fuera cierto', agradeció el dramaturgo.

Arthur Miller (Nueva York, 1915) mostró durante todo el coloquio una gran claridad mental y un enorme sentido del humor. Y dejó muy claro que el impacto de las nuevas tecnologías en el mundo del libro no le quita el sueño. 'No puedo imaginarme leyendo una novela de 1.000 páginas en Internet. Siempre lo haré sentado en un buen sillón y, por tanto, la influencia de las nuevas tecnologías sobre la literatura no me preocupa lo más mínimo. Lo que sí me preocupa son los nuevos hábitos de contar historias que han surgido por las exigencias de inmediatez de la televisión y el vídeo. Cada vez es más difícil desarrollar una gran historia, todo se reduce a breves telegramas. Si todo queda miniaturizado en píldoras, se pierde la capacidad de tratar grandes temas, cuestiones complejas. No se puede contar todo a través de las imágenes y lo que, finalmente, está ocurriendo es que la gente pierde cada vez más la concentración para abordar desarrollos más sofisticados'.

Faltó tiempo para todas las preguntas que quisieron hacerle y Miller habló de lo divino y de lo humano. Incluso se permitió ser optimista respecto al conflicto entre Estados Unidos e Irak. 'Soy optimista porque he estado demasiado tiempo decepcionado. La verdad es que no creo que Estados Unidos ataque a Irak. Cuando se realicen las elecciones al Congreso en noviembre, el tema de Irak desaparecerá de los periódicos. Pese a lo complicado de la situación, tengo esperanzas de que no pase nada terrible'.


La tortura del autor de teatro

En el paraninfo se habló de todo, pero los asistentes se mostraron especialmente interesados por el teatro. Uno de ellos preguntó a Arthur Miller qué opinaba sobre la adaptación de sus obras para la pantalla grande. 'He adaptado mis trabajos en muy pocos casos, y cuando lo he hecho ha sido porque pensaba que en el cine se pueden hacer cosas que no se pueden hacer en el teatro', respondió. 'Por ejemplo, en la versión cinematográfica de Las brujas de Salem, en el cine sí se puede llenar una iglesia con gente histérica. Pero, sea cómo sea, no suelo adaptar mis obras, porque destruir lo que tanto me ha costado montar es un proceso muy doloroso. Es mejor que eso lo hagan otros'.Si a Miller no le gusta adaptar sus obras para el cine, verlas representadas también puede convertirse en una pesadilla. 'Ser dramaturgo es, en cierto sentido, una gran tortura con la que hay que tener mucha paciencia. Si se fija usted, a mí me ha hecho perder casi todo el pelo. Es muy difícil que los personajes que uno ha imaginado puedan corresponderse en la realidad con los actores que realmente existen, así que es un problema sin solución y, finalmente, uno se resigna a que se conserve el espíritu de la obra. Alguna vez encontré un actor que verdaderamente representaba al personaje que yo había inventado, pero entonces sucedía lo peor: el actor enfermó poco antes del estreno y hubo que sustituirlo por otro que estaba en el paro. Y el caso es que si estaba en paro es porque merecía estar en paro'.


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