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| ¿Hacia
un neocolonialismo cultural?,
por José Tono Martínez. Enviado
por el CELCIT.
(01/07/02) Lo que la peseta se llevó El actual gobierno español profundiza el giro conservador en sus políticas de intercambio con América latina. Un artículo del escritor José Tono Martínez, quien dirigió el ICI en un largo y fértil período, desmenuza el eslogan oficial llamado "la marca España". Desde que comenzó la segunda legislatura del actual gobierno español, y ahora con un escenario internacional de crisis económica y de alineamiento militar post 11 de septiembre, hemos visto, poco a poco, cómo se han venido reeditando los clichés conservadores y tardoimperialistas en nuestra relación con América latina. Lo triste y dramático es que se está echando por tierra el trabajo de muchos años de búsqueda de un lugar propio pero compartido entre las naciones americanas. La tesis ha cambiado en el lenguaje oficial. Ya no se trata de fortalecer el desarrollo equilibrado de la comunidad latinoamericana en el entendimiento de que cuanto mejor nos vaya a todos, como comunidad, más importancia adquirirá nuestro espacio cultural y económico común en el escenario internacional. España, con su insistencia en la receta liberal de más flexibilización y más privatizaciones, está perdiendo la ocasión de ser el interlocutor iberoamericano en la Unión Europea. Durante la última Cumbre Iberoamericana celebrada en Lima a fines de 2001, el presidente peruano Alejandro Toledo invitó a dos expertos de la CEPAL y del Banco Mundial, José Antonio Ocampo y Nicholas Stern, para que sin cortapisas expusieran a presidentes y cancilleres la magnitud de los problemas reales de América latina: los subsidios agrícolas europeos que impiden el comercio de los productos americanos o la reforma del sistema financiero internacional que permita una mayor cogestión de estos fondos. Por tercer año consecutivo la transferencia de fondos será nula, ampliándose el diferencial entre países pobres y países ricos. Por esas mismas fechas, desde Madrid, el alcalde de Montevideo, Mariano Arana, hacía una llamada lúcida e insistente para solucionar el problema de la desigualdad y la pobreza en las Américas, base del descontento, y de otros problemas de enfrentamiento social y político. Todo ello frente a la monocorde pretensión de José María Aznar para centrar la cumbre en el tema del terrorismo. Luego no deberá quejarse el gobierno español cuando estos países, antes hermanos, se busquen en Europa otros valedores de sus intereses, y ahí está el ejemplo marroquí actual. Pero de lo que se trata en esta segunda oleada liberal, tras una década de expansión económica española en Latinoamérica, es de imponer una visión de lo español a costa de las otras visiones locales. La eliminación de la Convocatoria General de Becas de la Agencia Española de Cooperación Internacional, con más de cincuenta y cuatro ediciones, y el traslado de sus fondos a la recientemente creada Fundación Carolina han causado estupefacción en los ámbitos americanistas universitarios y españoles. Lo que debiera por su espíritu llamarse mejor "Fundación Carolingia" viene a absorber presupuestariamente un programa de becas universitarias ejemplar que permitió la formación de investigadores a lo largo de varias décadas. Estamos en realidad ante una privatización de un instrumento fundamental de la política exterior de Estado. Se trata ahora de formar líderes y personas relevantes con proyección de futuro y premiar entre aquellos que destaquen por su afinidad ideológica con las directrices neoliberales del gobierno Aznar. Como "una forma de ganar amigos" fue imprudentemente definido el programa por uno de sus gestores, suponemos que pensando en el camuflaje de la Internacional de Centro Reformista, ex-Internacional Demócrata Cristiana, de triste memoria, y que ahora preside José María Aznar, buscando tal vez una proyección para cuando deje la presidencia del Gobierno español. La versión popularizada de este impulso neoliberal neocolonialista es la campaña gubernamental de tintes publicitarios que lleva por nombre "la Marca España". Este eje central (por llamarlo algo) de la política española en Iberoamérica fue presentado a nuestros embajadores el pasado 10 de septiembre, entre murmullos y sonrisas a duras penas contenidas de los presentes, y encubre tras su aire de marca de jabón una metáfora unilateral a expensas de la búsqueda de visiones compartidas o de aquello que se llamó en años pasados "el encuentro entre culturas o entre dos mundos", por más que fueran eufemismos destinados a evitar un proceso de revisión histórica de lo que fue simplemente "la conquista". Pero hoy sí esta claro: el horizonte del multiculturalismo y el imperativo de la diferencia es otra víctima de estos tiempos de bastos, cuando el gobierno español ha decidido sumarse a la política norteamericana de mano dura. La reciente desaparición efectiva del Instituto de Cooperación Iberoamericana, la red ICI, y su reacomodo en los Centros Culturales de España es otro ejemplo notable de esta política unilateral. Buenos Aires mismo ha sufrido una gran pérdida con la reformulación del centro y sus políticas. No se pretende ya que sean estos centros foros de encuentro de la cultura latinoamericana sino centros de propaganda y difusión de "la marca España", y puestos así al servicio de la penetración económica española. Sería más coherente incorporar éstos en el organigrama de la Secretaría de Comercio y Turismo... Por lo demás, desde que la gestión Aznar se alzó con la mayoría absoluta, hace dos años, situó al frente de los organismos de relación con América a los sectores más conservadores y vinculados a organizaciones religiosas de extrema derecha, como el Opus Dei o los Legionarios de Cristo. La consecuencia de esa política no se ha traducido en más caridad cristiana sino en todo lo contrario. El porcentaje del PIB que España destina a cooperación y ayuda al desarrollo se ha visto reducido drásticamente incumpliendo incluso el mandato parlamentario español de alcanzar el famoso 0.7%, que a tantos sacó a la calle en manifestaciones durante los primeros noventa. Por otra parte, debe quedar claro que el gobierno español, como cualquier otro, puede y debe promover la actividad económica española en el exterior pero lo que no puede es confundir el ámbito de lo público con lo privado y convertir al gobierno del Estado en una empresa privada que actúe con los legítimos fines utilitaristas y motivaciones de dichas empresas. Al contrario, nuestro papel en Latinoamérica debe ser el de moderar y colaborar, solidariamente, en el desarrollo de las áreas y grupos más necesitados, con una visión a largo plazo. Nuestros embajadores no son ni pueden ser los consejeros delegados de esa empresa liberal llamada "Marca España" ni se les puede pedir "que dimitan", así lisa y llanamente, si no están de acuerdo con la política de la empresa. En un artículo reciente, publicado en El país, de Madrid, por el ex presidente de Uruguay Julio María Sanguinetti con el expresivo título de ¿España neoimperial?, se decía a propósito de estos temas: "el espacio iberoamericano es algo más que un mercado, configura una civilización". En la Argentina
de hoy, en un escenario tan complicado, pero siempre clave para España,
se debería andar con cuidado para no herir susceptibilidades muy
a flor de piel. Un dudoso gusto por la política kitsch y cortesana,
más propio de un casino de provincias que de los planes de Estado
de un país serio, no es la mejor base para cooperar en las necesidades
de la Argentina. José
Tono Martínez dirigió el ICI entre 1997 y 2001. Es autor
de la novela Cántigas de andar, El club de la infamia, un libro
de relatos, y el volumen de poesía De los años próximos.
Promovió la edición de Monstruos, una antología de
la poesía joven argentina, editado en Fondo de Cultura. El CELCIT
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