Todas las caras del Público Sólo la mitad de la población asistió a un
espectáculo teatral el pasado año
¿Quién está detrás del omnisciente
público? ¿Conocen los autores, los actores, los directores,
los productores a quién se dirigen? Un reciente estudio,
presentado en el Foro Internacional de las Artes Escénicas
Escenium que se acaba de celebrar en Bilbao, viene a corregir
la escasez de investigaciones sobre el tema, algunos de los
cuales pecaban de localistas o de ser pura estadística.
Elaborado por la economista María José Quero, Marketing
Cultural, rompe con algunas de las falsas ideas que se
tienen sobre el público de teatro, pero también confirma otras
ya conocidas. La investigación ha sido encargada por la Red
Española de Teatros, Auditorios y Circuitos de Titularidad
Pública y con ella se busca “poner a disposición de los
gestores y productores un instrumento útil para mejorar su
relación con las audiencias pero también para ganar más
público”, explica su presidente, Juan
Calzada.
Marketing Cultural conjuga tres
encuestas para fundamentar una estrategia en la que relaciona
la oferta de los teatros, su audiencia y el público general.
La primera de las encuestas se ha hecho a 150 gestores de
teatros de toda España, entre noviembre de 2002 y enero de
2003. La segunda, a la audiencia de teatro a través de
entrevistas a 1.005 personas a la salida de las funciones, y
la tecera intenta conocer cómo emplea su tiempo de ocio el
público en general, para lo que se han hecho otras tantas por
teléfono.
Soltero, sin hijos Del aficionado
al teatro se confirma que en su mayoría son mujeres (60,7%),
siendo los tramos entre 25-34 años y 35-44 años los que mayor
consumo registran. El 57,9 % no tiene hijos, lo que viene a
indicar que tienen disponibilidad de tiempo y coincide con el
dato de que en un 50% son solteros, con o sin pareja. Respecto
a la formación, el 51,9% tiene estudios universitarios y un
33,9 % estudios medios. En cuanto a su situación laboral, son
en su mayoría trabajadores por cuenta ajena (43%), seguidos de
estudiantes (12,9%) y funcionarios (12,4%). Sorprende los
niveles de renta pues, contra lo que pueda pensarse, no son
muy altos. El 30% de los encuestados tiene unos ingresos
anuales entre 9.005 y 18.000 euros al año y el 14,9% entre
18.001 y 30.000 euros. Los tramos inferiores, que incluyen
categorías de ingresos por debajo de los 9.000 euros al año,
representan el 25,6% del total de los asistentes.
El
teatro es una actividad muy localista, ya que un 72,3% de los
que van proceden de la misma población en la que se ofrece el
espectáculo. La encuesta pregunta también acerca de los
motivos que tienen los espectadores para ir al teatro:
principalmente para “entretenerse”, en segundo lugar para
“desarrollar una afición y aprender” y en tercer lugar “ver
artistas conocidos”. Lo hacen casi siempre en compañía de
amigos o en pareja para luego cenar o tomar una copa y
encuentran que ir al teatro es sobre todo una forma de
relación social. Es lo que se considera un “activo
social”.
Predominan los asistentes que van más de seis
veces al año (36,2%), seguidos de los que lo hacen 2 ó 3 veces
(30%) y se califica de “habituales” a los que van cuatro o
cinco veces (15,7%). Como es lógico, la educación influye
decisivamente en la asistencia, ya que a mayor nivel
educativo, más consumo de actividades escénicas.
El
estudio también recaba la opinión de los encuestados sobre la
calidad de los espectáculos y la gestión de los teatros, dando
una valoración media-alta. Sin embargo, señalan algunos
aspectos que podrían mejorarse: mayor cantidad y continuidad
en las representaciones ofertadas, mejoras en las salas y
mejores butacas y más información y difusión de los
espectáculos.
