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Estrenar: misión
imposible Día mundial del Teatro: Los
autores opinan

Sin los autores, la escena se quedaría
huérfana de palabra y voz. Durante estos últimos
25 años, hemos asistido al ascenso, caída y
renacimiento del dramaturgo, figura donde comienza
el complejo proceso teatral. El Cultural ha
reunido a siete autores de primera fila para
conocer su opinión sobre cómo ha cambiado su
oficio en estos 25 años, qué estilos y temáticas
se han sucedido y si la política seguida por el
teatro público ha sido suficiente y
acertada.
¿Comercial? No creo
que los teatros públicos puedan ser la salvación
de los dramaturgos que, además, si necesitan que
les salven, malo. Por otro lado, ya es hora de
cuestionarnos la expresión “teatro comercial”. Es
también una etiqueta tópica que se pone sin tener
en cuenta los ingresos económicos. Y el público, o
parte de él, siempre influirá en el éxito de una
representación.
Respecto a las
instituciones con responsabilidad cultural en esta
área, es evidente que aún no se ha definido con
claridad su obligatoriedad de potenciar y defender
una dramaturgia nacional. José Luis ALONSO DE
SANTOS
El compromiso de las
salas alternativas La industria teatral no
vive sus mejores horas. Antes de la democracia una
ciudad como Madrid llegó a contar con más de
cuarenta teatros de titularidad privada; hoy, si
no tenemos en cuenta las salas alternativas,
apenas son dieciséis. Esta ausencia de espacios ha
provocado una sensible disminución de estrenos
tanto de obras contemporáneas como clásicas. El
teatro público, al haber cuestionado el concepto
tradicional de autoría teatral, tampoco es un
lugar de acogida para el dramaturgo español. Los
teatros públicos se han convertido en su espacio
natural. A esto se añade la decadencia de la
figura del dramaturgo como portador de cierta
autoridad moral sobre la ciudadanía. La
transformaciones de la sociedad, la equivalencia
de los discursos... ha vuelto anticuado a este
personaje.
En cuanto a los temas y modos
de escritura, tengo la impresión de que siempre
han coexistido diferentes formas. En cualquier
caso, sí parece que en estos momentos se está
escribiendo un teatro que aborda conflictos
cercanos. Este teatro –incómodo– no encuentra su
espacio en los teatros comerciales, reacios al
riesgo: y menos en los públicos, por hallarse
éstos fiscalizados políticamente.
Por su
parte, el teatro público, salvo en el caso de
trayectorias ya consagradas, se ha desentendido de
la dramaturgia española actual (no es el caso de
Cataluña). Han sido y son las salas alternativas
las que han apostado por los autores vivos. Esto
ha supuesto una engañosa identificación entre
teatro contemporáneo y teatro experimental que no
siempre se corresponde con la realidad. No tengo
ninguna duda de que el teatro español vivo está
sobreviviendo en estas catacumbas. Y es allí
precisamente, desde una fructífera relación entre
autores, directores y actores, donde se está
definiendo en la práctica un nuevo concepto
escritor de y para el teatro. Ernesto
CABALLERO
Contra el
esnobismo Con relación a lo que fue el
estatus del poeta dramático, del dramaturgo,
comediógrafo o sainetero, antes de la guerra
civil, sin duda alguna ha empeorado
extremadamente. La vida moderna y los medios de
comunicación han cambiado el sistema empresarial y
definido de una forma distinta e inédita la
carrera vocacional de autor dramático. En la
capital de estado, los pocos autores conocidos y
acreditados por sus obras no tienen ahora la menor
posibilidad de estrenar con regularidad y
desarrollar su dramaturgia particular en periódico
contacto con el público. En España no escasean los
dramaturgos, y pudiera hacerse una cuenta bastante
larga de autores españoles, vivientes y de un
valor probado que no han llamado la atención de
los directores de escena. Estos se han manifestado
no pocas veces como jueces supremos, alegando:
“Los autores españoles actuales no nos dan pie
para ningún espectáculo interesante”. ¿A qué ha
venido tanto ensañamiento? Es una pose “idiota”.
Se han instalado en un limbo internacional, de
modismos neutros. Pero no los culpemos
especialmente, porque a otra cosa no les
estimulaba la propia actitud de los gobiernos. En
los últimos diez años se ha llegado a lamentar
falsamente: “No hay autores, no hay autores”. ¿Qué
tipo de esnobismo zarrapastroso es este? Si esto
no es fruto de una retro-cultura, promovida por un
clima político y social muy específico, no sabemos
a qué pudiera responder. No conozco ningún país
que haga exhibición pública de no tener a ningún
autor de valía por descubrir en su teatro. Sin
embargo, proliferan los espectáculos parcos de
palabra, basados en una idea circense, comedias
musicales americanas y teatro muy menor. Si el
Estado no puede hacerlo todo, los empresarios
independientes están varados en... Casona o poco
menos. Son de una pacatería y prudencia extremas,
atienden a un público burgués rutinario, reponen
un teatro pasado, aborrecen cualquier
experimento... El teatro independiente no tiene
medios de emulsionar a un gran público y sería
contradictorio que lo hiciera, son minoritarios.
