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Philippe
Decouflé “Soy consciente de los
límites de la poesía frente al desorden
mundial”

Coreógrafo y bailarín, pero también
realizador de cine, artista de circo y publicista,
Phillippe Decouflé une en el escenario sus
variopintos gustos artísticos para crear
composiciones de una belleza, magia y sensualidad
sorprendentes. El artista francés actúa con su
compañía DCA en el Teatro Nacional de Cataluña a
partir del 8 de junio. Presenta su último
espectáculo, Iris, inspirado en la cultura
japonesa que tanto le
interesa.
Tiene una mirada pícara,
traviesa. Y un flequillo que, revoltoso, tiende a
dispararse siempre hacia adelante. Philippe
Decouflé (París, 1961) parece un hombre siempre
dispuesto a jugar. Quizás por eso sus espectáculos
acostumbran a tener un componente importante de
divertimento, buscan siempre regalar a los
espectadores una sonrisa cómplice.
Sirva
como ejemplo Iris, su más reciente trabajo,
el que presentará entre el 8 y el 13 de junio en
el Teatre Nacional de Catalunya, dentro de la
programación de espectáculos que en diferentes
equipamientos de la ciudad ha programado el Fórum
de las Culturas 2004.
Philippe Decouflé es
uno de los creadores franceses de más proyección
internacional, también uno de los más conocidos
por el gran público: quizás porque sus trabajos
sobre los escenarios se han combinado con otros
para la publicidad –ha desarrollado, por ejemplo,
campañas para las marcas Dior, France Télécom o
Polaroid–, para la industria musical –firmó un
vídeoclip de Fine Young Cannibals– y también con
montajes de gran formato. Sin ir más lejos a
Philippe Decouflé recurrió el Comité organizador
de los Juegos Olímpicos de Invierno de 1992 en
Albertville para dirigir sus ceremonias tanto de
apertura como de clausura; o el Festival de Cannes
para la ceremonia de apertura de la edición que
celebró su 50 aniversario.
Pero no tan sólo
a esos espectáculos de masas debe Philippe
Decouflé su éxito, también a unas creaciones
–Shazam!, Decodex, Triton, o Cyrk
13– que derrochan imaginación y combinan con
sabiduría las diferentes disciplinas que el
creador ha trabajado a lo largo de su carrera:
leáse danza, circo, mimo e imagen videográfica.
Tampoco hay que olvidar que entre sus maestros
destacan nombres como los de Marcel Marceau o los
coreógrafos norteamericanos Alwin Nikolaïs y Merce
Cunningham.
Complejidad
técnica Otro rasgo que define los
espectáculos de Decouflé es su gran complejidad
técnica, derivada de los trucos visuales que
gustan al artista y del empleo de efectos
especiales. Su compañía DCA, –afincada en La
Chaufferie de Saint Denis (París), una central de
energía reconvertida en laboratorio escénico con
un amplio espacio para las representaciones que
les cedió el ayuntamiento en 1993–, cuenta con un
nutrido equipo técnico, algo poco poco habitual en
las formaciones teatrales. Entre otros, figura el
ingeniero Lalhou Benamirou al frente de la
iluminación, el experto en efectos especiales
Pierre Jean Verbraeken o su más fiel colaborador
desde hace 15 años, el ingeniero Spot, autor de la
música de alguna de sus producciones y de crear
los llamados espacios sonoros. El equipo artístico
lo compone un elenco de bailarines que también son
comediantes o artistas de circo, un perfil de
actor que le permite a Decouflé esa mezcla de
géneros que practica.
Humor, poesía y
cierto optimismo son algunos ingredients de sus
espectáculos previos, alguno de los cuales se han
podido ver en Barcelona y Madrid (Shazam!).
No obstante, Iris no destila tanta felicidad como
anteriores montajes de Decouflé. Creado durante
2003 durante una estancia en Japón, estrenado en
1993 en el Théâtre National de Chaillot de París,
Iris está marcado, reconoce el propio
creador, por un cierto velo de melancolía. La
crítica ha señalado la influencia de Nikolais en
el hecho de convertir el escenario en un
calidoscopio, utilizando imágenes que se
metamorfosean y que exigen una gran atención del
espectador.
– Definen su nuevo espectáculo
como una comedia musical a ritmo de blues. Pero el
blues es una música más bien triste. –
Iris rezuma un cierto sentimiento de
melancolía. Y se puede apreciar tanto en la danza
como en la música.
– Ha subtitulado
Iris como una “fantasía austera para un
mundo moderno en desorden”, pero conociendo sus
anteriores espectáculos se hace difícil pensar que
Iris sea ciertamente austero. – En
comparación con las piezas que suelo crear,
Iris es más austera, pero no tanto. Sí que
es cierto que este espectáculo destila una especie
de tristeza .
– ¿Considera que este “mundo
moderno en desorden” precisa de la
austeridad? – No es una cuestión de necesidad.
