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martes 7 de octubre de 2003

 


Manuel Canseco: «No me dedico a esto del teatro para hacer vodeviles»


El director pone en escena la Tetralogía tebana con motivo del XXV centenario de Sófocles

A nadie en este país se le había ocurrido que el mejor lugar para celebrar el 2.500 cumpleaños de Sófocles era el teatro. Manuel Canseco desafía al silencio oficial con la presentación del Ciclo tebano: Edipo («Edipo Rey», «Edipo en Colonos», ambas de Sófocles) y La herencia de Edipo («Antígona», de Sófocles y «Eteocles y Polinices», nueva dramaturgia a partir de «Los siete sobre Tebas», de Esquilo y «Las fenicias», de Eurípides). Esta ambiciosa producción privada se verá íntegra los sábados en el Galileo en un montaje de más de seis horas.




Acontecimiento único. Canseco no recuerda un evento similar

C. David Carrón - Madrid.-
Para este «capricho» escénico es necesario un reparto con caras veteranas y también jóvenes (Maite Brick, Joan Llaneras, Ramón Pons o Raquel Berini, entre otros) que se alternan como protagonistas en una tragedia y coro en las otras. Y se requiere desmontar el Galileo para convertirlo en un templo, donde apenas entran 260 espectadores.
   ¬Hay que ser valiente para poner esto en marcha...
   ¬Hace falta mucho amor al teatro. Es mi viejo sueño desde que dirigía el Festival de Mérida. Resulta una especie de miniserie trágica de la historia de Edipo.
   ¬¿«Edipo Rey» es la tragedia más redonda de Sófocles?
   ¬Cada una tiene unas connotaciones distintas. Por eso nos hemos atrevido a hacer la tetralogía completa. «Edipo Rey» es la que más se conoce. «Antígona» es la rebeldía de la mujer ante la injusticia humana. «Edipo en colonos» señala la forma en que el viejo Rey trata a sus hijos, mientras «Eteocles y Polinices» es el enfrentamiento por el poder que arrasa a un pueblo, tan actual...
   ¬¿Qué dificultades acarrea un acontecimiento así?
   ¬Debo rendir tributo a los actores que me acompañan en el proyecto. Sería imposible ponerlo en pie sin su grado de entrega y desinterés, en esta profesión que tiene mucho de vocación. El trabajo es mucho: desdoblarse en varios personajes y gran actividad física.
   ¬¿Por qué pone en escena las cuatro tragedias seguidas?
   ¬El sábado lo hacemos así para facilitárselo a aquellos que no viven en Madrid. No sabemos si el espectáculo podrá viajar, ya que las pérdidas que se prevén son tremendas, por eso están controladas en el tiempo. Aunque ya hemos recibido llamadas de muchos interesados, incluso de Portugal.
   ¬¿No será demasiado esfuerzo también para el espectador?
   ¬Ninguna de las tragedias sobrepasa la hora y veinte minutos. El sábado haremos las dos primeras, con un descanso de 45 minutos, y luego las dos últimas. Verlas todas juntas dará una perspectiva distinta que viéndolas de dos en dos ¬pues así será como se programen durante la semana.
   ¬¿Por qué este empeño en respetar los textos originales?
   ¬Porque tienen absoluta vigencia. Eso sí, tratamos de adecuar el lenguaje, evitar la excesiva repetición, colocar la puntuación que, en aquel entonces, no existía. De esto soy responsable yo mismo para lo bueno y para la malo.
   ¬¿Qué aportan hoy los textos?
   ¬El lenguaje es más cercano incluso que el de nuestros clásicos en verso. Además, tiene un concepto del tiempo totalmente distinto. Estamos acostumbrados a imágenes sintéticas de televisión, aquí queremos que la belleza del lenguaje sugiera al espectador lo que no puede entrar por el ojo.

Lo esencial

¬¿Es de los que piensa que ya todo lo inventaron los griegos?
   ¬La esencia de la vida, la cultura y la belleza en nuestra civilización arrancó en Grecia. Adaptar el concepto al público es lo único que podemos hacer.
   ¬Su montaje competirá en una cartelera repleta de sexo...
   ¬Será porque los espectadores no lo practican lo suficiente... Creo que sólo son modas. El teatro también tiene la función de divertir, sin renunciar a la reflexión.
   ¬¿Por qué se empeña en programar en la sala que dirige proyectos tan poco comerciales?
   ¬Mis inicios fueron de la mano de José Luis Alonso, por eso me resulta difícil dedicarme al teatro para hacer un vodevil. He mamado esa forma de hacer, que no es ni mejor ni peor que otra.

 
 




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