María Galiana (Foto: Chicho) y Rosa
María Sardá (Foto: J.M.
Casaña)
p
María Galiana y Rosa María Sardá Cara a cara entre dos actrices veteranas que
vuelven al escenario
Son dos actrices dispares que
vuelven a las tablas después de varios años de ausencia.
Rosa María Sardá, que no subía a escena desde hacía tres
años, se somete a una tremenda transformación física
para parecer una enferma terminal de cáncer en Wit. Se
estrena el 14 de noviembre en Gerona y a partir del 19
estará en el Borrás de Barcelona. También María Galiana
vuelve al teatro. Inaugura, a partir del día 15, la sala
de La Princesa del María Guerrero de Madrid con un
monólogo hecho a medida por Jerónimo López Mozo y dentro
del ciclo
Confidencias.
–Vuelve a la escena después de bastante
tiempo. ¿Es cierto que le cuesta hacer teatro? ¿Por qué?
–María Galiana: Mis dos últimos trabajos en teatro se remontan
a 2000 y 2001, cuando trabajé en Troyanas y en la obra
Para siempre de Junyent. Desde entonces no había vuelto
a pisar un escenario no porque no quisiera, sino porque mi
trabajo en la serie “Cuéntame” me impedía hacer otra cosa.
La televisión está ocupando todo mi tiempo. Me encanta hacer
teatro y cuando pasa mucho tiempo sin subir a un escenario
lo echo de menos, pero debo reconocer que me gusta más el
cine. Son dos medios de expresión parecidos pero muy dispares.
Lo que hace que me incline por uno u otro medio es mi gusto
por el cambio, por el riesgo. Me gusta hacer cosas distintas.
–Rosa María Sardá: Todo depende de las ofertas que me hagan,
pero para mí lo interesante es la pieza más que el medio.
A veces entre muchas propuestas no encuentras ninguna interesante
y otras veces sólo tienes una, pero magnífica.
–¿Qué requisitos debe reunir una obra para que acepte interpretarla
y qué le llevóa a aceptar ésta?
–R. Mª. S.: No es una elección que dependa de uno, porque
la gente tiene que trabajar para subsistir y España no es
ninguna panacea para el actor. Hay poco trabajo y pocas infraestructuras
en cine y teatro. Pero para que me implique en un proyecto
es necesario que tenga un contenido. Margaret Edson, la autora
de Wit, es una gran escritora y la obra se ha representado
en todo el mundo, incluso hay una ópera. El proyecto me llegó
hace tres años pero no lo hemos podido realizar hasta ahora
por las circunstancias, porque en España, todo lo que tenga
que ver con la cultura es precario.
–M. G.: Para que me decante por una proyecto es imprescindible
que la obra tenga un sustrato literario y una historia atractiva.
No me importa hacer papeles secundarios, de hecho son los
que abundan en mi carrera, pero yo creo que no existen papeles
pequeños sino actores pequeños. En el caso de este ciclo titulado
“Confidencias” me atrajo la posibilidad de mantener un cara
a cara con el público. Es muy atrevido.
–¿Qué es lo que más destacarían de su montaje?
–M. G.: El ciclo “Confidencias” es muy atractivo por su punto
de vista inicial: una serie de actores y actrices contando
nuestras experiencias personales y profesionales en un espacio
íntimo donde el espectador está muy cerca del actor. Mi texto
lo ha escrito Jerónimo López Mozo a partir de las confidencias
que yo misma le he hecho. Es una charla con ilustraciones,
un recorrido por mi propia biografía y doy opiniones, a veces
heréticas, sobre la vida y el teatro.
–R. Mª S.: Todo el equipo nos hemos volcado en esta historia
y espero que, si vendemos tres butacas, la gente lo aprecie.
–¿Ha sacado alguna enseñanza de este personaje?
–R. Mª. S.:Yo no me parezco en nada a la doctora Bearing y
tampoco necesito buscar puntos en común. Pero aun cuando no
tenía previsto que aparecieran cosas siempre surge algo. Lo
importante es que el montaje me guste a mí y , como consecuencia,
también a los demás.
–M. G.: Yo no quiero que mi discurso sea petulante, sino que
sea una síntesis de mis opiniones y que ésta sea confrontada
con el espectador, cara a cara. Eso es difícil pero también
enriquecedor.
–Cuando hace teatro, ¿qué espera del director de escena?
–M. G.: Debe dar unas pautas y guiar tu trabajo. Yo le pido
que se compenetre con el actor, que cuide la dramaturgia,
que sea capaz de ver los potenciales de cada actor y que saquen
lo mejor de uno mismo.
–R. Mª. S.: Lluís Pasqual y yo llevamos 25 años trabajando
juntos. Conozco su forma de ser y él la mía. Sé lo que le
pide a un actor sin que hablemos una palabra, y yo intento
conseguir eso, si puedo.
–Desde un punto de vista interpretativo, ¿usted es de esas
actrices que muestra su personalidad, experiencia u opiniones
a través del personaje que interpreta?
–R. Mª. S.: Le repito que para mí no es importante tener algo
en común con mis personaje. Desde luego espero parecerme poco
a la doctora Bearing.
–M. G.: Siempre encuentras un punto en común con tu personaje.
El papel más divergente que he interpretado en mi carrera
es, curiosamente, el de Solas.
–¿Cree que los actores españoles valoran y aprecian las tablas?
¿Existe un abismo entre los actores de cine y los que actúan
en el teatro?
–M. G.:En España, actualmente, hay una mala tradición de teatro.
La gente no ama el teatro, no es como en Inglaterra. Aquí
la gente no va “encantada” a la Zarzuela. Pero también hay
una estirpe de actores que aman el teatro y que trabajan en
el cine para costearse la vida. Sin embargo, no se puede actuar
igual en cine que en teatro.
–R. Mª. S.: Los actores lo valoran pero no los empresarios,
por ejemplo. Los actores somos los que, heroicamente, hacemos
teatro, aunque a veces me pregunto si este país se lo merece.
–¿Hay en Barcelona mejor y más teatro que en Madrid?
–R. Mª. S.: El buen teatro está donde se produce buen teatro.
Unas veces es en Barcelona, otras en Salamanca, en Madrid.
Hay grandes compañías y actores que la gente no sabe que existen,
pero ellos siguen ahí, haciendo su trabajo. No hay mejores
sitios sino mejores profesionales.
–M. G.: Debo reconocer que en Barcelona se hace mucho y muy
buen teatro, pero con el inconveniente de que es en catalán.
Pero allí te encuentras fácilmente a compañías como La Fura,
Els Joglars, Comediants, etc, que están subvencionadas por
la Generalitat. Hay más diversidad, entusiasmo y profesionalidad.
En la capital también hay mucho de eso, pero también hay mucha
morralla.
–En el último año hemos visto a los artistas tomar la calle
, ¿cree que por el hecho de ser actor el artista está llamado
a cumplir una función social especial?
–M.G.: Sí. Somos personas muy conocidas a las que la gente
tiene en cuenta. Tomar postura es importante. Por ejemplo,
si la actriz Susan Sarandon no hubiera tomado partido no nos
hubiéramos dado cuenta de que había gente que no opinaba como
Bush.
–R. Mª. S.: El actor cumple una función social por el hecho
de subir a un escenario y mostrarse impúdicamente. En este
oficio hay gente con ideología, afortunadamente, y no por
el hecho de ser actores. Vivimos una época espantosa que da
miedo y tenemos que decirlo. Hay mucha gente que no está de
acuerdo con lo que se hace y lo dice. Pero que no estés de
acuerdo no significa que seas un terrorista. Tenemos derecho
a discrepar.