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Nacho Duato “Nos hace más falta un
teatro para la danza que una compañía de ballet
clásico”

Tras quince años al frente
de la Compañía Nacional de Danza, Nacho Duato
está orgulloso del nivel artístico y técnico
alcanzado por su formación, con el que ha ganado
el difícil reconocimiento de público y crítica.
El 27 de enero vuelve a la Zarzuela de Madrid
con un programa que incluye Cautiva, Falling
Angels y su nuevo trabajo
Diecisiete.
A pesar de la intensa
actividad y el nerviosismo que implica un
estreno, a Duato se le ve tranquilo. Puede que
algo tenga que ver su inmersión en la filosofía
zen y en la cultura oriental que se refleja en
su nuevo trabajo; él lo explica porque se
encuentra en una etapa de madurez personal y
artística que le permite afrontar su labor con
una mayor serenidad. Tras quince años al frente
de la Compañía Nacional de Danza (CND), el
coreógrafo critica y recibe críticas con la
misma actitud de siempre: no tiene que demostrar
nada a nadie, le basta exhibir a la CND. Muestra
su satisfacción por el buen nivel de formación y
el grado de compenetración de sus bailarines, y
mantiene firme su reclamo de un teatro dedicado
a la danza.
–¿Cuál es el origen de
Diecisiete? –Los haikus japoneses
tienen diecisiete sílabas. Un libro de haikus
preciosos cayó en mis manos, leí también una
novela que trataba de estos poemas. Luego estaba
con Sergi Caballero, el director del Sonar, que
en ese momento se celebraba en Japón. Hubo toda
una serie de circunstancias que coincidieron
para que este ballet se hiciera
ahora.
–Ha seleccionado tres haikus ¿por
qué estos? –Son tres pero podían ser 300.
Cogí esos tres que hablan de lo efímero de la
nieve y la comparan con lo efímero de la vida.
Cuando salen las cigarras sabes que es un haiku
de verano, cuando sale la nieve es un haiku de
invierno, cuando salen las cerezas es un haiku
de primavera. Las cuatro estaciones del año han
tenido mucho que ver a la hora de hacer la
música y están presentes de una manera sutil en
el ballet.
El ballet es mi
terapia –¿Cómo plasmar esa sutilidad de
los haikus a través del cuerpo? –El ballet es
poesía. Con el ballet lo único que hago es
tratar de comprender y de estar en contacto con
esa otra cosa que no se sabe lo que es. A veces
me preguntan si soy religioso, si medito. No me
hace falta, en mis ballets encuentro mi terapia,
mi mística. Es verdad que la cultura oriental no
es como la occidental y me gusta investigar por
allí. Aquí vemos la muerte con miedo y allí es
simplemente un paso a una vida más. Como dice el
haiku “hoy es el día de mi muerte allí en el
paraíso”. Es una maravilla. Hablar de la cigarra
o de una gota de agua. Es decir algo sin
decirlo. Nunca está el “yo” en un haiku, nunca
se habla del presente, siempre se habla, y con
mucha distancia, de cosas que aparentemente no
tienen importancia. Mientras que en nuestra
cultura yo soy el centro del universo, hablo de
mí y de mis problemas.
–En
Diecisiete utiliza la música de dos
compositores contemporáneos de perfiles muy
distintos. –Pedro Alcalde y Sergi Caballero
han trabajado juntos en esta pieza. Recogieron
sonidos de Japón, ruidos de pájaros, de
cigarras, de nieve, han entrevistado a japoneses
preguntándoles qué significa la nieve para
ellos. Es una música, una sonoridad muy distinta
a la que hemos utilizado hasta ahora y eso ha
hecho aflorar otro tipo de
vocabulario.
–Como por ejemplo... –Hay
partes que son mucho más lentas, momentos en los
que juego más con la luz, con el escenario. Me
atrevo más a no hacer nada. Aunque hay momentos
muy complicados, hay otras partes donde se trata
más de una composición, como un
cuadro.
–¿La considera una pieza de
madurez? –Sí, pero yo creo que he hecho
piezas muy maduras desde hace tiempo. Jardí
Tancat, mi primera coreografía, lo es y la
hice cuando tenía 23, pero si lo hubiese hecho
con 33 estaría muy bien también. Eso sí, ahora
afronto mi trabajo con mucha más madurez. No
estoy tan inseguro conmigo mismo, tan alerta
sobre “qué pasará, qué dirán”.
–¿Qué
balance hace de su trabajo al frente de la
CND? –Realmente lo que he hecho, después de
un bache muy al principio, es muy predecible.
Ayer alguien me comentaba “¡Quince años! ¿Cuánto
tiempo más?” No sé cuánto tiempo más. Mientras
la compañía se siga desarrollando, los
bailarines cada vez estén mejor técnicamente y
la relación con el Ministerio y con mis técnicos
sea buena, tenemos contratos para actuar en los
mejores sitios del mundo... yo me divierto y mis
bailarines se divierten. Acabo de coger a uno de
la Dos (la compañía joven de la CDN) que ha
terminado sus dos años. Parece que el engranaje
funciona.
–¿Tiene la sensación de que le
faltan cosas por hacer? –Claro que faltan
cosas por hacer. Un espacio para la CDN 2 para
que no tengan que entrar a trabajar a las cuatro
de la tarde y salir a las diez de la noche. No
tiene sentido que el Ministerio todavía no me
haya dado un espacio para una compañía que ha
estado desde hace siete años actuando en los
mejores sitios del mundo, donde todos los que
han pasado por la compañía ya están trabajando.
