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lunes 6 de septiembre de 2004
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Flotats: «La política contemporánea no ha
inventado nada»
El actor y director
se enfrenta a Carmelo Gómez en «La cena», que estrena el 16 de
septiembre
París, 1815. El rumbo de
Francia está en el aire. Dos influyentes hombres de la corte
de Napoleón, Talleyrand y Fouché, compartirán una hipotética y
decisiva velada. Es «La cena», el estreno de la temporada, que
reúne, a partir del 16 en el Bellas Artes, de Madrid a dos
grandes actores: Flotats y Carmelo Gómez.
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Carmelo Gómez y Josep María Flotats
admiten la presión que sufren por las expectativas
que el montaje ha
suscitado | |
Miguel Ayanz
Madrid- Jean-Claude
Brisville, autor de «Beaumarchais, el insolente» escribió en
1989 esta obra de alta política y bajos intereses de dos
hombres llenos de vicios y curiosidades, dos grandes
supervivientes y corruptos, inteligentes y educados. Mucho se
ha dicho y hablado de estos dos influyentes políticos.
Brisville juega a imaginar qué ocurrió la noche del 6 de julio
de 1815, justo antes de que subiese al trono de Francia Luis
XVIII. -¿Los suyos son dos personajes odiosos o se les coge
cariño? -Josep María Flotats: Son dos personajes macabros que
han entrado en la leyenda negra. Chautebriand les dedicó
escritos famosos. Una de las frases más duras es suya: «Fouché
y Talleyrand son el vicio del brazo del crimen». El vicio es
Talleyrand y el crimen es Fouché. El primero sirvió bajo doce
regímenes; el segundo, bajo ocho. Ambos quieren salvar su
vida, algún talento tendrían, aunque probablemente diabólico.
Lo que Brisville trata de hacer es ponerlos cara a cara.
Sabemos que se odiaron, pero que estuvieron juntos en
distintos gobiernos. Se vieron después de un largo tiempo una
noche en una fiesta con Wellington. París está ocupado,
Napoleón huido, Francia en manos de los ejércitos rusos,
ingleses, prusianos... Al día siguiente se les ve en
Saint-Denis jurando fidelidad a Luis XVIII. ¿Qué se contaron
esa noche? -¿Hablamos del poder en abstracto, algo que podría
aplicarse siempre? -J.M.F: La política contemporánea no ha
inventado nada. A veces, todo eso que ocurre en la obra sigue,
y en peor. Es una reflexión, no necesariamente pesimista, pero
sí un análisis agudo de una cierta clase política, de unos
individuos que al llegar al poder lo ejercen de cierta manera.
-Carmelo Gómez: Al mismo tiempo, con una brillantez
extraordinaria. Estos políticos vivieron en una época
controvertida y tremenda. De ellos hemos heredado las
democracias que hay en Europa. Hoy esas circunstancias no son
iguales: los políticos son menos crueles, o al menos tienen
menos posibilidad de serlo, pero también son menos finos: hoy
un político va al ritmo de la economía; sin embargo, en
aquella época tenía un poder absoluto. -Le leí una frase
curiosa: «La democracia es el gobierno de la mayoría, y la
mayoría tiene un nivel muy bajo». -C.G: Sí, es probable que lo
haya dicho. ¡Y lo mantengo! Llega un momento en que todo hay
que votarlo. Cuando hacíamos teatro en comunidad, el director
tenía que ser democrático con los demás, las cosas había que
decidirlas entre todos. Era un caos, nunca llegábamos a un
acuerdo, y cuando lo hacíamos, salía algo malo. -Imagino que
Flotats, como director, estará encantado con eso de mandar y
que ustedes se dejen. -J.M.F: Yo estoy monstruosamente
autoritario (se ríen ambos). No, pero pienso que el director
debe asumir su responsabilidad, tener muy claro lo que quiere.
Trato, siempre que dirijo de tener esto claro desde el
principio. Por otro lado, siempre tengo las ideas claras, pero
a veces no me explico bien. Entonces trato de repetir las
cosas las veces que haga falta para que me entiendan, y
siempre estoy abierto a cambiar si el actor, después de
hacerlo dos, tres o veinte veces, no lo consigue. -Cinco años
después de estar en el teatro por última vez, ¿cuál es el
mayor obstáculo que se ha encontrado? -C.G: Hombre, hacer
equilibrios. El teatro en sí mismo ya es una cuerda floja para
un actor. Tiene que ser la perfección con el público delante.
-¿Por qué ha tardado en volver? -C.G: Por error, nunca tenía
que haber dejado el teatro. El cine también es apasionante y
me sedujo. -¿Les molestan titulares como: «Flotats y Gómez,
dos monstruos de la escena juntos»? -C.G: Lo que sí está
garantizado es que va a haber ahí, con sus errores o sus
aciertos, dos fuerzas teatrales muy poderosas en el escenario.
Lo digo con toda la humildad del mundo porque me toca la peor
parte: estoy con alguien muy experto en escena, con una gran
seguridad, una voz extraordinaria y una técnica alucinante.
-No puede evitar que se creen expectativas,tras «Arte»,
«París, 1940»... -J.M.F: Sí, ese es el miedo que se acumula.
Yo pensaba que con los años se reduciría. Pero, a mayores
expectativas, mayor es la responsabilidad.
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