Juan
Dolores Caballero, el Chino “El teatro bruto muestra la deformidad del
mundo”
Del arte le interesa la
tradición del esperpento, de lo grotesco. Y así lo
manifiesta tanto en los clásicos del Siglo de Oro, como
en los espectáculos de danza o de teatro gestual que
dirige. El 24 de julio presenta en el Festival de
Almagro un raro y divertido entremés, La cárcel de
Sevilla.
Este granadino de 44 años ha puesto en
escena uno de los repertorios más eclécticos del panorama
español. Se presentó en el Festival Escena Contemporánea de
Madrid de este año con un montaje de teatro gestual que tuvo
gran acogida y que se vió después en el Festival de Sitges:
Svozos. Ha dirigido espectáculos de flamenco y de danza
como Baile de hierro, baile de bronce, del bailarín
Javier Barón, y ahora acude al Festival de Almagro, desde
hoy y hasta el día 27, con un raro texto anónimo que se adecúa
bien a ese “teatro bruto” que abraza: La cárcel de Sevilla.
La obra ha sido premiada en la Feria de Palma del Río (Córdoba)
con los galardones al mejor espectáculo, mejor dirección y
mejores intérpretes masculinos (Chema del Barco y Juanjo Macías)
y en la ciudad manchega se verá interpretada por el propio
Chino, como le apodan sus conocidos. Ya ensaya la que
considera la única tragedia de Lorca, excluídas naturalmente
sus dramas rurales, Amor de Don Perlimplín con Belisa en
su jardín, de la que pretende ofrecer una versión inspirada
en la danza butoh.
–Explique los rasgos de su teatro bruto
–El teatro bruto trabaja sobre el mundo de lo grotesco, de
lo deforme. Creo que fue (Jean) Dubuffet quien lo teorizó
al defender un arte espontáneo. A mi me interesa porque entronca
con la España oscura y con una tradición estética presente
en nuestro Barroco, en Goya y sus pinturas negras, en Valle-Inclán
y el esperpento.
–¿Por qué La cárcel de Sevilla se adecúa a este estilo
bruto?
–En esta obra se cuenta la historia de un condenado a muerte
y se habla tanto del hombre como de la sociedad a través de
un submundo poblado de miserables que ironizan y se ríen de
su propia muerte. Es decir, que La cárcel de Sevilla
nos da una visión del mundo a través de sus deformidades.
En definitiva se produce la unión de contrarios, algo que
no se da en la naturaleza, para que broten ideas reveladoras.
–¿Dónde encontró el texto?
–Antonio Serrano (coordinador de las Jornadas de Teatro del
Siglo de Oro de Almería) me habló de él. Se le ha adjudicado
a Cervantes, a Lope, pero también al carcelero de la prisión
de Sevilla de la época, que escribió un libro sobre la cárcel
con muchos paralelismos. En la adaptación he incluido un breve
fragmento de El rufián viudo, de Cervantes, y de Carta
de Escarramán a la Méndez, de Quevedo, en la que un chulo
le escribe a su puta.
–¿La estética recuerda a Las gracias mohosas?
–Más bien el estilo y el humor, pero ésta es menos palaciega,
más cercana a la basura.
–¿De qué le viene ese eclecticismo que caracteriza su repertorio
como director?
–Para mí el teatro clásico debe andar con la contemporaneidad,
porque cuando abordo un clásico mi visión es necesariamente
la de un hombre de mi tiempo. La propuesta de Svozos,
que es una propuesta de teatro gestual o de teatro del movimiento,
se inspira en la tragedia La Orestiada, lo que pasa
es que hemos roto el ritmo de la narración. El espectáculo
está interpretado por tres bailarines y tres actores y en
este sentido sí creo que tengo un lenguaje ecléctico.
Influencias galas y polacas
–¿Qué artistas le interesan?
–Bebo mucho de Tadeusz Kantor, de la bailarina francesa Magui
Marin y de una compañía también gala que sigo de cerca, la
dirigida por Jerôme Deschamps, me gusta su ironía.
–Usted tiene una compañía, El Velador, y una sala en Sevilla,
La Herrería. ¿Su equipo es estable?
–Ya me gustaría. Siempre intento trabajar con los actores
de siempre, nos conocemos y eso adelanta mucho el trabajo.
Y de La Herrería le diré que es una pequeña sala, para 40
espectadores, que precisamente ahora vamos a reformar.
–¿Cree que su obra tiene proyección fuera de Andalucía?
–Svozos lo estamos moviendo mejor fuera de Andalucía
que dentro. Nuestra estilo no suele gustar a los programadores,
dicen que nuestros espectáculos son duros, poco amables para
el público.