Esta semana coinciden en Barcelona
dos Hamlets: Calixto Bieito presenta el día 30, en el
Romea, el que estrenó en Edimburgo protagonizado por
George Anton, y el Teatro Nacional de Cataluña acoge
el de la compañía lituana de Nekrosius. A pesar de ser
el personaje más perseguido por los actores, pocos lo
han interpretado en España. Entre estos Nuria Espert,
J. Luis Gómez, J. Pedro Carrión, y Lluís Homar.
¿Qué atractivos esconde el atribulado príncipe
Hamlet para ser el personaje soñado por los actores? ¿Por
qué es el más complejo de los que se han escrito, la gran
prueba de fuego de un intérprete? ¿Es un héroe alejado de
todo heroísmo o se trata de un paranoico que ve complots donde
no los hay para justificar el asesinato? Con un argumento
de sobra conocido, cada nueva versión de Hamlet despierta
curiosidad por ver qué nueva personalidad ha adquirido su
protagonista, qué faceta ignorada de su carácter se nos desvela.
Ahora, en Barcelona, coinciden dos producciones de la obra
de Shakespeare. Una es la que se presenta en el Teatre Nacional
de Cataluña hasta el día 28, dirigida por Eimuntas Nekrosius
y su compañía Meno Fortas. Tiene la particularidad de estar
protagonizada por Andrius Mamontovas, cantante de rock con
muchos seguidores en su país, Lituania; también una original
escenografía que presenta el castillo de Elsinor, “la cárcel
de Dinamarca” que dice Hamlet, en un infierno de hielo, diseñado
para que gotee incesantemente sobre el escenario como evocación
del fantasma del padre; el hielo como un elemento para sugerir
la relación entre temperatura y emoción. Es la primera vez
que se verá en nuestro país un espectáculo de Nekrosius, uno
de los directores más acreditados de la escena báltica, y
que con este Hamlet, estrenado hace cuatro años en
el Festival Hamlet de Dinamarca, se ha ganado el respeto en
Europa.
La otra producción la dirige Calixto
Bieito y fue un encargo del Festival de Edimburgo que estrenó
el pasado verano en la capital escocesa. Su versión ha dividido
a la crítica del Reino Unido aunque de la quema se ha salvado
la interpretación de George Anton, quien ya hizo con Bieito
el Segismundo de La vida es sueño: “Imponente interpretación
de profundidad y rabia controlada”, ha dicho The Herald .
No tan generoso se muestra Charles Spencer, del The Daily
Telegraph: “La inteligencia penetrante y el misterio metafísico
de Hamlet sólo se queda en sexo, drogas y rock and roll” y
compara lo que Bieito ha hecho con lanzar un bote de pintura
a un cuadro de Rembrandt o Turner.
Bieito ha situado el castillo de Elsinor en un bar nocturno
por el que desfilan los personajes ataviados en cuero. Según
ha confesado el propio director, su labor ha consistido en
deconstruir la obra para volver a construirla y ofrecer un
relato, “sobre la corrupción humana y política, pero también
sobre la corrupción física”, que es de lo que en su opinión
trata la obra. “El problema con estos directores que diseñan
Hamlet es que el texto se pierde por el camino. No
hay ningún problema en reeditar y construir el trabajo de
Shakespeare pero el sentido se ha perdido”, apuntan en The
Scotland. De esta forma, la obra, que habitualmente viene
a durar de tres a cuatro horas, se ha quedado en dos. Con
un reparto inglés, se exhibirá con subtítulos en catalán en
el Romea de Barcelona.
Un Hamlet mujer
En la historia más reciente del teatro español no son muchas
las producciones que se han hecho de Hamlet. Una de
las versiones más sonadas que se recuerdan fue la que Nuria
Espert protagonizó en 1960, dirigida por su marido Armando
García. Cuenta en sus memorias, De aire y fuego (Ed.
Aguilar) que fue una insensata idea la de hacer Hamlet. “Se
organizó un escándalo de envergadura porque aceptaron muy
mal que una mujer hiciera el personaje. Ana Mariscal ya se
había atrevido tiempo atrás a hacer de Don Juan Tenorio y
la pusieron a caldo”. Cuenta la actriz que el día del estreno,
en el anfiteatro Grec de Barcelona, (el espectáculo había
sido concebido para escenarios naturales), el público estaba
dividido y se oían aplausos y abucheos que se hicieron más
frenéticos cuando ella apareció en escena.
