LETRAS / ARTE / TEATRO
CINE / MÚSICA / CIENCIA

Buscar

ÚLTIMA PALABRA
Nacho Vigalondo: "Me aterra aburrir como persona tanto como cineasta"

LAS CUATRO ESQUINAS
Masas y utopía, por Eugenio Trías
Juan Palomo
¿Por qué?
Noticias breves
Citas para hoy
Exposiciones
Estrenos de cine
Discos

Sus libros en INTERNET


EL CULTURAL

todos los jueves con

 VOLVER PUBLICADO EL 18/11/2004
TEATRO

Eric-Emmanuel Schmitt
“Esta época de relativismo es la que más fanatismo puede engendrar”



Del francés Eric-Emmanuel Schmitt se han visto en nuestro país varios títulos (El libertino, Variaciones enigmáticas), pero en esta temporada van a coincidir tres de sus obras. La sala de la Princesa del María Guerrero de Madrid presenta el 20 de noviembre El señor Ibrahim y las flores del Corán, con adaptación y dirección de Ernesto Caballero. Tamzin Townsend ya ensaya con Amparo Larrañaga y Jorge Sanz Pequeños crímenes conyugales, que estrenará en enero en Málaga. Y Pérez de la Fuente vuelve a dirigir a María Jesús Valdés en Oscar o la felicidad de existir, adaptación de Nacho Artime de Oscar y Mami-Rose, cuya gira comienza en febrero en Alicante.

Antes que autor y dramaturgo de éxito –y hablamos de encabezar las listas de los más vendidos– Eric-Emmanuel Schmitt fue profesor de Filosofía, lo que explica que sus obras, de una aparente inocencia y escritas en un estilo sencillo y ágil, profundicen en temas muy humanos y universales. La editorial Obelisco ha editado en español El señor Ibrahim y las flores del Corán, Oscar y Mami-Rose y Milarepa, breves relatos de los que los dos primeros se escenifican ahora en nuestro país. Se trata de una trilogía sobre las religiones que el autor ha llamado “invisible”en referencia a los valores morales que guían al hombre. “Hay”, dice “una arquitectura invisible del mundo que nos sitúa, que nos precede, que nos acoge. Ella agita el corazón de los hombres, les mueve a actuar, a rechazar o aceptar. Esta arquitectura invisible son los valores y los principios que regulan la vida de los hombres. En la mayoría de los casos, tienen un origen religioso. Y me empezó a interesar explorar esos mundos espirituales a través de historias”. Cada una de estas historias está dedicada a una religión. Milarepa nos conduce al Tibet para descubrir el budismo. El señor Ibrahim y las flores del Corán permite seguir a un musulmán perteneciente al movimiento místico del sufismo, un movimiento abierto y liberal en el que se reza danzando con los derviches. Y Oscar y Mami-Rose enfrenta a un niño enfermo con una visitadora benévola de hospital, una mujer singular y excéntrica que es cristiana. El niño, sin raíces ni referencias y desamparado ante los desafíos de su vida, encuentra a un ser juicioso a la vez que loco, que no quiere convertirlo pero que le muestra cómo vivir bajo inspiración religiosa.

Apología del viaje
“Este ciclo expresa mi profunda curiosidad por todo lo que es humano, mi curiosidad por los otros”, continúa el autor. “En esta époco fría en la que cada uno se repliega sobre sí mismo, en la que se encierra en su comunidad si la tiene, es importante hacer apología del viaje, de la curiosidad y de la libertad”.

–¿Qué importancia da a la religión en su vida?
–Cuando tenía 20 años, en 1980, y estudiaba Filosofía en París, Dios estaba muerto y el hombre y las religiones vivían su agonía. En aquella época, un intelectual serio no debía interesarse por Dios y todavía menos por las religiones. ¿Qué ha pasado 20 años después? Dios no está muerto y estará siempre presente en el hombre en forma de pregunta. Las religiones están lejos de agonizar: inspiran la vida de millones de gentes en todo el globo y el fanatismo religioso autoriza un terrorismo escandaloso. En resumen, un honrado hombre de hoy debe inclinarse sobre las religiones, estudiarlas, conocerlas, en ellas persisten claves esenciales del comportamiento.

–Pero ¿usted practica alguna?
–Me interesan las religiones en la medida que me interesa el mundo, pero no soy una persona religiosa. En el fondo, estoy tocado por el cristianismo y medito continuamente sobre la figura de Jesús y, sin duda, me siento cristiano pero sigo un camino espiritual sin adhesión a un grupo; no rechazo ni el catolicismo ni el protestantismo ni la ortodoxia. Mi fe es nómada, una fe sin iglesia.

