Marco Antonio de la Parra “Se necesita un teatro de alto riesgo”
El dramaturgo chileno Marco Antonio de
la Parra recibirá el próximo 5 de mayo el Premio Hispanoamericano
de los Max. Autor de La secreta obscenidad de cada día,
Madrid/Sarajevo y Lo crudo, lo cocido, lo podrido
es además director, actor, médico cirujano, psiquiatra, novelista
y ensayista. Está muy vinculado a España, donde ha sido agregado
cultural de la embajada de Chile, ha dirigido varios talleres
y estrenado numerosas obras.
–¿Qué vertebra toda su producción teatral?
–Hay dos líneas en mi teatro, la histórica y la íntima. No
soy muy propicio al realismo. Deudor del grotesco, del esperpento,
del absurdo, del expresionismo, tanto cuando trabajo la posible
historia secreta de mi país, metáfora de todo Occidente, como
cuando me dejo caer de la mano del lenguaje bufo aparente
de la comedia pequeño burguesa, no dejo de recrear el gesto
del ilusionista, del mago.
–Ha hecho de todo. ¿Qué le lleva a diversificarse tanto?
–El horror vacui, no bromeo. Basta quedarme en silencio y
comienzo a dibujar una obra. A veces lo primero es la imagen,
o siempre. Un trabajo descansa de otro. En el fondo yo quería
ser tan solo director de cine. Quizás cuando sea mayor...
–A Chile le diagnosticó “una depresión que no nos hemos confesado”.
¿Cuáles son las causas y qué “tratamiento” recetaría usted?
–Este país se encontró con su crueldad, debió reconocer entre
hermanos de la misma familia a traidores, soplones, torturados
y torturadores. La terapia de la verdad certeramente dicha
es el trabajo de los artistas de mi pueblo. Los tiempos que
corren tan neoliberales precisan más que nunca un teatro de
alto riesgo y palabra candente. Intento con mis compañeros
su escritura.
–¿Con qué director español le gustaría trabajar?
–Con Lluís Pasqual, Sergi Belbel, Eduardo Vasco, David Ojeda,
José Luis Gómez y Domingo Ortega.
–¿Qué autores españoles le resultan interesantes?
–Mayorga es mi interlocutor más sabroso. Sanchis Sinisterra
una especie de cómplice guerrillero en la aventura latinoamericana,
Belbel una conversación pendiente, Fermín Cabal un amigo de
tiempos mozos. Laila Ripoll me encanta. Yolanda Pallín me
ha hecho reír mucho. José Ramón, Luis Miguel, Raúl, la peña...
Antonio Álamo, Jesús Campos, Angélica Lidell, la inolvidable...
Borja, Onetti... ¿Sigo?
–¿Qué es lo crudo, lo cocido y lo podrido de la profesión
teatral?
–Lo crudo es el escenario, lo cocido el bello momento de la
puesta en escena, lo podrido la cara sucia de la política
que nos hace temer ser otra vez mimos callejeros.