Piotr Fomenko “El teatro está siempre en conflicto con el
poder”
Es uno de los grandes directores
y pedagogos del teatro ruso. Tras el interés que
despertó su Guerra y paz el año pasado, de cuatro
horas de duración, vuelve con la obra y con Noches
egipcias, ocasión para ver a los formidables actores
de su
compañía.
Piotr Fomenko estudió en GITIS, la escuela
teatral moscovita convertida hoy en la Academia Teatral de
Rusia (RATI), donde a sus 71 años sigue dando clases. De ahí
han salido los miembros de su compañía: el Taller de Fomenko,
a cuyos actores se les conoce por el apelativo de “fomenki”.
Fomenko suelta una frase al aire con la mirada fija en sus
chanclas negras y espera a que su agente traduzca al francés
lo que él acaba de ronronear en ruso, único idioma en el que
se siente cómodo. Sobre su bigote canoso brillan unos ojos
azules que pasan de la irritación a la ternura aunque su tono
de voz permanezca invariable.
–Tiene una gran acogida en Francia, y en España repite este
año en el Festival de Otoño. ¿A qué puede responder este éxito?
¿Qué aporta el teatro ruso al público español?
–Podría explicar el interés que despierta nuestro teatro con
fórmulas ya inventadas. Pero podemos decir que estos actores
que vemos en mi teatro han hecho juntos los estudios teatrales
y han tenido buenos profesores. Ahora volvemos a España, el
año pasado estuvimos con Guerra y Paz y es difícil
predecir cuál será la acogida que tendremos, pero puedo suponer
que el público español, acostumbrado a un buen teatro y a
un buen cine, está preparado para percibir este espectáculo
porque está familiarizado con la materia que trata, aunque
quizá haya otro grupo de espectadores para los que será algo
inesperado y la reacción puede ser diferente.
–Y usted, ¿qué espera del público español?
–En nuestro primer viaje, España nos gustó mucho. Podría decirle
que nos gustó más España de lo que España nos comprendió y
apreció a nosotros. El desarrollo de Guerra y Paz no
quedó muy claro, por eso lo llevamos una segunda vez. Usted
cree que volvemos a España porque tuvimos éxito, pero no es
exacto. Ahora me interesa volver y ver cómo vamos a ser acogidos.
Tengo un buen presentimiento porque la existencia del teatro
no es posible sin amor. El amor es su tema eterno, y en España
han visto la luz muchas historias de amor como Don Juan,
de Tirso de Molina, una apreciación tragicómica del tema.
Ahí está también Don Quijote, de Cervantes. De nuevo
amor, amor, amor y muerte, dos temas que nos hacen sentir
muy próximos a España.
Avanzar de perfil
–Si Guerra y Paz vuelve será también porque han dejado
huella...
–Hay también otras razones. Simplemente, los organizadores
del Festival de Otoño de Madrid están ahora seguros, y esperamos
compartir esos mismos sentimientos, de que este espectáculo
será mejor acogido este año que el pasado, pues las condiciones
técnicas donde se desarrollará parecen mejores. Esta vez iremos
al Teatro de Madrid.
–Dentro de las grandes obras clásicas rusas, se inclina por
las del XIX.
–Me inclino sobre el siglo XXI, pero a través del siglo XIX
e incluso del XVIII. Vivo en este nuevo siglo pero no olvido
el pasado.
–¿Qué nos aportan los autores clásicos?
–En el teatro nuevo hay que avanzar siempre, pero de perfil.
Yo, por un lado, avanzo con los ojos fijos en el objetivo
que persigo, de otro sin perder de vista el pasado. Porque
el teatro traspasa, atraviesa distintas épocas, desde la Edad
Media al Modernismo, hay tantos elementos que no pueden ser
ignorados y que deben ser recreados.
–Compagina su labor de director con la de profesor. ¿No le
fatiga?
–Comencé mi trabajo de pedagogo cuando el de director de teatro
no me aportaba más que sufrimiento. Eran los tiempos del comunismo,
años difíciles en la Unión Soviética de entonces. Y fue la
enseñanza lo que me permitió volver a la dirección. Aunque
diría más bien que más que enseñar, estudiaba con mis alumnos.
El peligro de un arte mortal
–Hace poco un autor español decía que el teatro durante la
dictadura de Franco interesaba más al público porque el enemigo
estaba claro. ¿Se puede decir lo mismo del teatro ruso bajo
el comunismo?
–Se puede hacer una comparación, la idea es bonita, pero no
es del todo verdad. Está bien que haya libertad alrededor
de un artista, pero él no está libre de sí mismo y no será
libre jamás. Franco ejerció un gobierno totalitario, pero
cuando se intenta lograr la libertad política, cuando se lucha
por ello, en esa batalla, a veces, la lucha artística del
creador se puede confundir con la lucha política. De todas
formas, el diálogo y el conflicto con el poder es otro de
los temas eternos del teatro. El teatro está siempre en conflicto
con todos los sistemas políticos, democráticos o totalitarios.
Pero lo que tiene que interesar al teatro es el estudio del
ser humano en cualquier época de la historia. En la época
del socialismo aprendíamos a hacer verdaderas creaciones de
falsa dramaturgia, hablábamos de forma verdadera de las mentiras.
Y la política se convertía en un peligro para la vida del
artista. Pero el verdadero peligro del teatro es el arte mortal,
el arte puede ser mortal.
–¿Está la muerte presente en su pensamiento?
–Incluso cuando no se piensa en ello, cuando se tienen 71
años como yo, la conciencia está orientada en esa dirección.
Aunque no la tenga presente, me voy acercando a la muerte
y es precisamente en esos momentos, cuando más cerca la tenemos,
que más apreciamos el comienzo de la vida.
–¿Con qué se van a encontrar los que asistan a Noches Egipcias?
–Es la combinación de dos autores. La base es de Alexandr
Pushkin y, más tarde, el texto fue reelaborado por Valéry
Brussov, que introduce unos poemas, creando una obra completa.
Pushkin recrea la imagen de Cleopatra, la reina de Egipto,
que ofrece sus encantos por una noche a cambio de la vida
de sus amantes. Hoy percibimos esta historia de una forma
irónica, con buenas dosis de improvisación, pero sin abandonar
su sentido profundo. Creo que al tomar la decisión de presentar
esta obra en Francia y en España hemos asumido un gran riesgo,
pero estamos preparados para el diálogo y el fracaso. Pushkin
pensaba que el éxito y el fracaso no deben presentar ninguna
diferencia para el artista, y nosotros tenemos nuestros orígenes
en Pushkin.
–Para la puesta en pie de Guerra y Paz, usted y su
compañía han empleado siete años de trabajo.
–Es cierto, pero la dirección sólo ha llevado unos meses.
Fue la lectura de la novela por parte de todos los miembros
de la compañía lo que llevó bastante tiempo. El objetivo de
Guerra y Paz es introducir de forma general la totalidad
de la novela y para seguir el desarrollo de la vida de cada
uno de los personajes había que empaparse de toda la obra.
Fue un periodo de nuestra vida muy difícil, pero muy feliz,
algo excepcional porque fue cuando la compañía se convirtió
en una gran familia.
–Usted tiene un teatro, un antiguo cine con dos salas. El
ayuntamiento de Moscú le prometió hace tiempo un teatro...
–Precisemos, el Ayuntamiento de Moscú quiere ayudarnos mucho,
pero hasta ahora sólo “quiere ayudarnos”. Vivimos un periodo
muy peligroso, somos muy amados por el público y por el poder.
Es un síntoma peligroso. Pero si nos quieren ayudar, que nos
ayuden.