Es un animal escénico, un pura
raza de la interpretación. Steven Berkoff vuelve a
nuestro país para presentar en el Festival de Teatro
de Málaga One man, tres monólogos en los que da vida a
un asesino, un perro y un
hooligan.
Steven Berkoff es un brillante ejemplo
de artista todo terreno con una concepción total del teatro:
escribe, dirige e interpreta la mayoría de sus obras –Villanos,
Acapulco– mientras mantiene en paralelo una carrera cinematográfica
–La naranja mecánica, Octopussy– que le permite ganar
dinero para su única y confesable pasión: el teatro. Alumno
brillante de Jacques Lecoq, maestro de actores, autor de textos
polémicos como Mesías, Berkoff lleva desde los años
sesenta innovando la escena con su depurada fuerza interpretativa
y su visión contemporánea del teatro. Su compañía The London
Theatre Group ha cumplido 36 años. Este gigante de la interpretación
actúa hoy y mañana en el Teatro Alameda de Málaga donde dirige
y protagoniza One Man. En él interpreta tres monólogos
que exploran el lado oscuro del hombre, como en la primera
pieza, su pesonal relectura del Corazón revelador de
Poe.
–¿Qué le llevó a juntar tres personajes como un perro pitbull,
un asesino y un hooligan en un mismo monólogo?
–Estas personalidades que yo represento en escena no son tipos
al uso, corrientes y planos, sino que se trata de gente que
vive bajo condiciones extremas y que son neuróticos, obsesivos
y sufren las consecuencias de esa personalidad insana.
–¿Cómo aborda actoralmente cada uno de los tres personajes?
–Me he centrado sobre todo en la investigación del estrato
social en el que viven estos tres personajes y que les condiciona
fuertemente. Espero que las palabras hagan el resto.
–En el primer cuento da vida a un asesino. Curiosamente usted
ha interpretado tanto en cine como en teatro a villanos y
antihéroes. ¿Encuentra más interesante y rica la parte oscura
del hombre?
–¡Por supuesto! En la parte oscura se encuentran los elementos
diferenciadores de la personalidad, aquellos que están latentes
pero que no dejamos salir a causa de los condicionamientos
sociales. La perversidad es camaleónica y funciona a muchos
niveles, por eso es tan atractiva para un actor.
–Usted ya había llevado a escena otra obra de Poe, La caída
de la casa Usher. ¿Qué le atrae de su obra?
–Poe es un autor que ha demostrado una capacidad insólita
para arrancar las máscaras que todos llevamos puestas. Ha
realizado una increíble disección de la personalidad humana.
–¿Qué le ha resultado más difícil de interpretar en esta obra,
el perro pitbull o su dueño, el hoolingan?
–Contrariamente a lo que pueda pensar no me ha resultado difícil
meterme en la piel de este hincha de fúltbol. Más bien ha
sido todo un placer indagar en la personalidad de un hombre
tan corriente.
–Esta vez se aparta de la crítica a la religión que hizo en
Mesías. Aquí, ¿dónde carga las tintas?
–En mostrar una visión singular y diferente del hombre. En
One Man lo importante no es el argumento, sino mostrar
estas tres personalidades.
–¿Qué le resulta más complejo, dirigirse a sí mismo o dirigir
a otros actores?
–Dirigirse a uno mismo siempre es más complejo porque tienes
más posibilidades.
–¿Un gran artista como usted tiene miedos y dudas cuando sube
al escenario?¿Cuáles son esos temores que le acechan?
–Más que miedo, cuando subo a escena experimento un altísimo
estado de alerta, me pongo en guardia, vigilante. ¡El público
es el que debe sentir miedo!
–Su compañía The London Theatre Group, fue creada hace treinta
y seis años. ¿Cuáles son las claves de que haya perdurado
tanto tiempo?
–Hemos conseguido mantenernos durante tanto tiempo haciendo
muchos esfuerzos y luchando por sobrevivir en un mar de escoria,
mediocridad y banalidad.