Gusta ver los estrenos de las
compañías de teatro granadinas. El patio de butacas se llena de
gente variopinta, de entusiastas incondicionales, de aficionados
anónimos pero, lo que es más llamativo, de actores de otros grupos y
gente de la profesión. Ya pasó aquel tiempo en el que los grupos
montaban a la defensiva con espías y recelos. Queda en la historia
el grupo de Recuerda enfrentado al de Catena o Aula 6 desdeñada por
los detractores de su estilo y los destemplados de su director.
Ahora el rimero frutal del teatro granadino ha desatascado sus
cañerías de malafollá y de envidia corrosiva para permear opiniones,
aplausos y actores.
En la cúspide de esa pirámide media
docena de compañías que triunfan en toda España e incluso en el
extranjero. Espectadores que miran con envidia a Granada por tener
compañías tan valiosas. Y en dicha cima un lugar preferente para el
teatro de títeres con compañías tan señeras y aplaudidas como
Etcétera, Titiritrán, Lasal... Un día habrá que concederles algún
reconocimiento oficial de la ciudad, aunque sea colectivo, por la
fama que le dan a Granada y a Andalucía. Un poco más abajo una
decena de compañías que abarcan todos los géneros sin solaparse. Las
hay de calle o especializadas en Lorca, las hay de payasos o
puramente experimentales, las hay de danza con categoría
internacional o de repertorio más o menos tradicional. El teatro en
Granada no deja espacios vacíos.
Más abajo se abre el abanico
en cien grupos de aficionados, contando los muchos de la provincia,
desde el Marquesado hasta la Alpujarra y desde los Montes hasta la
Vega. Algunos de ellos están dirigidos por antiguos actores de
compañías profesionales y eso se nota en su afán, perfección y
vanguardia. Como ejemplo Pinos Puente, Alhama, Armilla... Otros
grupos, más encerrados en sí mismos, se dedican al auto sacramental
o al juguete cómico, a la zarzuela o al astracán. En la esquina más
experimental los grupos universitarios siempre activos, siempre
renovados y ahítos de ilusión aunque ogaño parcos de provocación. En
la otra esquina los amantes del pasado, de la nostalgia lírica, de
la risa sencilla para fines benéficos. No está mal. Un panal de
ciento cincuenta celdillas, una granada de centenar y medio de
granos cada uno con su laborioso trabajo y su peculiar sabor de
fábula e ilusión.
Pero los tiempos cambian. Las compañías
profesionales ya no son lo que eran. Los grupos independientes que
se apiñaban cabe un creador o que construían su «colectivo» son
historia. Ahora el creador escoge sus actores del mercado y el
productor cambia de elenco según necesidades. He visto compañías
granadinas con diferentes actores para cada obra. Incluso las
observo intercambiar sus actores con más confianza en destrezas que
recelo o desdén. No sé si es la globalización, pero en estos tiempos
de fronteras difusas una compañía se define más por el estilo de sus
éxitos que por la permanencia de sus
miembros.