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Escribir desde la
periferia Día Mundial del Teatro:
Cronología teatral de la Democracia

Desde la transición, las
redes de teatro y los Centros Dramáticos han
jugado un papel importante. Se han promovido
talleres, residencias para autores, intercambios,
becas, que han elevado el nivel del teatro aunque
autores significativos sigan marginados. Desde
Barcelona o Madrid, sabemos del teatro de otras
autonomías. Sabemos del Centro de Artes Escénicas
de Salamanca, del de Aragón, del de Extremadura,
con Mediero, Márquez y Murillo y los jóvenes Juan
Copete, o Javier Llanos. El teatro público de
Andalucía ha sufrido complicadas
etapas.
Creado en 1989, a Roberto Quintana,
suceden Llanes y Alvarez Ossorio cuyo intento para
crear una compañía propia no fructificaría. Juan
Ruesga programaría Los borrachos, de
Antonio Álamo, uno de los éxitos del CAT. La
reciente dirección de Emilio Hernández ha brindado
atención a Onetti, estrenando La llanura de
Martín Recuerda.
Consideración específica
merece el teatro de las autonomías bilingües que
representan en su lengua autóctona (con casos
paradójicos como el del CDG que tradujo a Valle al
gallego). El CDG, dirigido por Manuel Guede, ha
promovido Mar Revolto, de Roberto Vidal
Bolaño, el más representado en Galicia o
Lugar, espléndido texto de Raul Dans.
Aunque no siempre desde el ámbito público, nuevos
dramaturgos como Xosé Prieto o Eduardo Alonso,
consiguen estrenar, mientras jóvenes de reconocido
prestigio como Pazó, Cadaval o Ángeles Cuña,
estrenan adaptaciones. Pero ¿dónde están Lourenço
o Euloxio Ruibal?.
El teatro del País
Vasco, en euskera, tiene dificultades de
comunicación, razón por la cual existen numerosas
compañías de títeres, de clown, de calle, o
audiovisuales como el éxito actual internacional
Les tambours de feu del grupo Deabru
Beltzak. El teatro de texto suele representarse en
castellano. Tanttaka Teatro, (El florido
pensil) y Markeliñe, (teatro de calle e
infantil), tienen ayudas pero en Euskadi no hay
producciones públicas. Mayte Aguirre se refugia en
la alternativa, sede habitual en todo el país de
los autores jóvenes e innovadores.
En
lengua catalana, en Valencia el teatro público se
rige por Teatres de la Generalitat, antiguo CDGV
que, fundado en los 80, se proponía ser un centro
de producción teatral para impulsar y consolidar
el teatro valenciano. Demasiadas etapas y excesiva
confusión han dado al traste con este propósito.
El balance: diecinueve producciones propias, cinco
en valenciano, y dos de autores valencianos:
Terentius, de Juanjo Prats, Una altra
Ofèlia, de Manuel Molins, uno de los mejores y
más críticos autores de la generación de los 60.
Por otra parte, iniciativas millonarias de la
Consejería de Cultura (Troyanas, Comedias
bárbaras, en Sagunto) han restado fondos para
producciones autóctonas. Quizá el recientemente
nombrado Director de Teatres de la Generalitat,
Juan Vicente Martínez Luciano al ser también
nombrado Director General pueda tener menos
interferencias y pueda llevar a cabo el propósito
inicial del CDGV.
El Teatre Nacional de
Cataluña se ha convertido en el teatro público con
mayor dotación. Pese a importantes deficiencias y
ausencias (por ejemplo Mercé Sàrries), dedica
ciclos de residencia por los que han pasado
autores jóvenes, como Albert Espinosa, Beth
Escudé, Enric Nolla, Dani Salgado, David Plana,
Carles Batlle, Gemma Rodríguez o Manuel Veiga,
autores todos muy relevantes entre las jóvenes
dramaturgias actuales.La conclusión es obvia: los
teatros públicos han buscado éxitos inmediatos
olvidando a los autores autóctonos. Quizá
debiéramos estudiar los modelos de teatros
europeos que programan un repertorio que conjuga
grandes éxitos, con los textos clásicos y de
autores contemporáneos.
RAGUÉ,
María
José |