Nilo Cruz
“El lirismo no se lleva en el teatro, por eso lo practico”

Ana en los Trópicos
ha sido uno de los éxitos recientes de Broadway, especialmente después
de que su autor, Nilo Cruz, ganara el Premio Pulitzer en 2003. Una
historia de adulterio protagonizada por cubanos que emigraron a Estados
Unidos a finales de siglo XIX. Se estrena el 22 de septiembre en el
Alcázar de Madrid y ha sido dirigida por el propio autor, quien ha
contado con un elenco en el que destaca Lolita, Joan Crosas, José Pedro
Carrión y Tony Acosta.
Durante
el tiempo que el poeta José Martí estuvo en Estados Unidos tuvo ocasión
de ser lector en una fábrica de puros de Tampa (La Florida); Martí
distraía el trabajo de liar cigarros de los obreros leyéndoles novelas
y, posiblemente, arengas por la independencia de Cuba. Este personaje,
el del lector, protagoniza Ana en el Trópico, de Nilo Cruz
(Matanzas, 1961), autor y director de origen cubano afincado en Estados
Unidos con más de media docena de títulos teatrales. La obra, escrita
con un lirismo nada habitual, es un melodrama sobre cómo la literatura
puede cambiar la vida. Lorca y Chejov la inspiran, también esta la
huella de Miller. Representada en 16 países, la versión española ha
sido producida por Nacho Artime.
–Vive en Estados Unidos desde los 9 años y escribe en inglés, ¿se siente cubano o americano?
–Es curioso porque estoy viviendo un juego de identidades complejo.
Cuando estoy en Estados Unidos me siento más cubano que americano, pero
cuando estuve viviendo en la India me di cuenta que era muy americano,
que mi educación y mi forma de pensar se correspondían con la del país
que me había adoptado. Ahora que estoy en España me siento muy
identificado con Cuba, encuentro aquí muchas raíces que me son
familiares. Pero me siento más que nada cubano.
El fin de una tradición
–¿Como nace esta obra?
–La razón fundamental era documentar la presencia en Estados Unidos,
durante el primer tercio del siglo XX, de los cubanos y también de
españoles procedentes de Cuba. Cuando hablamos de la emigración cubana
en Estados Unidos casi siempre nos referimos al éxodo
posrevolucionario, pero a finales de 1800 hubo un éxodo muy importante
hacia Tampa, en la Florida; hoy todavía se mantiene un centro
asturiano, otro gallego e, incluso, uno italiano. Yo he situado la
acción en Ybor, un pueblo fundado por un cubano-español que así se
llamaba. Los cubanos que se fueron crearon ciudades al estilo de su
país y la industria tabaquera de Tampa llegó a sobrepasar a la cubana,
estuvo muy apoyada por el gobierno americano. De esta forma, también se
introdujeron tradiciones como ésta del lector que a mí me encanta, que
leía novelas a los trabajadores mientras liaban los puros, lectores que
desaparecieron con la mecanización de las fábricas.
–La obra habla de cómo la literatura puede cambiar nuestra vida. ¿Cuáles han sido sus influencias literarias?
–Yo me he nutrido, sobre todo, de los autores suramericanos, Borges,
García Márquez, Isabel Allende, Vargas Llosa. Creo que mi teatro
comparte un lirismo cercano al de ellos; no me identifico mucho con los
autores norteamericanos.
–También Lorca parece ser uno de sus autores de cabecera.
–Sí. Tengo dos obras escritas sobre el autor granadino: Lorca con un vestido verde, basada en su muerte, y Belleza del padre,
que se estrena en noviembre en Nueva York y en la que aparece el
fantasma del autor, un ser que no ha podido descansar. Me interesa la
obra de Lorca, pero también lo que él representa, un artista que sin
estar afiliado a ningún partido, al final acaban matándolo. Lorca fue
un personaje que representó el alma de una España.
–Con Ana en el trópico usted ganó el premio Pulitzer 2003
de teatro y se convirtió en el primer autor de origen latinoamericano
en conseguirlo. Creo que compitió con La cabra de Edward Albee, que pronto se estrenará en España ¿Qué fue lo que valoró el jurado?
