Steven Berkoff
“Sólo escribo de temas con los que he soñado”

En
los últimos años Steven Berkoff ha visitado nuestro país con
espectáculos unipersonales concebidos y protagonizados por él mismo.
Ahora vuelve como director y productor de Ricardo II, de Shakespeare. La obra se presenta el 15 de julio en el Corral de Comedias de Almagro.
Antes
que un consumado director teatral y un villano emblemático de las
películas de ciencia ficción, Steven Berkoff es un personaje de culto.
Y la idolatría hacia su figura calva de 68 años de edad y a sus 50 de
carrera artística no parece molestarle ni le lleva a demostrar falsa
modestia. “¿Así que algunos biógrafos me consideran la persona viva más
grande vinculada al mundo del teatro? Mira tú…”, dice, para volver a la
entrevista con El Cultural como si no hubiera escuchado ese comentario.
Sin embargo, su situación privilegiada no le ha salvado de convertirse
en el blanco de un sector de la prensa británica, que no ha sido nada
amable con Ricardo II,
la obra que el artista presentará mañana en el Festival de Almagro;
llega a la ciudad manchega después de su estreno en el castillo de
Ludlow, donde se celebra un festival de teatro.
La pieza, ambientada en el original de Shakespeare hacia fines de la
Edad Media, está dirigida y producida por Berkoff, quien la ha
trasladado a un ambiente típico de la Inglaterra victoriana de fines
del siglo XIX. Estas acrobacias temporales fueron duramente criticadas
por medios como el Financial Times y el Daily Telegraph, que vieron
semejante apuesta como un “arresto de vanidad” de Berkoff. Pero nadie
mejor para explicar las raíces intelectuales de la obra –que abunda en
sombreros altos, levitas y bastones que hacen las veces de espadas–,
que el propio director, más popular por haber hecho de malvado en Rambo y Octopussy,
una de las tantas películas de la interminable serie de James Bond:
“Elegí el período victoriano no por azar, sino porque considero que fue
una época excepcional en Inglaterra. En ese momento tan particular de
la historia de este país, sobresalían la ambición y el poder como
valores que impregnaban el ambiente de aquella nación imperialista”,
comenta el artista sobre esta particular elección. La obra está
protagonizada por Tymothy Walker en el papel de Ricardo, Joseph Millson
y Michael Cronin, entre otros; supone además una nueva incursión del
director en Shakespeare, autor del que ha dirigido Hamlet (obra que protagonizó), Macbeth y Coriolano,
además de haber creado e interpretado Villains!, espectáculo
unipersonal en el que reunía a todos los personajes más maléficos de
Shakespeare y que pudimos ver en España.
–¿Por qué recreó la obra en el siglo XIX y no en el XX, que es una época que el espectador conoce más por haber vivido en ella?
–Creo que no es así: el público, mi público, conoce la era victoriana
porque de alguna manera también le es propia. Nuestra época abunda en
influencias de esos tiempos únicos y a mí me pareció ideal montar un
puente entre ambos momentos de la historia que se encuentran en algún
punto.
–Los tiempos de la obra original y de su recreación, ¿son más shakesperianos que nuestro presente?
–No, no necesariamente. A mí me resultó más curioso hacerlo en esa
época, pero Shakespeare puede sobrevivir en cualquier ámbito. Lo mío ha
sido una apuesta, y espero que me vaya bien…
Prevalece lo gestual
–¿No cree que es demasiado complejo manejar tantas épocas diferentes en
relación con lo que se observa en el escenario y la audiencia?
–En mi opinión, no es ni siquiera complejo. La obra se concentra en la
comunicación no verbal, por eso, a diferencia de otras representaciones
mías, en este caso hemos hecho hincapié en el vestuario y en la
expresividad de los movimientos de los actores para transmitir con
mayor claridad el mensaje.
–Sin embargo, creo que para comprender bien Ricardo II es necesario saber inglés…
–Por supuesto, pero ese no es un problema para mí, ya que las gentes
que suelen ir a ver nuestros espectáculos en España, como va a suceder
mañana en Corral de Comedias del Festival de Almagro, suelen tener un
elevado nivel cultural. De todos modos, en este caso lo gestual es lo
que prevalece, y eso es una marca muy fuerte en esta versión de Ricardo II.
–¿Por qué la gente debería asistir a ver esta obra?
–Además de hacerlo para pasar un buen rato, creo que en el escenario se
puede apreciar con claridad mucho de lo que significa ser inglés, que
es uno de los aspectos que más me gusta destacar en esta pieza. Pero no
lo hago porque sea un fanático de mi país, porque yo me considero un
europeo antes que un ciudadano británico.
–¿Está trabajando también en cine?
–Tengo varios proyectos en curso, pero todavía no sé qué voy a hacer
exactamente. Últimamente, he trabajado con pequeñas compañías
cinematográficas de diferentes países de este continente, pero no
descarto regresar a hacer cine en Hollywood. Amo estar en California,
es un lugar muy agradable a pesar de todo lo que se dice.
–Sin embargo, siempre está regresando a Londres.
–Es que esta ciudad es mi casa, no puedo negarlo. Yo vi crecer a
Londres, y Londres me vió crecer a mí… y aunque por mi trabajo viaje
por todo el mundo, y de hecho me haya encontrado conmigo mismo en más
de un país, aquí, junto al Támesis, me siento distinto.
–Entonces, es más inglés que europeo o al menos más londinense.
–No creo. Yo estudié en Francia y mis ideas libertarias y humanísticas,
esas que no tienen fronteras, vienen de allí. A través de la escuela de
ese país me transformé en lo que hoy soy: no sé si el mejor personaje
del mundo del teatro vivo, pero sí, al menos, uno de los mejores.
–Además de Ricardo II ¿trabaja en otros proyectos teatrales?
–Soy un hombre de teatro y siempre lo he sido, así que no podría
quedarme con una sola obra. Por esa razón, ahora estoy escribiendo una
nueva pieza, que no sé cuándo estará terminada, lo sabré una vez que
esté convencido de que la he soñado. Yo sólo escribo sobre temas con
los que he soñado, si no, para mí no es válido el intento.
–Usted habla de proyectos, y nunca parece preocuparse por el tiempo. ¿Se siente más joven de lo que realmente es?
–Puedo decir sin ninguna duda que mis producciones son revolucionarias
y que, necesariamente, por esta razón están animadas por un enérgico
espíritu de juventud. No sé si yo soy joven, pero todas las personas
con las que trabajo y me gusta trabajar sí lo son.
Pocos premios en Londres
–¿Siente que tiene alguna asignatura pendiente en teatro?
–El teatro me ha dado grandes alegrías, fama, prestigio y un modo de
ganarme la vida. No me puedo quejar, aunque me gustaría recibir más
premios en Londres. En el exterior no me ha ido nada mal, ya que me han
dado galardones hasta en el teatro San Martín de Buenos Aires. Pero
aquí, en mi ciudad, poco y nada.
–¿No le molesta que algunos lo reconozcan por haber actuado en Rambo, cuando usted también es autor y director de teatro?
–En realidad, no. Es cierto que uno siempre aspira a que su reputación
siga la misma dirección de sus propias intenciones, pero no es este el
caso. Me siento muy cómodo haciendo cine popular, o también en el papel
que me ha tocado en Viaje a las Estrellas, ya que por ese medio me conocen los jóvenes.
Adrian SACK
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