Esteve Ferrer “Los mejores temas de comedia están en los
periódicos”
En lo que lleva de temporada ha
estrenado cuatro producciones, casi una por mes, y todas
comedias: Aquí no paga nadie de Dario Fo, que
llega el 20 de febrero al Cervantes de Málaga, Se
busca impotente para convivir, todavía en cartel en
el Amaya de Madrid, Dakota, de Jordi Galcerán, y
Sólos, no se nos puede dejar solos, firmado por
un equipo de guionistas de TV, éstas dos últimas de gira
por España. Tiene sólo 36 años, es de Barcelona y, según
dice a El Cultural, “me han especializado en el género
dramático más
comercial”.
Esteve Ferrer se hizo director hace
apenas cuatro años. Antes era payaso (Monty y Cía) y actor con
experiencia en musicales pero sin llegar a cantante solista
(Sweeney Tood, Guys and Dolls). Y fue de esta pasión
por el género –tiene más de 2000 títulos entre DVD, vídeos y
discos– que llegó al oficio por el que hoy destaca: “Me
pidieron que buscara un musical de pequeño formato, les
aconsejé Te quiero, eres perfecto, ya te cambiaré, y
luego se empeñaron en que lo dirigiera”. Desde entonces, a
Ferrer las ofertas que le caen son casi siempre comedias, que
le vienen mayormente de productoras y compañías madrileñas, lo
que le ha llevado a residir en la capital sin renunciar a su
casa en su ciudad natal.
–Los directores catalanes
trabajan fácilmente en Madrid pero no ocurre lo mismo en
Barcelona, no se da esa reciprocidad. –No es la misma, pero
sí que hay directores como Helena Pimenta o Fernando Bernués
que trabajan en Barcelona. Allí, el 60 por ciento de lo que se
hace es en catalán, por lo que las posibilidades para un
director que no lo hable se reducen. De alguna manera los
directores de allí jugamos con ventaja, pero también los
autores y los actores. Por eso, creo que Madrid debería
potenciarse más como centro de exhibición de las producciones
de todos el país.
–¿Creía que es en Barcelona donde es
casi imposible ver una obra en castellano en sus teatros
públicos? –Pero si se fija, lo que funciona en la cartelera
privada de Barcelona son los espectáculos en castellano, lo
que viene a demostrar que las imposiciones producen rechazo en
el público.
–Siguiendo con las diferencias, y ya que es
un amante del musical, ¿por qué hay tantos en Madrid y casi
ninguno en Barcelona? –Creo que es una cuestión de locales,
de espacios escénicos. Ha habido muchos intentos de hacer
musicales allí pero no hay teatros adecuados. Además, para un
productor es más atractivo Madrid porque tiene una población
flotante mayor que Barcelona, y eso se traduce en más público.
–Una comedia que triunfa en Barcelona no repite el
éxito necesariamente en Madrid. ¿Por qué? –Hay factores
diferentes que influyen en el triunfo de una obra. Puede
depender del momento, del teatro donde se representa, de la
promoción, y así un largo etcétera. En las grandes ciudades
con una gran oferta cultural y de ocio estos factores se
convierten en determinantes. Madrid es el centro de producción
audiovisual mas importante del Estado, aquí hay muchos actores
que son populares por su trabajo televisivo o cinematográfico,
esta popularidad se transforma en publicidad añadida para un
empresario que, lógicamente, no quiere desaprovecharla. Hay
que buscar fórmulas para que la televisión no se convierta en
un salvoconducto para poder trabajar en el teatro y que el
público conozca las obras por su posible calidad, no sólo por
los rostros que las hacen, que no son garantía de
nada.
Televisión y teatro –Sin embargo, una
de las comedias que ha dirigido esta temporada, Solos,
tiene a dos televisivos personajes, Bibiana Fernánez y Sergio
Pazos, y un texto de Qüid TV, los guionistas de Siete
vidas. –Creo que uno de los problemas más graves del
teatro es que da la espalda a la televisión y no debería. Hay
algunos dramaturgos que trabajan en televisión, como Benet i
Jornet, pero por lo general son dos medios separados. El
teatro tiene una manera propia de contar una historia y
debería aprovechar fórmulas narrativas que el cine y la
televisión han impuesto y a las que ha acostumbrado al
público.
