«La escena debe ser un lugar lleno de vida;
para mí es casi sagrado», asegura Távora
Eva Muñoz - El Escorial
(Madrid).- Piel
cetrina, camisa desabotonada y calzado con botas en pleno
agosto, Salvador Távora –lejos de mi intención caer en
cualquier folclorismo barato– parece un personaje imaginado
por Lorca. Autenticidad más que artificio, ecuación poco
frecuente por estos lares, el dramaturgo sevillano participó
ayer en los cursos de verano de la Complutense, a punto de
irse a Peralada, donde el día 12 estrena sus «Imágenes
andaluzas para Carmina Burana». -¿El
fundamentalismo del texto casi mata al teatro de una embolia
cerebral? -La palabra «matar» no me
gusta. Pero que lo mutiló, sí. Creo que la imposición de la
palabra anula la posibilidad de desarrollo de otras formas de
expresión. -¿Desde el vacío de la escena
concebida casi como un ruedo se puede llegar a recuperar el
valor ritual del teatro? -Creo que se
puede recuperar el valor y el olor del teatro. El ruedo como
espacio dramático es mucho más importante para la creatividad
escénica que la condicionante escena a la italiana. La escena
debe ser un lugar cargado de vida, para mí es casi
sagrado.
Sin mutilaciones
- Afirma
usted que «el toro es el primer protagonista
teatral». - Efectivamente. En la
civilización minoica no hay en las pinturas escenas teatrales
sin toro. O sea, que si recuperamos el toro, no para la lidia
sino como elemento de comunicación dramática, estamos
recuperando el teatro. -Tras la condena
de los tribunales a la Generalitat por haber censurado su
espectáculo «Carmen», ¿tiene previsto volver a montarlo pronto
en Cataluña? -Tengo que volver a ponerme
de acuerdo con el empresario taurino, con el señor Balañá, y a
ver qué puede hacerse. Me gustaría hacer «Carmen» en su
versión taurina íntegra, no con la mutilación que me querían
imponer. -¿Se ha confundido a menudo la
cultura con el folclorismo? -Sí, a veces
sí. Debajo de cualquier mito hay una verdad histórica, y yo
creo que eso de folclorizar el mito es deformar la
realidad.