Esta austeridad se impone lo desee uno o no lo
desee. Al escuchar y mirar el mundo que nos rodea
es lógico sentir una incapacidad para lograr
intervenir de manera eficiente, para lograr
aliviar el dolor que pesa en la humanidad, ya sea
a causa de las guerras o de la pobreza. Y,
precisamente, es esta incapacidad la que me
provoca una carga de melancolía. Quizás este
sentimiento está motivado porque soy consciente de
los límites de la poesía frente al desorden del
mundo actual.
Atracción por
Japón – Pese a ese desorden, ¿hacia dónde
cree usted que camina actualmente el mundo?
¿viviremos en un planeta absolutamente globalizado
y homogéneo o se tenderá a mantener y a intentar
acrecentar las diferencias entre culturas? – El
mundo actual se esta globalizando, están
desapareciendo, se están borrando poco a poco las
culturas ancestrales. Y, por lo menos de momento,
no estamos viendo que aparezca una verdadera
cultura globalizada, sino que lo que está
emergiendo es una economía globalizada que no hace
más que aumentar el abismo que separa a los
poderosos de los más humildes.
Iris
no es el primer espectáculo que Decouflé hace
inspirándose en la cultura oriental. De hecho,
lleva viajando y trabajando en Japón desde hace
tiempo y, en 1996 , estrenó allí Dora, el gato
que vivió un millón de veces musical inspirado
en un libro infantil en el que se contaban las
historias de un gato inmortal.
–
Precisamente, usted ha decidido hablar de este
mundo en caos a través del choque de culturas. En
Iris, no sólo trabaja con artistas
franceses, japoneses y chinos, sino que ha
desarrollado el proceso de creación en Japón. –
El deseo de trabajar en Asia y más concretamente
en Japón existe en mí desde hace mucho tiempo.
Hace muchos años que viajo y trabajo regularmente
en Japón. Y existe una doble confrontación: por un
lado, en Japón viven una colisión entre su cultura
y sus valores tradicionales y el hipercapitalismo
y sus disturbios; por otro, también reflejamos la
colisión entre la cultura japonesa y la cultura
europea. Así que es cierto que en Iris traté de
reunir universos culturales muy diferentes,
trabajando con artistas japoneses, chinos y
franceses.
– En sus viajes a Japón debe
haber vivido muy de cerca esa dualidad entre
modernidad y tradición. – Me siento atraído por
la cultura japonesa. Pero, como le decía, en Japón
se vive fuertemente el choque entre el mundo
moderno y el tradicional. Por ejemplo, esa
contradicción se hace muy evidente en Tokyo:
existen barriostan tradicionales como Asakusa,
mientras que han aparecido otros como Akihabara,
muy moderno con sus tiendas de materiales
electrónicos, con grandes letreros luminosos y
grandes pantallas donde se proyectan imágenes, o
Shibuya, un barrio “caliente” donde toda la
juventud se reúne.
– Y ¿cómo se ha
desarrollado el trabajo con los artistas
japoneses?, ¿se refleja en ellos esa dualidad que
vive su sociedad? – No ha sido tan fácil
encontrar buenos bailarines en Japón porque, a
menudo deben trabajar fuera del ámbito cultural
para sobrevivir. Así que finalmente los artistas
que he encontrado para trabajar en Iris están muy
motivados para colaborar con los bailarines de mi
compañía.
– ¿Cómo ha sido el trabajo de
creación de Iris? ¿Ha trabajado a partir de las
improvisaciones? ¿Ha creado su espectáculo en
función de las aptitudes de sus bailarines? –
Los bailarines proponen su “material” coreográfico
y lo hacen a base de improvisaciones. Mi labor
consiste en tratar de armonizar todas esas
proposiciones a través de una arquitectura basada
en la lectura del cuerpo humano y en un camino que
descubre los órganos. Siento mucho interés en la
medicina tradicional asiática, en el concepto de
líneas de energía, en la relación que se establece
entre los órganos que conforman el cuerpo humano y
el cosmos.
Dar placer al
público – Pero en este espectáculo no tan
sólo conviven diferentes culturas sino también
diferentes disciplinas artísticas. En Iris,
como es habitual en sus trabajos, conviven música,
danza, circo, cabaret y también imagen
videográfica. – Siempe he querido introducir el
mundo del circo en el universo de la danza,
mezclar el movimiento y el juego teatral, jugar
con las imágenes. En Iris hemos trabajado a
partir de jugar con imágenes filmadas de nuestros
bailarines actuando en diferentes espacios
públicos de Japón y con la danza en directo sobre
el escenario.
– Sus espectáculo parecen
siempre pensados para el público, para devolverle
una cierta sonrisa. Nadie puede acusarle de ser
uno de esos creadores que trabajan de espaldas a
los espectadores. – Siento un gran aprecio y
también un enorme respeto por mi público y
conseguir darle placer forma parte de mis
preocupaciones artísticas. Mis trabajos existen
porque tengo un público a quien dirigirlos.
CUADRADO,
Nuria |