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miércoles 4 de agosto de 2004

 


Sinisterra: «El Estado debe aceptar la diversidad y apoyar al teatro más frágil»


El dramaturgo, que acaba de cumplir medio siglo en escena, imparte un taller en Santander


Premio Nacional de Teatro en 1990, el dramaturgo José Sanchis Sinisterra (Valencia, 1940) imparte estos días en la UIMP un taller sobre «El regreso de la palabra a la escena» en el que reivindica el poder de ésta en el hecho teatral frente a la «hipertrofia del lenguaje audiovisual» y la «masificación de decibelios». El autor de «Ay, Carmela» y «La noche de Molly Bloom» acaba de cumplir 50 años en el teatro –«empecé con 14 y ahora tengo 64»– y explica que utiliza la enseñanza para «aprender, sistematizar, clarificar y gozar».




Marta Borcha
Santander- –¿Qué diagnóstico hace del teatro que está hoy en los escenarios?
   –Se está produciendo un retorno del texto dramático como factor importante de la renovación teatral y las generaciones nacidas en pleno imperio audiovisual descubren asombrados el poder y el placer de la palabra, el rigor de la construcción del texto. Por otra parte, vengo clamando desde los años 90 por la incorporación de los nuevos autores, una eclosión de dramaturgos de 20 a 30 años cuya producción no tiene salida si el sistema teatral no se abre para que puedan darse cuenta de si el texto funciona o no. No podemos esperar que el teatro comercial arriesgue sus perspectivas de beneficio, ni que las salas alternativas lo suban a escena porque están en condiciones precarias.
   –¿El panorama es igual en Madrid que en Cataluña?
   –No, en Cataluña hay mayor protección al teatro alternativo, tiene incluso un estatus muy respetable en los medios de comunicación y sobre todo existe una gran permeabilidad entre teatro alternativo, comercial e institucional. En Madrid son tres estratos incomunicables.
   –¿Cómo ve al público actual?
   –Acudir al teatro hoy es un acto heroico debido a la emergente sociabilidad desde el domicilio que potencian la televisión e Internet. El que una obra funcione siempre es un enigma. Me he llevado sorpresas, obras como «La noche de Molly Bloom» o «El lector por horas», que pensé que eran minoritarias, han funcionado muy bien. El factor de incertidumbre me inquieta pero, curiosamente, me da ánimos.
   –¿Qué opinión le merece la crítica teatral de nuestro país?
   –Salvo raras excepciones, no es una crítica muy capacitada, no se compromete con los entresijos de la creación teatral y tampoco suscita en general entusiasmo. Considero positiva una crítica que destruye la obra con argumentos, no con insultos, una variante muy frecuente. Frente a los críticos de cine, que se nota que aman el cine, los de teatro, algunos muy ilustres, desprecian el teatro, no se apasionan.
   –¿El nuevo Gobierno beneficiará al teatro?
   –De forma un poco egoísta, creo que la situación del teatro va a mejorar: tanto el Teatro Nacional como el Español ya me han encargado dos obras. Sin embargo, no me parece bien que los políticos crean que tienen el control de las afinidades de sus electores por haberles votado. El Estado debe aceptar la diversidad de género y apoyar lo más frágil. De todas maneras, España no ha superado el deterioro cultural de los 40 años de franquismo porque en la Transición no hubo una reflexión sobre cómo afrontar la situación de estancamiento.
   –¿Qué proyectos tiene?
   –Estoy coordinando un texto de los ganadores del Premio Marqués de Bradomín y preparo una comedia musical contra el negocio obsceno de las armas, «Misiles melódicos».

 
 




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