– ¿Es un ejemplo de ello los monólogos de
humor? ¿Cómo explica su éxito? – Por la novedad. En el
mundo anglosajón éste es un género parateatral que esta
consolidado desde hace muchos años y que se exhibe en
circuitos muy diferentes a los teatrales. Aquí pasará lo
mismo, si no lo sobreexplotan y lo queman antes. Ahora el
público está descubriendo el formato.
–¿Con qué
ingredientes básicos debe contar una comedia para que
funcione? –Lo fundamental radica en la proximidad del texto
y de la historia con el espectador. Los personajes tienen que
ser cercanos, el público necesita sentirse reflejado ante las
situaciones que plantean y participar de sus conflictos,
calamidades o hazañas. Solo nos reímos cuando la historia que
nos muestran es peor que nuestra propia historia.
–¿Y
cuál es su mayor complejidad: encontrar el tono, los
actores...? –Conseguir la mayor verdad en el trabajo
interpretativo. Los personajes tienen que ser reales, aunque
no estén en un tono naturalista, sus acciones y reacciones
tienen que partir de la más absoluta veracidad. Luego esta el
ritmo, y más ahora, que el público esta acostumbrado a que le
cuenten historias con el lenguaje audiovisual. Hay que ser muy
buen actor para hacer comedia.
–¿Cree que después del
uso y abuso que ha habido con temas como la guerra de sexos,
la crisis de la mujer treintañera, la familia retorna como el
gran tema de la comedia? ¿O atisba algún argumento
nuevo? –Todo o casi todo es susceptible de convertirse en
comedia, el límite lo marca el buen gusto y la vigencia de los
temas. Hay temas que siempre están en boca de la gente:
universales como el eterno conflicto entre hombres y mujeres,
la familia..., o más localistas, como los políticos o los que
la propia sociedad genera en el día a día. Los mejores
argumentos siempre han salido de las páginas de los
periódicos.
–¿Por qué aceptó dirigir Busco
impotente para convivir? Es un ejemplo de cómo una
brillante dirección puede rescatar un texto vacuo. –Lo
acepté por la ilusión que pusieron los productores, que son de
Bilbao (Glu Glu). Hay que dar una oportunidad a la gente que
empieza. Luego vino rodado cuando me di cuenta de que el
personaje que hace Carmen Conesa era el de una enferma, ahí
encontré el código dramático.
–Y en Aquí no paga
nadie ¿ha hecho algún cambio al texto de Fo o se mantiene
invariable? –Él mismo lo ha hecho. El carácter de
inmediatez de su obra obliga a revisar algunos aspectos de los
diálogos, para que no pierdan mordacidad. En esta ocasión, lo
ha hecho él personalmente junto con la autora de la traducción
al castellano, Carla Matteini. Yo sólo he introducido pequeños
cambios lógicos para adecuarla a la lectura que hago y a la
personalidad de los actores que la interpretan (Silvia Marsó,
Jordi Rebellón, Pedro Casablanc, Lluvia Rojo, Fran Sariego).
Parto de la ficción de que los personajes son unos clowns que
van a interpretar esta obra. He querido hacer un homenaje al
clown Fo.
Plagios o versiones –¿Conoce la
versión no autorizada de esta obra que hizo Fermín Cabal,
Sopa de mijo para cenar? –Desconozco esta versión.
Pero esto confirma la grandeza del original, solo se plagia a
los maestros. No entiendo qué necesidad hay de reescribir algo
que esta bien escrito y que da para hacer tantas lecturas
diferentes como directores haya.
–Ha dirigido de Jordi
Galcerán, Dakota ¿Por qué les cuesta tanto a los
autores de hoy representar sus obras? –Este es uno de los
grandes problemas del teatro en España. Sólo estamos al tanto
de las obras que se estrenan y, en menor medida, de las que
ganan algún premio o las de los autores consolidados. El
problema es que no tenemos medios formales para acceder a los
autores anónimos. Es un trabajo que deberían hacer las
autoridades culturales. No podemos pasarle la pelota al teatro
privado que, lógicamente, invierte su dinero en empresas más
seguras, si es que hay algo seguro en teatro. Si no ponen
solución, en breve no habrá autores españoles que
estrenar.