El boca a boca o las recomendaciones de
las personas del entorno sigue siendo lo que más influye en la
audiencia a la hora de ir, seguido de la publicidad en medios
de comunicación. Respecto a este último punto, conviene
también señalar que la prensa sigue siendo el medio de
comunicación preferido por el 48,8%, seguido de los folletos
difundidos por la propia entidad (19,7%) y la radio (13,2%) y
se otorga una bajísima valoración a internet, a revistas de
información especializadas y a televisión, aunque en este caso
quizá por el escaso eco que ésta se hace de él.
Si se
contrastan estos datos con los que arroja la encuesta hecha a
un público generalista, consumidor de otros bienes culturales,
se revela que la mitad de la población ha asistido a un
espectáculo escénico en el último año, pero sólo el 28,3%
afirma tener programado su asistencia en los próximos meses.
Un factor de importancia a la hora de consumir un bien
cultural es el grado de identificación que encuentra el
público: las personas valoran el hecho de encontrarse con
otras similares a ellas, pero se tiene la idea de que los que
van al teatro tiene un alto nivel cultural y social.
Entre las conclusiones del estudio destaca la de
animar a explotar más la estrategias de “vinculación” (abonos
o de otro tipo) con el público, ya que su audiencia más
importante (la comprendida entre 25 a 44 años) es también la
que más consume. Por otro lado, cree que hay que desarrollar
relaciones con los centros educativos y universidades para
fomentar el teatro en los tramos de edad comprendidos entre
los 14 y 24 años, que son los que más bajo nivel de consumo
registran.
Teatros públicos y
privados Finalmente, el estudio que analiza los teatros
subraya la primacía del sector público sobre el privado a
nivel nacional, pues los teatros son en su mayor parte
entidades de titularidad municipal, gran parte de ellos
integrados en la Red. Los privados se concentran sobre todo en
Madrid y Barcelona y como única iniciativa privada que crece
destaca la sala alternativa. Se ubican en el centro de las
ciudades y están dedicados exclusivamente a la exhibición de
espectáculos y, con las excepción de los privados, apenas
participan en la producción. En un 73,3% de estos teatros se
ofrecen más de un centenar de espectáculos al año y el 20%
tienen un público entre 15.000 y 30.000 espectadores. El 18%
de los teatros maneja recursos exclusivamente públicos, el 38%
mayoritariamente públicos, el 14% privados y públicos en la
misma cantidad, el 15% con recursos que obtienen
mayoritariamente en el mercado y el 14% sin ningún tipo de
ayuda por parte de la administración.
Liz PERALES
Pobres que
visten de ricos
Arte de la simulación por
excelencia, el teatro parece también contagiar al
público que a él acude. Dice María José Quero que
al relacionar las tres encuestas del estudio (la
de los gestores de los teatros, la de su audiencia
y la de los consumidores en general) le ha
sorprendido la idea generalizada que tiene la
gente sobre el público que va al teatro: “Es
habitual que el público busque identificarse con
los que como él consumen esa actividad. Una de las
razones por las que no van al teatro es porque
creen que este público posee un alto nivel
cultural y pertenece a una clase social alta, una
idea equivocada que contrasta con la realidad pues
los umbrales de renta son medios, diría que
tirando hacia abajo. Quizá la gente no se plantea
ir porque teme sentirse excluida”. Quero también
cree que los teatros deben dirigir sus estrategias
hacia un público que siente un gran desinterés por
las artes escénicas, el comprendido entre los 14 y
24 años. “Casi todos los teatros realizan
actividades con centros educativos pero no deben
ser suficientes o adecuadas puesto que el consumo
entre jóvenes es bajo en relación con otras
actividades”.
Por último, con respecto a la
gestión de los teatros, a la economista le es
chocante que “tanto los gestores privados como
públicos creen que el objetivo primordial de su
labor no es económico, sino de carácter social y
cultural”. Que el del teatro es un sector especial
también lo demuestra el hecho de que la mayoría de
los gestores confunde marketing con venta o
publicidad y prefieran mantenerse al margen de
unas técnicas ya habituales en otras
industrias.