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José Antonio
Portillo “La actividad
escolar esencial es narrar”

El teatro para niños es
protagonista esta semana: el día 20 comienza en
Gijón la Feria Europea de Teatro para Niños
(FETEN), una cita ineludible para los
profesionales y artistas del género; y en la
Comunidad de Madrid Teatralia abre pasado
mañana. A este Festival, que este año llega a 24
pueblos, acude José Antonio Portillo con una
inclasificable obra: Museo del
Tiempo.
Lo que hace José Antonio
Portillo (Lerma, Burgos, 1959) es difícil de
clasificar. En el 2003 estrenó con el director
Carles Alberola Artefactos, obra que cautivó al
público y que estaba concebida para despertar en
los niños el interés por los libros. Sin
embargo, sus experiencias previas no se
circunscriben al mundo del teatro, sino al de la
pedagogía y las artes plásticas. Se podría decir
que Portillo es un escultor que inventa o
recicla objetos para contar historias o para que
los niños cuenten las suyas. Otros que le
conocen le han tildado de mago, porque a partir
de los artilugios que idea construye
instalaciones en los que oficia rituales en los
que el público, niños por los general, escarban
en su memoria, en su experiencia. Su labor
también tiene una vertiente literaria: en el
2004 publicó Artefactes, un libro que le
mereció el Premio Nacional al mejor Libro
Editado Infantil y Juvenil.
Vivo
cuando narro Cuenta Portillo que todo
comenzó en la escuela, hace ya casi tres
lustros. Él era maestro de EGB y a partir de su
experiencia fue creando un material escolar que
llamó Artilugios para contar historias.
Consciente de que los cuentos son el alimento
espiritual de los niños, quería usarlos para
guiar a los pequeños hasta los libros y a la
escritura. Cuando dejó la enseñanza, aparcó el
material pero luego lo reutilizó en unas
sesiones de encuentros con niños a los que
asistió la persona que más le ha ayudado a
proyectar su trabajo: Madalena Vitorino
(Directora del Departamento de Pedagogía y
Animación para el Niño del Centro Cultural de
Belem, Lisboa). Él cuenta que Artilugios para
contar y crear historias surgió con el ánimo
de acercar el libro, la escritura creativa y el
hábito de escuchar que tienen los niños. Hay una
idea que con el tiempo ha ido adquiriendo más
fuerza: la narración. La narración como
actividad fundamental en la escuela y fuera de
ella: vivo cuando narro; también como un
instrumento de comprensión del mundo y de un
período de la vida. Además, fíjese, si
cualquiera de nosotros recuerda a su maestro de
escuela es por la manera que narraba el
conocimiento, la historia, las matemáticas.
Debemos inventar en los colegios y en la
formación del profesorado la asignatura de
Narrar el Conocimiento.
–Y en sus
“instalaciones” y obras ¿qué valor concede a los
objetos? –Estos se erigen en la prueba
evidente de que “fui testigo de lo que cuento”.
Es la prueba que me exige el oyente. La
presencia del objeto en la escuela, en la
escena, me permitió crear un silencio, una
disposición a escuchar una historia que jamás
hubiera conseguido de otra manera y menos siendo
un fatal actor, con mala memoria y con un miedo
escénico enfermizo.
–¿Qué distingue a sus
exposiciones de las que habitualmente vemos?
– Mis exposiciones pretenden escapar de la
contemplación consumista del arte. Me planteo
como mínimo un diálogo de silencio con el
objeto. Después, la palabra del narrador/guía de
la exposición crea un nexo de comunicación con
el usuario de este trabajo, ya sea niño o
adulto, pues cada uno tiene diferentes niveles
de mirada y de lectura. En los diferentes
espacios expositivos de Europa donde se ha visto
mi trabajo, los responsables me planteaban la
pregunta ¿cómo hacemos llegar tu trabajo al
público? Y de esta pregunta tenía que salir un
camino de encuentro que superara las actividades
a la que nos tienen acostumbrados nuestros
museos, donde el niño al final del camino sale
con el recortable de turno.
–¿Cuándo su
trabajo adopta forma teatral? –La carga
escénica que contiene mi trabajo toma cuerpo en
una primera fase en el Teatro Piccolo de Milán,
donde mi invitan a realizar una instalación
teatral sobre mis artilugios. Y después, de una
forma más rotunda por su producción, a través de
Carles Alberola y Toni Benavent (Albena Teatre),
cuando deciden llevar a cabo Artefactes
en coproducción con mi compañía Babia.
–Y ahora llega con Museo del
Tiempo ¿Cómo se organiza y cómo participan
los niños? –El Museo del Tiempo es un
proyecto posible gracias a la producción del
Centro Cultural de Belem (Lisboa). Surge a
partir de un objeto/material escolar denominado
“Reloj encontrado entre los escombros de una
casa en ruinas”. Parte de una pequeña narración
que contiene el reloj al que aludía
anteriormente: “Nos quieren quitar el presente,
el futuro que no existe y además el pasado. Hay
una solución: enterraremos en nuestra ciudad un
objeto del pasado que contenga un recuerdo muy
importante. De esa manera nadie nos podrá quitar
esta memoria”.
Enterrar
objetos “Durante el Festival Teatralia
ocho niños de Alcalá de Henares enterrarán en
siete lugares de la ciudad sus objetos más
especiales (una baraja, un pañuelo, una foto, un
muñeco playmobil, unas piedras marinas y un
reloj). Además, la editorial Kalandraka ha
publicado un libro-caja con un mapa de Alcalá de
Henares donde se indican los lugares donde se
enterraron los objetos de estos niños y a donde
nos dirigiremos con otros niños.
PERALES,
Liz |