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Eric-Emmanuel
Schmitt “Esta época de
relativismo es la que más fanatismo puede
engendrar”

Del francés Eric-Emmanuel
Schmitt se han visto en nuestro país varios
títulos (El libertino, Variaciones
enigmáticas), pero en esta temporada van a
coincidir tres de sus obras. La sala de la
Princesa del María Guerrero de Madrid presenta
el 20 de noviembre El señor Ibrahim y las
flores del Corán, con adaptación y dirección
de Ernesto Caballero. Tamzin Townsend ya ensaya
con Amparo Larrañaga y Jorge Sanz Pequeños
crímenes conyugales, que estrenará en enero en
Málaga. Y Pérez de la Fuente vuelve a dirigir a
María Jesús Valdés en Oscar o la felicidad de
existir, adaptación de Nacho Artime de Oscar y
Mami-Rose, cuya gira comienza en febrero en
Alicante.
Antes que autor y
dramaturgo de éxito –y hablamos de encabezar las
listas de los más vendidos– Eric-Emmanuel
Schmitt fue profesor de Filosofía, lo que
explica que sus obras, de una aparente inocencia
y escritas en un estilo sencillo y ágil,
profundicen en temas muy humanos y universales.
La editorial Obelisco ha editado en español
El señor Ibrahim y las flores del Corán,
Oscar y Mami-Rose y Milarepa, breves relatos
de los que los dos primeros se escenifican ahora
en nuestro país. Se trata de una trilogía sobre
las religiones que el autor ha llamado
“invisible”en referencia a los valores morales
que guían al hombre. “Hay”, dice “una
arquitectura invisible del mundo que nos sitúa,
que nos precede, que nos acoge. Ella agita el
corazón de los hombres, les mueve a actuar, a
rechazar o aceptar. Esta arquitectura invisible
son los valores y los principios que regulan la
vida de los hombres. En la mayoría de los casos,
tienen un origen religioso. Y me empezó a
interesar explorar esos mundos espirituales a
través de historias”. Cada una de estas
historias está dedicada a una religión. Milarepa
nos conduce al Tibet para descubrir el budismo.
El señor Ibrahim y las flores del Corán
permite seguir a un musulmán perteneciente
al movimiento místico del sufismo, un movimiento
abierto y liberal en el que se reza danzando con
los derviches. Y Oscar y Mami-Rose
enfrenta a un niño enfermo con una
visitadora benévola de hospital, una mujer
singular y excéntrica que es cristiana. El niño,
sin raíces ni referencias y desamparado ante los
desafíos de su vida, encuentra a un ser juicioso
a la vez que loco, que no quiere convertirlo
pero que le muestra cómo vivir bajo inspiración
religiosa.
Apología del
viaje “Este ciclo expresa mi profunda
curiosidad por todo lo que es humano, mi
curiosidad por los otros”, continúa el autor.
“En esta époco fría en la que cada uno se
repliega sobre sí mismo, en la que se encierra
en su comunidad si la tiene, es importante hacer
apología del viaje, de la curiosidad y de la
libertad”.
–¿Qué importancia da a la
religión en su vida? –Cuando tenía 20 años,
en 1980, y estudiaba Filosofía en París, Dios
estaba muerto y el hombre y las religiones
vivían su agonía. En aquella época, un
intelectual serio no debía interesarse por Dios
y todavía menos por las religiones. ¿Qué ha
pasado 20 años después? Dios no está muerto y
estará siempre presente en el hombre en forma de
pregunta. Las religiones están lejos de
agonizar: inspiran la vida de millones de gentes
en todo el globo y el fanatismo religioso
autoriza un terrorismo escandaloso. En resumen,
un honrado hombre de hoy debe inclinarse sobre
las religiones, estudiarlas, conocerlas, en
ellas persisten claves esenciales del
comportamiento.
–Pero ¿usted practica
alguna? –Me interesan las religiones en la
medida que me interesa el mundo, pero no soy una
persona religiosa. En el fondo, estoy tocado por
el cristianismo y medito continuamente sobre la
figura de Jesús y, sin duda, me siento cristiano
pero sigo un camino espiritual sin adhesión a un
grupo; no rechazo ni el catolicismo ni el
protestantismo ni la ortodoxia. Mi fe es nómada,
una fe sin iglesia.
–Hoy, sin embargo,
vivimos una época en la que impera el
relativismo moral. ¿Qué efectos cree que puede
tener en nuestra sociedad? –Estamos viviendo
la única época que no ofrece respuestas
compartidas por todos. Cada época ha tenido un
pensamiento dominante. Ya no. Cuando un
adolescente pregunta a su alrededor cuál es el
sentido de la vida nadie puede responderle. Es
una situación confusa. Incluso cuando el
espíritu de duda y el libre examen me parecen
buenos filosóficamente, veo que ahora se trata
de otra cosa. Antes, el espíritu crítico podía
ejercerse sobre una ideología dominante,
compartida; los jóvenes podían dudar de algo.
