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José Luis
Gómez “He fracasado
en formar el elenco de La velada...”

José Luis Gomez es el pope
del teatro madrileño y La Abadía el pequeño
templo escénico desde el que irradia su
doctrina: teatro de arte, con elenco formado en
las técnicas de los grandes maestros (Copeau,
Michael Chejov, Vajtángov...). Un reducto muy
selecto que fundó hace diez años y cuya
identidad y estilo quiere preservar ahora que ha
establecido líneas de colaboración con los dos
teatros institucionales, el Español y el Centro
Dramático Nacional: “La nueva situación exige
una redefinición de cuál es nuestro sitio”, dice
el director.
Posiblemente Informe
para una academia, de Kafka, sea el título
con el que José Luis Gómez se resarza de la
suspensión de La velada en Benicarló.
Esta obra de Manuel Azaña la iba a dirigir y
protagonizar el próximo año en el teatro Español
de Madrid, pero tuvo que abandonar el proyecto
cuando ya tenía bastante avanzado el reparto.
“Había un elenco formado por seis personas de La
Abadía, pero dos de ellos tenían compromisos de
televisión y no eran compatibles con los
ensayos. La velada en Benicarló es el
texto más importante de los que se han escrito
sobre la Guerra Civil española y desde una
posición de una inmensa decencia. Azaña reparte
responsabilidad a unos y otros con mucha
ecuanimidad aunque, evidentemente, considera
enemigos a los vencedores. Cuando lo estrené en
1980, en el Centro Dramático, tuvo una gran
repercusión. Había un reparto impresionante y
ese reparto se podía haber hecho hoy porque hay
magníficos actores. Sin embargo, no los he
podido reunir. Lo he pasado muy mal porque he de
admitir mi fracaso para formar este reparto. Así
que pospongo la producción y haré el monólogo
Azaña, una pasión española.
–¿Qué
lectura hace de esta experiencia? –En el año
80 no había series de televisión, los actores
estaban más disponibles y ahora hay un verdadero
carrera hacia las series, que son muy
lucrativas. Yo no soy muy amigo de ellas, pero
dan trabajo a muchos compañeros y alguna habrá
que sea buena.
–La competencia del cine y
la televisión es un viejo asunto que el teatro
no ha resuelto tampoco en otros
países. –Perdone, en otros países hay elencos
fijos, lo que aquí todavía no nos entra en la
cabeza. Pero si ha tenido qu venir la Royal
Shakespeare Company (RSC) para hacer Trafalgar
otra vez, un Trafalgar escénico. Es que da risa.
En La Abadía, sin apenas medios, hemos estado
trabajando sobre elencos. Cuando el elenco de la
RSC subió horas antes para hacer ejercicios de
calentamiento los técnicos del Español dijeron:
“ah! como con Gómez”.
Indiferencia de
los poderes –¿Qué tiene entonces que
cambiar en nuestro teatro –Creo que ha habido
largos periodos en la gestión de los teatros
públicos que daba exactamente igual lo que se
hacía. Los responsables políticos no han
ejercido una vigilancia sobre la calidad. La
misma orden ministerial que da lugar al
nacimiento de la Compañía Nacional de Teatro
Clásico (CNTC) prescribe que hay que formar
actores en el ejercicio y la representación del
teatro clásico, una orden ministerial que nunca
se ha cumplido.
–Marsillach sí lo intentó
. –Ni siquiera, no hubo una formación
constante. Como en el fútbol, en el teatro se
necesita un entrenador que diseñe la estrategia
del equipo y que elija a todos aquellos que van
a enseñar las técnicas compartidas que van a
desembocar en el partido. Si en una
representación clásica uno desea que siempre
esté presente la estructura formal del verso, la
estructura musical, eso es un entrenamiento
durísimo. Así, que cuando uno ve y oye el fraseo
de los actores de la RSC y nota que eso no
ocurre entre nuestros compañeros, algo está
fallando. Pero yo no hablo de la CNTC, por
favor, sino de un estado de cosas en
general.
–Sin embargo, creo que la
compañía que usted fundó en La Abadía era más
numerosa que ahora ¿en qué estado
está? –Bueno, el elenco nunca ha podido ser
totalmente estable porque no hay dinero para
pagarlo. Ha sido estable en la medida en que ha
habido el compromiso de trabajar siempre con
estos actores y darles continuidad. Y luego
tampoco podemos mantener a todos los actores,
cuando las obras tienen pocos personajes. En
estos momentos tenemos seis personajes en El
rey se muere y cinco en Horacios y
Curiacios.
