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| Un
limbo de dolorosa belleza.
El
Cultural.es. (19/07/03) Pina Bausch despierta pasiones. Desde hace dos semanas se han agotado todas las entradas en el Teatro Nacional de Cataluña, donde actúa con su compañía desde el 4 de julio y hasta el 7. Presenta El limpiador de ventanas, una pieza que ideó durante una residencia de su compañía en Hong Kong, coincidiendo con la devolución de la antigua colonia inglesa a China. El Cultural traza la atractiva personalidad de esta mujer viajera, silenciosa y noctámbula a través de los amigos flamencos que dejó en Madrid. Creadora potente y obsesiva, Pina Bausch despierta filias y fobias encendidas. Gran parte de una generación de coreógrafos contemporáneos en Europa ha vivido, por lo menos en algún momento de su carrera, la influencia de la danza-teatro realizada con tanta fuerza y acertado oficio escénico por Bausch y su fiel equipo de bailarines y colaboradores. Pero todavía se recuerdan sus piezas Nelken e Ifigenia en Taúride, que hace cinco temporadas provocaron abucheos y deserciones entre el público de abono del Teatro Real de Madrid que esperaba una lectura convencional de la ópera. Las obras de Pina Bausch no siguen una estructura narrativa ni una progresión lineal. Se construyen más bien a partir de una serie de episodios. Múltiples acciones escénicas simultáneas, imágenes impactantes, la utilización de las experiencias específicas de sus bailarines, de actividades cotidianas, de textos dirigidos a menudo al público y de una gran variedad de músicas en la banda sonora son elementos que llevan el sello reconocible de Bausch y que han pasado a formar parte de un léxico de la danza-teatro en Europa. Como ha dicho la coreógrafa, no me interesa el movimiento. Me interesa lo que mueve a las personas. Mis obras crecen desde dentro hacia fuera. ACTITUD MÁS VITALISTA. Sus bailarines son a la vez consumados actores y materia prima que ella potencia a través de las preguntas que les plantea y los retos que les propone. Esta manera de trabajar requiere una fuerte aportación creativa por parte de los intérpretes, muchos de los cuales llevan más de una década en la compañía. Es una situación privilegiada pero no apta para todos. Como se preguntó en una ocasión la bailarina clásica Sylvie Guillem, ¿Trabajar con Pina Bausch? Yo no. Sería como entrar en una secta. La exploración del lado más despiadado y desesperado del ser humano (que durante los años 80 arrancó el rechazo de la crítica neoyorquina denominando su obra de eurotrash o eurobasura) parece haber dado paso a una actitud más vitalista. Desde mediados de los años 80 la coreógrafa ha creado una serie de coproducciones con distintas ciudades donde la compañía reside y trabaja durante tres semanas, empapándose del ambiente local, su gente, su música, su luz y sus imágenes. Creado
a raíz de una residencia de tres semanas en Hong Kong en octubre
de 1996, justo en el momento en que se preparaba la devolución
de la colonia inglesa a la República China, Der Fensterputzer (El
limpiador de ventanas) muestra una visión mucho más luminosa
y lírica, con momentos de humor. Lo que recuerdo de la pieza
de Hong Kong, comenta Nazareth Panadero, bailarina de la compañía
desde 1979, es el viento, lo abierto del terreno, el color rojo,
el darse la mano en el sentido de unirte con alguien, y el contraste entre
la masa y el individuo. Tengo que decir que las coproducciones no son
piezas sobre la ciudad, sino que están inspiradas en las situaciones
y las experiencias vividas. UNA
MONTAÑA DE FLORES ROJAS. Imágenes a destacar: una montaña
de siete metros de flores de seda rojas en una esquina del escenario o
el limpiacristales suspendido en el aire con su cubo frente a la tarea
imposible de mantener impecable los superficies de vidrio de los grandes
rascacielos de la ciudad. La banda sonora aborda todo un mundo, desde
Cesaria Evora, hasta canciones y danzas tradicionales chinas, pasando
por Vangelis, música gitana de Rumanía, Burt Bacharach y
Dizzy Gillespie. En
persona la coreógrafa es también inolvidable. Pina Bausch
tiene un aspecto de esteta. Alta y delgada, su pálido rostro ovalado
está dominado por unos penetrantes ojos azules marcados por profundas
ojeras. Sus manos largas y finas están rara vez sin un cigarro
encendido. Bausch empezó a bailar a la edad de quince años.