Hoy no se puede dudar de nada. Ellos no tienen
huesos que roer para inaugurar su vida
intelectual. Asistimos entonces a una verdadera
mutación de la vida contemporánea. Hoy, lo
original es la afirmación, no la negación. De
ahí el riesgo de escepticismo actual. De ahí la
deriva terrorista. Porque el fanatismo no es
sino una sobrecompensación de la duda. Nuestra
época de relativismo universal es,
paradójicamente, la que más probabilidades tiene
de crear fanatismos.
Escritores
“contagiosos” –La trilogía tiene por
protagonistas a los niños. ¿Por qué niños para
hablar de religión? –El niño es para mí el
filósofo por excelencia. Él se asombra,
cuestiona y reflexiona. Cuando llegamos a
adultos, creemos poseer respuestas y dejamos de
ser filósofos. Yo quería retomar estas
cuestiones originales. Con mis lectores trato
más de compartir preguntas que respuestas. Me
horrorizan los escritores que gustan de colar
sus respuestas, los escritores ideólogos: los
llamos los escritores contagiosos porque nos
contaminan con sus virus-convicciones. Las
preguntas nos acercan, las respuestas nos
dividen. Volvamos siempre a la pregunta antes de
examinar las respuestas. Mi humanismo es un
humanismo interrogativo.
–El señor
Ibrahim y las flores del Corán trata de la
relación idílica entre un árabe y un niño judío.
¿No cree que hoy esta relación es utópica
incluso en nuestras sociedades democráticas?
¿Piensa que podría ser representada, por
ejemplo, en Egipto? –Ni por un momento creo
haber escrito una utopía. Es un testimonio, un
testimonio sobre la manera armoniosa de vivir de
diferentes comunidades en diversos lugares del
mundo, tanto en el Magreb como en las capitales
europeas donde coexisten, o en ciertos barrios
en los que he vivido con gentes venidas de todas
partes y alimentadas de distintas formas de
espiritualidad. Creáme, no hay guerra en estos
lugares, no ceda a la ilusión periodística que
consiste en creer que el mundo es tal y como lo
cuentan los periódicos. Por suerte, las
informaciones entre musulmanes y judíos no se
reducen al conflicto de Israel. Allí, en Tel
Aviv, en el teatro nacional, se ha representado
El señor Ibrahim... una noche en árabe y
otra en hebreo. El texto sirve a los partidarios
de la paz. En cuanto a Egipto, éste ha sido el
primer país en traducir al árabe El señor
Ibrahim ... y muchos intelectuales o actores
como Omar Sharif, que interpreta el papel en el
cine y que es egipcio, piensan que esta
publicación será importante. Agitada, polémica
quizá, pero importante.
–He leído que
considera la versión cinematográfica de El señor
Ibrahim... mejor que la teatral... –No he
dicho eso puesto que no lo pienso. El teatro y
el cine no son artes comparables. El señor
Ibrahim en el teatro apela a la imaginación
del espectador mientras que en la película se
sustituye la imaginación por imágenes. He dicho
que aprecio mucho la película, que es emotiva y
fiel, lo que no ha pasado con otras versiones
cinematográficas de mis obras que detesto.
–¿Por qué escribió las obras de esta
trilogía para ser leídas y no como piezas
dramáticas? –Estos textos están hechos para
ser leídos. Los llamo “recitados”. En Francia,
en Alemania, se montan íntegramente como
monólogos, y con mucho éxito por cierto. Esto
viene de lo que ya he dicho, escucho a mis
personajes hablarme.
–¿En qué trabaja
actualmente? –En una novela sobre las
relaciones amorosas. Es extenuante. Un día
disfruto, otro sufro. Verá que estoy en fase con
mi personaje...
Ernesto
Caballero firma la adaptación escénica de
El señor Ibrahim y las flores del Corán.
La obra, que también dirige, tiene a Juan
Margallo y al actor Julián Ortega, de 13 años,
como protagonistas. Sin embargo, la pieza más
reciente del autor, Pequeños crímenes
conyugales, estrenada el pasado año en París
por Charlotte Rampling y Bernard Giraudeau,
iniciará en enero su gira por España con Amparo
Larrañaga y Jorge Sanz. Y en febrero, María
Jesús Valdés vuelve al monólogo con Oscar o
la felicidad de existir, que también hará
gira por el país.
PERALES,
Liz |