–La historia de Ana en los trópicos es
muy americana, en el sentido de que cuenta una historia de la
emigración y ésa es la historia de Estados Unidos, un país que se ha
poblado con emigrantes. Al principio pensé en situarla a finales de
1800, pero luego me fui a 1931, una época más conflictiva, de cambios y
transformaciones, cuando ya son despedidos los lectores porque su
actividad es imposible con la industrialización. Se prescindió de ellos
por razones económicas, las máquinas hacen imposible su trabajo pero,
también porque eran muy controvertidos, muchos de ellos eran
anarquistas y comunistas, hay noticia de que leían el Manifiesto
de Marx y otros escritos políticos, y en algunos casos se convirtieron
en la voz de los trabajadores. De hecho, muchos lucharon por la
independencia de Cuba.
–¿Por qué su lector lee Anna Karenina?
–Por muchas razones. Es una novela que me encanta y, luego, pensé en
los nombres que se les da a los puros, que tienen nombres literarios
como “Romeo y Julieta”. Al principio quise que la obra se desarrollara
en dos tiempos, de forma que también apareciera la Cuba revolucionaria
y Tolstoi también me permitía relacionar la obra con Rusia. Pero luego
desestimé esa idea porque yo ya había tratado en Dos hermanas y un piano el tema de la Cuba del periodo especial.
La historia de Cruz Varela
–¿También en Dos hermanas ... se inspiró en un hecho real?
–Fue en la experiencia vivida por la escritora María Elena Cruz Varela.
Ella fue una mujer que firmó un manifiesto con otro grupo de artistas
en el que se pedía al régimen pequeños cambios. Lo que recibió fue la
visita de una brigada de la policía que la obligó a comerse el
manifiesto en medio de la calle. Acabó en la cárcel, donde permaneció
durante dos años, para luego quedar en arresto domiciliario. Mi
historia es sobre dos hermanas, una escritora y una pianista que les
pasa algo similar a lo de María Elena.Lo sorprendente es que a estas
mujeres les ocurra eso cuando piden algunos cambios pero sin renunciar
a ser socialistas.
–¿Ha visitado Cuba? ¿Qué relación tiene con el gobierno de Castro?
–Visité el país en 1980 y cuando gané el Pulitzer el gobierno cubano me
envió un e-mail de felicitación, pero no tengo ninguna relación.
–¿Cuál es su posición ideológica sobre el régimen?
–(Silencio) Lo critico como se debe criticar algo para mejorar una
situación. Es obvio que hay una falta de libertad. Saramago, al que
admiro, también dijo hace tres años: “hasta aquí llego yo” en su apoyo
a Castro. Pero tampoco creo que la alternativa sea regresar a la Cuba
de los años 50, con la que no me identifico en absoluto. Habría que
inventar algo nuevo. Me pregunto por qué no puede existir en Cuba un
partido más martiano (José Martí).
–¿No piensa en una solución democrática?
–Es difícil hablar hoy sobre la democracia por lo que está ocurriendo
en Irak, esa manera de imponer una ideología en ciertos países, con
otro tipo de idiosincrasia. Se puede ser un poquitico más
creativo...Pero no quiero hablar de este tema del que siempre me
preguntan. Es como una llaga que nunca se cierra.
–Por lo que dice le inspiran las llagas sociales.
–Me interesa el ser humano y escribir sobre la injusticia humana, pero
no soy un escritor didáctico, no me interesa. Al contrario, mi
escritura contrasta con lo que se hace en Nueva York, el lirismo que
practico no está de moda y eso me distingue.
–¿Hay muchas diferencias entre dirigir aquí, en España, a hacerlo en su país?
–En Estados Unidos es más intenso y agotador. Allí ensayamos seis días
a la semana, aquí cinco y eso me crea ansiedad porque el trabajo se
interrumpe. Es como hacer el amor al estilo tantra.
PERALES, Liz
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