ideal.es  
Jueves, 22 de enero de 2004  Webmail    Alertas   Envío de titulares    Página de inicio
PORTADA ACTUALIDAD ECONOMÍA DEPORTES OCIO TUS ANUNCIOS SERVICIOS CENTRO COMERCIAL PORTALES


VIVIR
OPINIÓN
Están todas las que son
Gusta ver los estrenos de las compañías de teatro granadinas. El patio de butacas se llena de gente variopinta, de entusiastas incondicionales, de aficionados anónimos pero, lo que es más llamativo, de actores de otros grupos y gente de la profesión. Ya pasó aquel tiempo en el que los grupos montaban a la defensiva con espías y recelos. Queda en la historia el grupo de Recuerda enfrentado al de Catena o Aula 6 desdeñada por los detractores de su estilo y los destemplados de su director. Ahora el rimero frutal del teatro granadino ha desatascado sus cañerías de malafollá y de envidia corrosiva para permear opiniones, aplausos y actores.

En la cúspide de esa pirámide media docena de compañías que triunfan en toda España e incluso en el extranjero. Espectadores que miran con envidia a Granada por tener compañías tan valiosas. Y en dicha cima un lugar preferente para el teatro de títeres con compañías tan señeras y aplaudidas como Etcétera, Titiritrán, Lasal... Un día habrá que concederles algún reconocimiento oficial de la ciudad, aunque sea colectivo, por la fama que le dan a Granada y a Andalucía. Un poco más abajo una decena de compañías que abarcan todos los géneros sin solaparse. Las hay de calle o especializadas en Lorca, las hay de payasos o puramente experimentales, las hay de danza con categoría internacional o de repertorio más o menos tradicional. El teatro en Granada no deja espacios vacíos.

Más abajo se abre el abanico en cien grupos de aficionados, contando los muchos de la provincia, desde el Marquesado hasta la Alpujarra y desde los Montes hasta la Vega. Algunos de ellos están dirigidos por antiguos actores de compañías profesionales y eso se nota en su afán, perfección y vanguardia. Como ejemplo Pinos Puente, Alhama, Armilla... Otros grupos, más encerrados en sí mismos, se dedican al auto sacramental o al juguete cómico, a la zarzuela o al astracán. En la esquina más experimental los grupos universitarios siempre activos, siempre renovados y ahítos de ilusión aunque ogaño parcos de provocación. En la otra esquina los amantes del pasado, de la nostalgia lírica, de la risa sencilla para fines benéficos. No está mal. Un panal de ciento cincuenta celdillas, una granada de centenar y medio de granos cada uno con su laborioso trabajo y su peculiar sabor de fábula e ilusión.

Pero los tiempos cambian. Las compañías profesionales ya no son lo que eran. Los grupos independientes que se apiñaban cabe un creador o que construían su «colectivo» son historia. Ahora el creador escoge sus actores del mercado y el productor cambia de elenco según necesidades. He visto compañías granadinas con diferentes actores para cada obra. Incluso las observo intercambiar sus actores con más confianza en destrezas que recelo o desdén. No sé si es la globalización, pero en estos tiempos de fronteras difusas una compañía se define más por el estilo de sus éxitos que por la permanencia de sus miembros.

Vocento