Desde entonces, la tragedia apenas se ha representado en nuestro
país por compañías profesionales. En los 80, Enric Majó hizo
una versión televisada que luego llevó a las tablas en Barcelona,
dirigida por Pere Planella. Más tarde, cuando José Carlos
Plaza se hizo cargo del Centro Dramático Nacional, en 1989,
decidió estrenarse con ella. José Luis Gómez fue el elegido
para encarnar al príncipe de Dinamarca. Le arropaba un reparto
de lujo con Ana Belén (Ofelia), Berta Riaza (Gertrudis), Alberto
Closas(Rey ), y Chema Muñoz (Horacio). La obra duraba tres
horas y media y sorprendió el famoso aforismo del monólogo
que Molina Foix, autor de la versión, tradujo como “Ser o
no ser, este es el dilema”. Plaza subrayaba el terrible dilema
insoluble en que vive el personaje: un hombre del Renacimiento,
educado, universitario, con amigos letrados como Horacio,
llamado a cumplir la terrible acción del asesinato.
Gómez, que también ha interpretado a Segismundo, no sabe cuál
es más complejo de los dos, “pero posiblemente lo sea Hamlet,
que es de una riqueza inconmensurable, porque se abordan las
relaciones de él con la madre, con el padre, su tío, los cómicos,
Ofelia... Cuando lo interpreté me sentí fascinado por un hombre
que creo profundamente bueno, con una visión idealizada del
mundo pero al mismo tiempo abrigado por la negrura de la venganza”.
A Gómez le sustituyó la temporada siguiente José Pedro Carrión,
un actor que ya llevaba tiempo en el equipo de Plaza y cuyo
repertorio está poblado por otros Shakespeare (El mercader
de Venecia, Ricardo III, Sueño de una noche de verano...).
Entonces las comparaciones fueron inevitables. Se dijo que
si el Hamlet de Gómez era más cerebral, en el de Carrión había
más corazón. “No le podría contar todo lo que yo he aprendido
con Hamlet”, explica Carrión, “sobre todo el amor por
la palabra. También aprendí mucho viendo a Gómez”.
En opinión de Carrión, lo que hace especial a Hamlet es el
ser un “hombre a caballo entre la Edad Media y el Renacimiento,
lleno de recovecos, de pliegues, un personaje poliédrico que
permite a cada actor distinguirse, hacer su propia versión”.
De los múltiples asuntos que asoman en la obra, él se queda
con las escenas que se refieren al teatro y que le sirve a
Shakespeare para verter sus opiniones sobre él.
Un loco proyecto
Lluís Homar ha sido el último actor en protagonizar un Hamlet
en nuestro país, hace tres temporadas. Confiesa que desde
que vio la obra en Stradford, en los 70, interpretada por
Michael Pennington, tenía la espinita. “Ha sido el proyecto
más loco de mi vida, porque no pretendía ni dirigirlo ni producirlo,
pero finalmente las circunstancias me obligaron”. Homar también
menciona las ilimitadas posibilidades interpretativas que
ofrece el papel. En su opinión, Hamlet es un hombre de acción,
con una gran sensibilidad, pero que también atraviesa un conflicto
de madurez. “Me atrae mucho su historia: un principito culto,
educado, con unos padres felices, que de la noche a la mañana
conoce el lado más amargo de la vida,que cae en una depresión,
en una crisis. Porque una cosa es lo que uno espera de la
vida, y otra muy distinta lo que la Providencia dicta. En
Hamlet vemos que todo su saber, su preparación moral, los
libros que ha leído, no le sirven para enfrentarse a la acción
que fundamenta la tragedia”.
La compleja escena con Ofelia
La tragedia, de cinco actos, tiene numerosas escenas que permiten
lucirse a todos los actores. A Gómez le gusta el combate final
con Laertes, culminación y despedida. Carrión prefiere “la
que mantiene Hamlet con Ofelia, quizá porque de las 180 funciones
que hice, nunca quedé satisfecho. En ella, Ofelia llega a
unos extremos de amor y muerte tremendos, un personaje a la
altura de Hamlet, fuerte y agresiva”.
Aspecto muy discutido también es la edad que se le atribuye
al personaje,entre 25 y 30 años, y que contrasta con la que
realmente suelen tener los actores. José Luis Gómez lo interpretó
con 49 años y Lluís Homar con 43. “Ahora es más fácil encontrar
actores jóvenes formados que puedan hacerlo”, dice Gómez.
“Yo no hubiera hecho Hamlet a mis 30 años”, señala Homar,
“porque el personaje exige a un actor muy preparado”y aunque
ahora le gustaría volver a interpretarlo sabe que ya es tarde.
Por su parte, Carrión tiene claro que no le gusta “volver
a bailar con la misma novia. Hice 180 funciones, de casi cuatro
horas cada una, y me quedé en 57 kilos. Entras en escena y
tienes que hacer frente a una tensión dramática de vértigo”.