Manuel Canseco: «No me dedico a esto del
teatro para hacer vodeviles»
El director pone en
escena la Tetralogía tebana con motivo del XXV centenario de
Sófocles
A nadie en este país se le
había ocurrido que el mejor lugar para celebrar el 2.500
cumpleaños de Sófocles era el teatro. Manuel Canseco desafía
al silencio oficial con la presentación del Ciclo tebano:
Edipo («Edipo Rey», «Edipo en Colonos», ambas de Sófocles) y
La herencia de Edipo («Antígona», de Sófocles y «Eteocles y
Polinices», nueva dramaturgia a partir de «Los siete sobre
Tebas», de Esquilo y «Las fenicias», de Eurípides). Esta
ambiciosa producción privada se verá íntegra los sábados en el
Galileo en un montaje de más de seis horas.
Acontecimiento único. Canseco no recuerda
un evento
similar
C. David Carrón -
Madrid.- Para este
«capricho» escénico es necesario un reparto con caras
veteranas y también jóvenes (Maite Brick, Joan Llaneras, Ramón
Pons o Raquel Berini, entre otros) que se alternan como
protagonistas en una tragedia y coro en las otras. Y se
requiere desmontar el Galileo para convertirlo en un templo,
donde apenas entran 260 espectadores.
¬Hay que ser valiente para poner esto en
marcha... ¬Hace falta mucho amor al
teatro. Es mi viejo sueño desde que dirigía el Festival de
Mérida. Resulta una especie de miniserie trágica de la
historia de Edipo. ¬¿«Edipo Rey» es la
tragedia más redonda de Sófocles? ¬Cada
una tiene unas connotaciones distintas. Por eso nos hemos
atrevido a hacer la tetralogía completa. «Edipo Rey» es la que
más se conoce. «Antígona» es la rebeldía de la mujer ante la
injusticia humana. «Edipo en colonos» señala la forma en que
el viejo Rey trata a sus hijos, mientras «Eteocles y
Polinices» es el enfrentamiento por el poder que arrasa a un
pueblo, tan actual... ¬¿Qué dificultades
acarrea un acontecimiento así? ¬Debo
rendir tributo a los actores que me acompañan en el proyecto.
Sería imposible ponerlo en pie sin su grado de entrega y
desinterés, en esta profesión que tiene mucho de vocación. El
trabajo es mucho: desdoblarse en varios personajes y gran
actividad física. ¬¿Por qué pone en
escena las cuatro tragedias seguidas? ¬El
sábado lo hacemos así para facilitárselo a aquellos que no
viven en Madrid. No sabemos si el espectáculo podrá viajar, ya
que las pérdidas que se prevén son tremendas, por eso están
controladas en el tiempo. Aunque ya hemos recibido llamadas de
muchos interesados, incluso de
Portugal. ¬¿No será demasiado esfuerzo
también para el espectador? ¬Ninguna de
las tragedias sobrepasa la hora y veinte minutos. El sábado
haremos las dos primeras, con un descanso de 45 minutos, y
luego las dos últimas. Verlas todas juntas dará una
perspectiva distinta que viéndolas de dos en dos ¬pues así
será como se programen durante la semana.
¬¿Por qué este empeño en respetar los
textos originales? ¬Porque tienen
absoluta vigencia. Eso sí, tratamos de adecuar el lenguaje,
evitar la excesiva repetición, colocar la puntuación que, en
aquel entonces, no existía. De esto soy responsable yo mismo
para lo bueno y para la malo. ¬¿Qué
aportan hoy los textos? ¬El lenguaje es
más cercano incluso que el de nuestros clásicos en verso.
Además, tiene un concepto del tiempo totalmente distinto.
Estamos acostumbrados a imágenes sintéticas de televisión,
aquí queremos que la belleza del lenguaje sugiera al
espectador lo que no puede entrar por el ojo.
Lo esencial
¬¿Es de los que piensa que ya todo lo inventaron los
griegos? ¬La esencia de la vida, la
cultura y la belleza en nuestra civilización arrancó en
Grecia. Adaptar el concepto al público es lo único que podemos
hacer. ¬Su montaje competirá en una
cartelera repleta de sexo... ¬Será porque
los espectadores no lo practican lo suficiente... Creo que
sólo son modas. El teatro también tiene la función de
divertir, sin renunciar a la reflexión.
¬¿Por qué se empeña en programar en la
sala que dirige proyectos tan poco
comerciales? ¬Mis inicios fueron de la
mano de José Luis Alonso, por eso me resulta difícil dedicarme
al teatro para hacer un vodevil. He mamado esa forma de hacer,
que no es ni mejor ni peor que otra.