Confiesa Peter Brook
(Londres, 1925) en su libro de memorias “Hilos
de tiempo” (Siruela) que “tan sólo empezamos a
existir cuando servimos a un propósito situado
allende nuestros gustos y aversiones”. En su
caso, ese propósito ha sido horadar el arte
teatral, descubriendo nuevos lenguajes, abriendo
el espacio escénico y apostando por el mestizaje
cultural sobre el escenario. “Mis preferencias
de colegial habían oscilado en torno a ser
diplomático, corresponsal en el extranjero y
agente secreto, pero en algún momento tiene que
habérseme arraigado en el cerebro la idea de ser
director de escena”, recuerda. Curiosamente a
Brook, uno de los nombres consagrados del teatro
europeo, lo que de pequeño le había seducido era
el cine, por lo que frecuentaba muy poco el
teatro: “Casi nunca iba al teatro, y si iba lo
hacía de mala gana(...). Una vez dentro solía
fascinarme, pero lo que atrapaba mi imaginación
no era ni la historia ni la interpretación, sino
las puertas y los bastidores. ¿Adónde
conducían?”.
Debut en el sótano de una
tienda De origen ruso y judío, Peter Stephen
Paul Brook creció en una familia
pequeñoburguesa. Estudió en el Magdalen College
de Oxford, aunque a los 16 años abandonó el
colegio para hacer un curso de fotografía como
primer paso a la realización cinematográfica. Su
iracundo padre consiguió que se graduase a
cambio de ofrecerle trabajo en unos estudios de
cine londinenses donde Brook conoció a un
fabricante de zapatillas de ballet, al que
engatusó para convertir el sótano de su tienda
en un teatro. Ya en la Universidad de Oxford
funda la Oxford University Film Society. Su
primera obra fue un proyecto universitario,
“Doctor Fausto”, de Marlowe en un minúsculo
teatro cerca de Hyde Park. Ese mismo año, en
1947, comienza en el cine con una película
titulada “A sentimental journey”. Sus primeros
montajes teatrales, con apenas veinte años,
tuvieron un gran éxito y supusieron el inicio de
una carrera fulgurante. En 1945, con 20 años,
dirigió “King Lear”, de Shakespeare, y dirigió
al actor inglés Alec Guiness en “Vicious
Circle”. El Covent Garden se convirtió entonces
su meta, algo que no tardó en conseguir: de
1947a 1950 fue nombrado director de producción.
La década de los 50 fue su consagración en los
escenarios londinenses de la mano de
Shakespeare, a quien Brook descubrió de niño en
la librería casera de su padre. El director
adquiere fama internacional con “Tito
Andrónico”. En 1962 es nombrado director del
Royal Shakespeare Theatre donde dirige varios
textos del autor de Stratford-on-Avon.
Sorprendente también es su rompedora propuesta
de “Marat-Sade”, de Peter Weiss, de la que
también dirige una versión cinematográfica, o
“El sueño de una noche de verano”.
Exilio en defensa del
mestizaje Brook, que siempre se ha rodeado
de actores de distintas nacionalidades,
decide abandonar la Royal Shakespeare
Co. y trasladarse a París, en 1971,
ante la prohibición de trabajar
con actores internacionales. En
la capital del Sena funda el Centro
Internacional de Creadores Teatrales,
y reabre el teatro “Les Bouffes
du Nord”, convirtiéndolo en un espacio
simbólico. Uno de los montajes más
famosos de Brook es “Mahabharata”
, un montaje teatral de seis horas
y que le llevó diez años de preparativos.
Esta obra, basada en un poema hindú
y que ha recorrido los escenarios
de todo el mundo, es quizás su montaje
más emblemático. Con él ha ganado
el premio Internacional Emmy de
teatro en 1990.
Brook ha dirigido a actores como
Jeanne Moreau, Jean Paul Belmondo,
John Gielgud o Natasha Parry –su
mujer desde 1951 y con la que tiene
dos niños, Irina y Simon–, y ha
trabajado en Europa, India, Sudáfrica,
Irán, Bali e Iberoamérica. Sus obras
son también un eslabón entre artistas
de orígenes culturales diferentes.
En mayo de 2002 estrenó en Berlín
una versión en francés de “Hamlet”,
de William Shakespeare, en el festival
Franco-germano “perspectives nouvelles”.
El director visita constantemente
nuestro país, donde ha participado
en varios festivales de Otoño, inauguró
el Mercat de Barcelona con “La tragedia
de Carmen”, y ha presentado recientemente
“La Tragédie d`Hamlet”, en junio
de 2003 dentro del Festival Grec
de Barcelona. Ha recibido las distinciones
teatrales internacionales más importantes,
incluido el Premio Europa para el
Teatro en 1989 y es autor de varios
libros, entre ellos, “El espacio
abierto” (Ediciones de Bolsillo),
donde afirma que “en el teatro,
la verdad siempre está en movimiento”.