Daniel
Galindo: La historia de Hoy: El diario de... es la
de un reencuentro con el dramaturgo Manuel González Gil, con
el que querían hacer algo sobre la época dorada de la radio en
Argentina, ¿no es así?
Miguel Ángel Solá: Es la
historia del amor que nos une a Blanca, a Manuel y a mí, tras
años de proyectos, amistad y una concepción del teatro
compartidos. Quisimos hacer una obra al alcance de cualquiera
que no se escapara una vez digerida la cena posterior al
espectáculo. La radio, el más hermoso invento del siglo XX,
fue la excusa posterior. Los argentinos no la inventamos, pero
nuestro mérito fue el de transformarlo en un útil antes que
ningún otro país. En esa extensión inmensa de tres millones de
kilómetros cuadrados, con una diseminada población que no
llegaba a diez, fue compañera del agobiado, del desheredado,
del obligado a empezar de cero en todo. Era lógico que esa
época nos subyugara, que la invocáramos, y también que
acudiera en nuestra ayuda para dar forma a esta obra.
DG: Su estreno en Madrid era la llegada a puerto de un
barco que, según ustedes, navegaba contracorriente. ¿Por
qué?
MAS: Ocurrió lo mismo en Argentina y en España:
nadie daba un centavo por ella. Allí – y se repite algo
parecido aquí- reinan la vanguardia y el comercio teatral. Dos
estructuras monolíticas, repletas de tramas e influencias, que
han significado -y siguen significando- los motores del
teatro. Ellos determinan qué es el teatro, cómo debe hacerse y
cuál es el que debe interesar al público. Mientras tanto,
provocan daños irreversibles al teatro. Nuestra humildísima
obra, obró sin tener en cuenta ni a una ni a otra maquinaria.
Hicimos sólo lo que quisimos hacer: nuestras ganas, nuestros
sueños, nuestras capacidades multiplicadas por la tracción a
sangre.
DG: En España, casi dos años de Diario, en el
Teatro Bellas Artes, y uno más de gira por España... ¿Qué
fuerza cree que tiene la obra para que siga dando de sí, ahora
de nuevo en Madrid, en el Reina Victoria?
MAS:
Vocacionales, pero con hambre de público, nos lanzamos a
hacerla a medida de lo que buscábamos, por fuera de cualquier
entramado. Costó lo que cuesta querer y ser querido. Y
acertamos. Pero, en una época que tiene como único gran
maestro al azar, gritamos que el mérito existe, y que
habiéndola estrenado sin un céntimo de publicidad, con más un
millón de espectadores ya, deja en el asombro a los intelectos
estreñidos, a los fabricantes de estadísticas, a los
sempiternos envidiosos y a los cultores del menoscabo. El
público dijo sí. La crítica, en un 99,89%, dijo sí. Nosotros
también.
DG: En una sociedad que peca de incomunicación y
hermetismo, usted y Blanca Oteyza sacan al menos dos horas al
día para hablar de amor... ¿También va a
contracorriente?
MAS: El médico es noticia cuando se
olvida un bisturí en algún cuerpo, no por las horas en las que
corre el dolor ajeno por su sangre, ese dolor que tiene -por
conciencia y vocación- el deber y la necesidad de aliviar. El
varón y la mujer, en general, ocupan titulares por sus
desgraciadas acciones, no por su latir y sus potencialidades
humanas. ¿Por qué no hablar del motor primero, del almita
pequeña que reclama su primer deseo: ser querido? ¿Por qué no
acariciarnos un poco? Mi compañera siente, piensa y obra de
esa manera también. Y nuestro director, y nuestros
colaboradores y amigos también.
DG: Cuenta Blanca que un día se marchó a Argentina en
busca de las raíces del teatro. ¿Qué esperaba encontrar Miguel
Ángel Solá en España y, si es así, qué le ha decepcionado en
términos profesionales y, por tanto también,
culturales?
MAS: En España esperaba encontrarme una vez
más con algo que si se me pierde, me pierdo: Blanca. Es el
alma que ocupa todas mis habitaciones en todos mis inviernos y
veranos, y mis primaveras y otoños. En términos culturales y
profesionales, yo no tengo derecho a estar decepcionado, o sí
lo tengo, pero no lo estoy. Desde mi corazón: ¡Gracias España
por permitirme seguir siendo yo, a mi manera, con mis buenas y
malas, con mi desesperación -hambrienta compañera-, que me
indica dónde está la presa y cuál es la capacidad que tengo de
disfrutarla!.
DG: Y un actor tan curtido como usted, comprometido con
la creatividad, el arte y el teatro, ¿qué recomienda, aparte
de Hoy: el diario...?
MAS: Recomiendo leer una
novela universal y entrañable que resume teatro: Comedia
con Fantasmas de Ordóñez. También, dos novelas de Soler,
dignas del cine también, El Camino de los Ingleses y
Las bailarinas muertas. Recomiendo leer con urgencia
El Cielo de Madrid de Llamazares, que resucita íntegro
en tiempos de electrónica y vaya a saber qué.. Recomiendo ir a
ver a Carlos Hipólito, gran, grandísimo actor, en El Método
Gronhölm, y a sus compañeros de trabajo que están a la
altura de esa grandeza. Recomiendo La Cena,
Cabaret, Sobre Horacios y Curiacios Por último,
recomiendo a todos que no se sienten demasiado -aunque el culo
les pese mil kilos-, que los tiempos urgen. Que si hay mucho
por cambiar y hacer es mejor que sea ya. Y que sueñen,
dormidos y despiertos, que los sueños nunca engañan, porque si
éstos desembocan en un bien o en una verdad, cualquier
sacrificio es hasta bello.