–Hoy, sin embargo, vivimos una época en la que impera el relativismo moral. ¿Qué efectos cree que puede tener en nuestra sociedad?
–Estamos viviendo la única época que no ofrece respuestas compartidas por todos. Cada época ha tenido un pensamiento dominante. Ya no. Cuando un adolescente pregunta a su alrededor cuál es el sentido de la vida nadie puede responderle. Es una situación confusa. Incluso cuando el espíritu de duda y el libre examen me parecen buenos filosóficamente, veo que ahora se trata de otra cosa. Antes, el espíritu crítico podía ejercerse sobre una ideología dominante, compartida; los jóvenes podían dudar de algo. Hoy no se puede dudar de nada. Ellos no tienen huesos que roer para inaugurar su vida intelectual. Asistimos entonces a una verdadera mutación de la vida contemporánea. Hoy, lo original es la afirmación, no la negación. De ahí el riesgo de escepticismo actual. De ahí la deriva terrorista. Porque el fanatismo no es sino una sobrecompensación de la duda. Nuestra época de relativismo universal es, paradójicamente, la que más probabilidades tiene de crear fanatismos.

Escritores “contagiosos”
–La trilogía tiene por protagonistas a los niños. ¿Por qué niños para hablar de religión?
–El niño es para mí el filósofo por excelencia. Él se asombra, cuestiona y reflexiona. Cuando llegamos a adultos, creemos poseer respuestas y dejamos de ser filósofos. Yo quería retomar estas cuestiones originales. Con mis lectores trato más de compartir preguntas que respuestas. Me horrorizan los escritores que gustan de colar sus respuestas, los escritores ideólogos: los llamos los escritores contagiosos porque nos contaminan con sus virus-convicciones. Las preguntas nos acercan, las respuestas nos dividen. Volvamos siempre a la pregunta antes de examinar las respuestas. Mi humanismo es un humanismo interrogativo.

–El señor Ibrahim y las flores del Corán trata de la relación idílica entre un árabe y un niño judío. ¿No cree que hoy esta relación es utópica incluso en nuestras sociedades democráticas? ¿Piensa que podría ser representada, por ejemplo, en Egipto?
–Ni por un momento creo haber escrito una utopía. Es un testimonio, un testimonio sobre la manera armoniosa de vivir de diferentes comunidades en diversos lugares del mundo, tanto en el Magreb como en las capitales europeas donde coexisten, o en ciertos barrios en los que he vivido con gentes venidas de todas partes y alimentadas de distintas formas de espiritualidad. Creáme, no hay guerra en estos lugares, no ceda a la ilusión periodística que consiste en creer que el mundo es tal y como lo cuentan los periódicos.
Por suerte, las informaciones entre musulmanes y judíos no se reducen al conflicto de Israel. Allí, en Tel Aviv, en el teatro nacional, se ha representado El señor Ibrahim... una noche en árabe y otra en hebreo. El texto sirve a los partidarios de la paz. En cuanto a Egipto, éste ha sido el primer país en traducir al árabe El señor Ibrahim ... y muchos intelectuales o actores como Omar Sharif, que interpreta el papel en el cine y que es egipcio, piensan que esta publicación será importante. Agitada, polémica quizá, pero importante.

–He leído que considera la versión cinematográfica de El señor Ibrahim... mejor que la teatral...
–No he dicho eso puesto que no lo pienso. El teatro y el cine no son artes comparables. El señor Ibrahim en el teatro apela a la imaginación del espectador mientras que en la película se sustituye la imaginación por imágenes. He dicho que aprecio mucho la película, que es emotiva y fiel, lo que no ha pasado con otras versiones cinematográficas de mis obras que detesto.

–¿Por qué escribió las obras de esta trilogía para ser leídas y no como piezas dramáticas?
–Estos textos están hechos para ser leídos. Los llamo “recitados”. En Francia, en Alemania, se montan íntegramente como monólogos, y con mucho éxito por cierto. Esto viene de lo que ya he dicho, escucho a mis personajes hablarme.

–¿En qué trabaja actualmente?
–En una novela sobre las relaciones amorosas. Es extenuante. Un día disfruto, otro sufro. Verá que estoy en fase con mi personaje...


Ernesto Caballero firma la adaptación escénica de El señor Ibrahim y las flores del Corán. La obra, que también dirige, tiene a Juan Margallo y al actor Julián Ortega, de 13 años, como protagonistas. Sin embargo, la pieza más reciente del autor, Pequeños crímenes conyugales, estrenada el pasado año en París por Charlotte Rampling y Bernard Giraudeau, iniciará en enero su gira por España con Amparo Larrañaga y Jorge Sanz. Y en febrero, María Jesús Valdés vuelve al monólogo con Oscar o la felicidad de existir, que también hará gira por el país.

PERALES, Liz

 

| Publicidad |Quiénes somos| Preguntas frecuentes | Contacta con nosotros | |
|EL CULTURAL. Editado por Prensa Europea del Siglo XXI, S.A.|Distribuido por el diario EL MUNDO|
| www.elcultural.es. Editado por EL Cultural Electrónico, S.L.|
Tno. 915 780 477