–¿Es más rentable un
elenco estable? ¿Por qué entonces casi nadie,
entre los directores, los forma? –No, no, es
más caro pero, es infinitamente más rentable
desde el punto de vista artístico. Aunque,
claro, da muchísimo más trabajo. Pero hay que
matizar las diferencias entre elenco y compañía.
Una compañía es un grupo de artistas que tienen
un contrato continuado en el tiempo y, la misma
convivencia afina las empatías y sinergias.
Mientras el elenco es un ensemble, es
decir, un conjunto de artistas que además de ser
contratados por un tiempo, utiliza técnicas para
potenciar la interacción entre sus miembros de
forma consciente. Con el símil del fútbol se
entiende muy bien, pues en él hay multitud de
técnicas para que cada jugador tenga absoluta
noción de quien está mejor situado para pasar la
pelota, por ejemplo. Y en el teatro hay también
una multitud de técnicas para conseguir lo
mismo. La compañía es heredera de la tradición,
mientras el elenco es fruto de la aparición de
las escuelas de arte dramático y los ejercicios
teatrales.
Redefinir La
Abadía –Hablando de otros teatros
instituciones, hay bastante afinidad entre usted
y los nuevos directores del Español y del Centro
Dramático Nacional (CDN) ¿Cómo va a influir en
la programación de La Abadía? –Pues todavía
no sé muy bien cómo, porque durante muchos años
hemos estado manteniendo en solitario una cierta
bandera, y esto no lo he dicho yo. Hemos hecho
un teatro de arte bastante comprometido con el
repertorio europeo, haciendo incursiones en
clásicos españoles como Valle, Cervantes y
García Calvo. Y ahora tenemos que redefinir
nuestro sitio. También el presupuesto (sobre 250
millones de las antiguas pesetas), pues es
exiguo. Pero sí va a ver una redefinición de La
Abadía y gran colaboración con los otros
teatros.
–Este año usted ha programado a
Juan Mayorga y Gerardo Vera también en el CDN. Y
creo que Mario Gas hará un Brecht en el Español
para la próxima temporada y Vera también. ¿Qué
va a identificar a cada teatro si casi todos
apuestan por líneas dramáticas
parecidas?. –Eso que usted dice es posible,
pero me gustaría creer que La Abadía tiene una
manera de hacer que pasa por ofrecer el nivel
más alto de alocución verbal del teatro español,
que sigue procedimientos de trabajo con la
palabra que no son de uso común. Aquí hemos
formado a gente que ya no está porque les pagan
más en otro sitio. Evidentemente, nos cuesta
mucho trabajo volver a hacerlo y yo ya no tengo
tiempo de formar. Pero en cualquier caso, creo
que el cambio ha sido muy bueno. Se estaba
haciendo un trabajo que no era posible mantener,
era muy urgente un cambio en el teatro español y
tiempo ha habido para formar una
compañía.
–Si ya no tiene tiempo de
formar a los actores, ¿a quién pasará el
relevo? –Como Eugenio Barba, soy de los que
cree que uno puede tener aliados pero no
herederos. No creo que nadie pueda heredarme,
hay gente de otra generación más joven que yo, a
la que uno ha ayudado a crecer, con la que hay
un intercambio llegado un momento. Y ahora estoy
en ese diágolo.
–Usted es un hombre
vinculado al teatro público ¿Cuál es su idea del
teatro público? . –Debe hacer accesible el
patrimonio dramatúrgico a los ciudadanos. Tiene
también que facilitar que el conocimiento
técnico de los oficios se transmita de una a
otra generación, que haya relevos
generacionales. Mientras que el teatro privado
puede ser muy honesto, llevado por la pasión de
hacer las cosas bien, de ofrecer
entretenimiento, pero lo que más le interesa es
ganar dinero. El teatro público no está para
ganar dinero.
–¿Cree que el objetivo de
ganar dinero es contrario a la calidad? –En
muchos casos sí. Si quieres ganar dinero no
puedes hacer Edipo en Colona, ni siquiera
Cervantes. No digo que sea un objetivo espúreo,
pero no se pueden ofrecer grandes obras con un
objetivo comercial.
PERALES,
Liz |