Podrían ejercer su influencia sobre el teatro de
negocio, pero no la ejercen. Están
separados.
El círculo al teatro de
auténtico discurso dramático se ha ido estrechando
cada vez más. La presencia del hombre de letras en
esas empresas independientes se pudiera definir de
indeseable. La diferencia de calidad con el teatro
público es sin duda notoria. Pero en el público se
hace un teatro de prestigio obligado, “obtusamente
profesional”, centrando toda su novedad en las
inflexiones de la puesta en escena, para
lucimiento competitivo de los directores. Ésta es
la realidad sin velos políticamente correctos.
¿Qué puede superar este estado de cosas que
arrojan un desastroso coeficiente, la sociedad
misma o los gobiernos? Francisco
NIEVA
Vuelve lo
social Durante estos 25 años, especialmente
a mitad de los 80, se ha producido una
revalorización del texto con la aparición de
jóvenes dramaturgos. Esta oferta, y también
demanda de actividad dramatúrgica, se ha
encontrado con el problema de que los directores,
productores y programadores no se quieren enterar.
Respecto a la evolución de nuestro teatro, en los
80 hubo una cierta dejación de los temas sociales
en la medida en que pasaron a ser tratados por los
medios de comunicación libremente; se pasó
entonces a una concepción banal del teatro
espectáculo. Pero yo no creo que haya habido
experimentación en estos años, quizá una
valoración mayor de lo formal, lo estético, lo
sensorial. Ahora veo una vuelta a temas sociales.
Respecto al teatro público, ha hecho muy poco para
absorber a esos autores, aunque en unas autonomías
como Cataluña o Andalucía ha habido mayor apoyo.
José SANCHIS
SINISTERRA
Teatro combativo en
la democracia Como autor dramático siempre
he sentido la necesidad de ser crítico, de señalar
con el dedo allí donde uno detecta un problema,
una injusticia, algo que no funciona bien. En
democracia encuentro miles de razones para hacer
un teatro combativo. Esta democracia es un punto
de partida, algo para cuestionar y mejorar y no un
sistema acabado. Respecto a la evolución de los
temas y las formas, en mi caso la experimentación
formal no está reñida con un contenido claro, que
hable de la sociedad en que vivo. Como artista vas
de un extremo a otro, de lo poético a lo político.
Las formas deben estar a la altura de los tiempos
que corren pero las formas son poca cosa si el
creador no se detiene a examinar la realidad que
le toca vivir. Es lógico que el Estado apoye
trabajos comprometidos, que por sí solos no
podrían aguantar demasiado tiempo en un teatro
comercial. Y también es razonable que exista la
diferencia entre teatros privados y públicos, cada
cual persigue un objetivo distinto. Uno tiene que
ver con la distracción y el divertimento y el otro
se empeña en mejorar la vida. Son cosas tan
distintas como un supermercado y un hospital.
Rodrigo GARCÍA
Confusión
ceremonial Cómo me maravilla aprender a mis
72 primaveras que en un universo cuántico de
epifenómenos pánicos o patafísicos una posición
–la del autor– puede cambiar; como si el gato de
Schrödinger no maullara en nuestras certezas.
Entre otras carencias sufro la de no haber
conseguido conocer esas temáticas y evoluciones
del dramaturgo. Desconocimiento que compartí con
mis amigos; por ejemplo con Ionesco, Grotowsky,
Beckett, Victor García; o que comparto con los
poetas dramáticos de hoy. Eso sí, nos deslumbra y
nos aterra el renacimiento actual de la filosofía,
el teatro y la ciencia.
El fracaso
estrepitoso o el triunfo mundial celebran la
ceremonia de la confusión. Concluyo El Mito del
tercer milenio (con música de Leonardo Balada
para el Teatro Real) en un firmamento de enigmas
astrofísicas que con acierto describen Houellebecq
o Kundera. El dramaturgo puede participar en la
lotería del “éxito” como quien entra en el tubo de
la risa. Fernando
ARRABAL
Carne de
ghetto En la actualidad hay una inflación
de autores, en mi opinión, metidos todos en el
mismo paquete y juzgados de la misma manera. La
historia del país explicaría por sí misma la
evolución del autor en estos años. En las últimas
tres décadas ha habido que hacer los cambios que
otros países habían desarrollado durante todo un
siglo. Personalmente, yo he hecho siempre el mismo
tipo de cosas, es decir, lo que me daba la gana en
ese momento, sin importarme lo que se
llevara.
Yo, que soy beneficiario directo
de los teatros públicos, creo que ha sido un error
como política que no haya habido comunicación
entre público y privado. Ésto ha conducido a un
callejón sin salida: los teatros comerciales no
nos quieren (¡Ni se toman la molestia de
conocernos!) y la llamada “nueva escritura” se ha
convertido en carne de ghetto. En cuanto al por
qué del abismo que separa ambos estamentos,
necesitaría mucho espacio para contestar. Pero,
como escribió Eduardo Marquina: España y yo somos
así, señora mía... Ignacio GARCÍA MAY
NINGUNA |