En una entrevista explicó su atracción inicial hacia la
danza: Me encantaba bailar porque tenía miedo a hablar. Pero
cuando me movía, podía sentir.Tremendamente trabajadora
y tímida, no es fácil acceder a Pina Bausch si lo que se
pretende es una entrevista rápida. Pero Nazareth Panadero, una
de las bailarinas españolas de su compañía, da algunas
claves de la artista. Panadero confirma un cambio anímico paulatino en las creaciones de Bausch. Pina, como otros artistas, ha pasado por distintos colores. Las piezas de antes eran más oscuras. Las de ahora son claroscuros. Ahora hay más de una generación en la compañía y eso se nota. En 1973 tenía unas tremendas ganas de expresarse y mucha incertidumbre en cuanto a la situación de la compañía. Ella ha tenido que luchar mucho en Wuppertal. Ahora es más mayor, tiene la tranquilidad de la artista que ha conseguido expresarse. LAS NOCHES FLAMENCAS DE MADRID. Tanzabend II (Madrid), Nur Du (Los Ángeles), Palermo, Palermo, Masurca Fogo (Lisboa), o Der Fensterputzer (Hong Kong) son algunas de una larga serie de piezas marcadas por las experiencias de la compañía en cada ciudad. Cada pieza tiene un aire del lugar donde lo creamos, señala Panadero. De nuestra estancia en Madrid nos marcó sobre todo el inicio de la guerra del Golfo, recuerda. Fue una situación muy difícil y sentíamos mucho más cercana la guerra en España que en Alemania. Se palpaba incluso en la calle. Fue la influencia más fuerte de la pieza. También nos sorprendió el frío que hacía en Madrid en invierno. Su estancia en la capital, en 1991, que culminó en la creación de Tanzabend II, también supuso el encuentro de Pina Bausch con el flamenco, introducida inicialmente por Isabel González, su agente en España. Pasó horas con la bailaora Carmen Cortés, quien le explicaba las raíces y reglas del baile flamenco y del compás. Vino a la academia de la calle de Amor de Dios de Madrid y le interesó mi forma de bailar, que combina el baile racial del flamenco pero que tiene también una proyección en la danza contemporánea y la danza española. Creo que ella encontró en el flamenco una forma muy similar a su forma de ver la danza y de experimentarla: es muy exigente en el conocimiento del baile pero deja lugar a la improvisación y a que cada bailarín exprese sus vivencias. Pina es una gran artista porque es también una gran persona. Por eso se distinguen los grandes. Silenciosa y tranquila, te transmite mucha paz. El equipo de producción que atendía a la compañía llegaba arrastrándose ojeroso cada mañana después de otra noche con la coreógrafa que ansiosa por empaparse al máximo de todos los aspectos de la ciudad, quería conocer desde barrios marginales como La Celsa, a la calle Almirante poblada entonces de chaperos, o las misas gitanas evangélicas, para terminar de madrugada en Candela, el célebre local de los artistas flamencos en el barrio de Lavapiés. Venía aquí con Juan Verdú o José Manuel Gamboa, y se quedaban hasta que cerrábamos, a las cinco de la madrugada. Le encanta el flamenco y cada vez que venía abríamos la sala de abajo y había fiesta. Nos dedicó un cuadro suyo y cuando presentó su obra en Madrid reservó veinte entradas para la gente de Candela, que creo que pagó de su propio bolsillo, dice José María Aguilera, hermano de Miguel, dueño del bar. Estuvimos muchísimo en Candela. El flamenco estaba muy presente. Es también algo muy interior, como el trabajo de Pina. No hay un solo paso o sonido que no venga de las tripas, por eso estábamos tan sensibilizados con el tema. Pina conoció entonces a Pedro Almodóvar, que se quedó encantado con el trabajo de la coreógrafa. En Hable con ella utiliza los extractos del trabajo de Pina muy bien. Se produjo una de esas relaciones privilegiadas que suceden de vez en cuando en la vida. El rodaje con Almodóvar fue muy bello. No imaginaba el cine así. Hubo un respeto, una tranquilidad, una gran intimidad en medio de tantas cámaras. Ha tratado las piezas de Pina con todos los honores, con gran ternura. Realmente es extraordinario que hayan quedado así. No hay mucha documentación de las creaciones de Pina. CON EL AURA DE LOS ELEGIDOS. La admiración que ambos se profesan quedó demostrada el año pasado, cuando la coreógrafa le dedicó al cineasta el Festival Wuppertal . La compañía del bailaor y coreógrafo Joaquín Grilo inauguró el festival compartiendo programa con la bailaora Eva Yerbabuena. Había una sesión de películas de Pedro Almodóvar en unos multicines con todo el suelo cubierto de pétalos, explica Grilo. Hicimos una fiesta flamenca hasta las siete de la mañana. Cada vez que parábamos ella nos decía: ¡Otra! Si dirigiera algo con artistas flamencos sería magnífico. Es una maestra, una creadora muy completa en todos los sentidos, dice Grilo de Bausch. Y como persona es increíble. Es una de esas mujeres especiales que parecen estar tocadas con una varita mágica. La ves en la calle y aunque no la conoces, tiene una carisma especial que te obliga a mirarla. Es como si la protegiera un aura. Paco de Lucía tiene el mismo toque mágico. Pina está dentro de ese grupo de los elegidos. Laura Kumin. El Mundo. 4 de julio de 2003
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