Esto en otro país habría tenido una respuesta.
También necesitamos un teatro para la danza.
Ahora terminan la sede para el circo. A mí me
encanta el circo, está muy bien y yo sé que en
Navidad se llenan los circos y recaudan mucho
más dinero que el ballet. Pero si el circo tiene
su sede, coño, la danza la merece también, ¿no?
El Auditorio es la sede de la música y el Teatro
Real es la de la ópera.
Mi contrato
lo firma el público –Pero ha conseguido
situar a la CND en la programación del
Real. –Si ve la programación de danza que
hace el Real es para echarse a reír. No hay, y
lo que hay no tiene ni pies ni cabeza. Además,
las entradas son muy caras y el público que me
gustaría no viene. A mí me cae muy bien Emilio
Sagi y sé que se enfada porque digo lo que le
estoy diciendo. Ahora voy a bailar cuatro días
en el Real, días metidos con calzador. En el
Théatre du Chatelet de París tengo tres semanas
para mi solo. En Nueva York, en el State
Theater, diez días. En el Real, simplemente no
hay interés. Esta compañía, como la de a lado
(el Ballet Nacional de España), tendríamos que
estar allí por lo menos dos temporadas. Da lo
mismo que llenemos o no. ¿Cree que se gana
dinero con el Reina Sofía?
–Ha convivido
con tres administraciones. ¿Cuál es la
clave? –Creo que el hecho de que mi contrato,
aparte de que pasa por la ministra, lo firma el
público, me lo dan los españoles que pagan la
Compañía. Si estamos aquí tanto tiempo es porque
llenamos teatros, estrenamos siete u ocho
coreografías nuevas al año. Esto el público lo
valora y me imagino que el Ministerio también.
Por eso he seguido tanto tiempo. No sigo porque
salga mono en las fotos o porque sea amigo de
alguien, encima no soy amigo de nadie del
Ministerio. Es más, cuanto menos piso el
Ministerio, mejor.
–Hay quejas de que en
su repertorio no hay variedad de voces.
–Está bastante cerrado que el próximo año
venga Wim Vanderkeybus para crear una obra.
Estoy hablando también con Edouard Lock, también
vendrá otra vez Jacopo Godani. Chevi Muraday,
Ángel Rodríguez y Tony Fabre harán nuevas
creaciones para la CND 2, también Amaury Lebrun.
Estrenaremos en abril en el Real una creación de
Mats Ek. Todo en menos de un año. No está nada
mal.
–Le critican que no incorpore obras
de coreógrafos españoles. –Chevy ha estado,
Angel ha estado, Ramón Oller. Patrick de Bana
está en Valencia con su compañía. Nicolo Fonte,
que era bailarín de la compañía, trabaja por
todo el mundo. Angel Rodríguez está haciendo
coreografías en Alemania. Quiero decir que aquí
se les ha dado talleres, han estado aquí
bailando, han conocido a
coreógrafos.
Cómo gastar el dinero
público –Las críticas han venido por no
incluir obras de otros coreógrafos españoles.
¿Cree que una compañía nacional tiene una
responsabilidad política además de la
artística? –Claro que la tiene y soy
consciente de ello. Primero, consciente de que
es un dinero público que me lo gasto
abiertamente, que todo el mundo sabe a donde va
cada euro sin ningún déficit. Pero la política
no se puede mezclar con lo artístico. No se
puede gastar dinero público en algo que no tiene
la calidad que exige la compañía.
–España
sigue sin una compañía de ballet clásico. ¿Hace
falta? –Nos falta más un teatro para la
danza que una compañía de ballet clásico. A ese
teatro podríamos invitar a compañías. El Real no
quiere compañía. Si yo me gasto unos 600
millones, una compañía de clásico como mínimo
necesita 1.200 millones, sin contar lo que
cobran las primeras figuras invitadas. Y eso, si
se quiere tener una compañía de clásico
normalita, para que se callen; así que más vale
no tenerla. Ha habido intentos de hacer clásico,
pero ¿dónde esta esa cantera, el alma de una
compañía de clásico? No hay escuela, no hay
dinero ni sitio. ¿Cada cuánto sale una Tamara
Rojo o un Ángel Corrella? Son casos
especiales.
–Con una compañía aquí estos
talentos no tendrían que irse fuera. –Pedro
Duque también se queja de que aquí no tiene
dónde trabajar. Si la quieren hacer, yo estaría
encantado. Dentro de unos años, cuando Corella,
Tamara Rojo o Lucía Lacarra hayan terminado de
bailar, a lo mejor pueden venir aquí y enseñar
todo lo que han vivido, lo que han sentido.
Ahora mismo no hay gente que puede enseñar y
formar compañía.
–¿Dónde se ve dentro de
cinco años? –No lo sé, a lo mejor lo he
dejado y me dedico sólo a coreografiar. Me han
llamado cuatro veces de los tres ballets que se
han unido en Alemania para que dirija la
compañía en Berlín y he dicho no. Yo ya no me
voy a otra compañía. ¿Para qué? Empezar con una
compañía nueva, en el norte de Europa, con un
frío que pela, con lo a gusto que estoy aquí con
mis amigos, cerca de mi familia. Dentro de cinco
años puede que sea momento de estar un poquito
más relajado. Tengo unos asistentes maravillosos
y a lo mejor uno de ellos pueda tomar las
riendas. Pero no me gustaría irme del todo
porque si me voy, tal y como está escrito, me
voy con todo mi trabajo.
KUMIN,
Laura |