Un plan muy
secreto El Plan General plantea cambiar el funcionamiento
de los teatros públicos
El
futuro Plan General de Teatro plantea cambiar aspectos
esenciales de la estructura teatral española, como el
funcionamiento de los teatros públicos o el sistema de
subvenciones. Pero todavía queda un largo trecho por
recorrer para que así sea: a punto de que sus autores
–las asociaciones del sector–, le den el visto bueno,
éstos aspiran a que sea refrendado por las
administraciones públicas y apoyado por los partidos
políticos y otros organismos. Llevado con secreto por
sus autores, que temen que su publicidad lo aborte antes
de someterlo a la aprobación de las administraciones, El
Cultural desvela algunos de sus puntos
esenciales.
El Plan General de Teatro lleva un año
elaborándose y falta muy poco para que sus autores, seis
organizaciones y asociaciones de teatro coordinadas por
el Instituto Nacional de las Artes Escénicas y de la
Música (INAEM), le den el visto bueno y lo sometan a la
aprobación de las comunidades autónomas. Hasta la fecha
se han elaborado cinco borradores o documentos de
referencia en los que se hace un diagnóstico de la
situación del teatro español y se aportan soluciones a
los problemas detectados.
El plan, dice el
último borrador, nace ante la exigencia de un marco
regulador que ofrezca “un conjunto articulado y
coherente de medidas que permitan superar la
incertidumbre legislativa y la insuficien- cia
presupuestaria” en la que se encuentra el teatro
español. En siete capítulos aborda desde su
consideración como servicio público, al momento actual
de la creación, la producción, la distribución y la
exhibición, la promoción y la presencia en el exterior.
Para no herir sensibilidades nacionalistas se le
ha bautizado de “general” y no de “nacional”. El plan no
va a tener carácter vinculante para las
administraciones, pero sus autores buscan el apoyo de
éstas y el refrendo de los órganos legislativos. De ser
así, supondría un marco de actuación para las
autoridades en materia de teatro. Ha sido elaborado por
los representantes de la Asociación de Autores de Teatro
(AAT), la Federación de Actores del Estado Español, la
Federación Estatal de Asociaciones de Empresas
Productoras de Teatro y Danza (FAETEDA), la Coordinadora
Estatal de Salas Alternativas (CESA), la Asociación
Cultural Red Española de Teatros, Auditorios y Circuitos
de Titularidad Pública y la Organización de Sindicatos
de Actores y Actrices del Estado Español (OSAAEE).
Únicamente la Asociación de Directores de Escena declinó
participar por no compartir ni la metodología ni los
objetivos que debía cumplir, según explica Juan Antonio
Hormigón, secretario de la asociación y quien no rechaza
suscribirlo si el resultado convence a sus asociados. De
los capítulos tratados en el documento, destacan los
siguientes:
Producción. El dedicado a la
iniciativa pública es el más delicado. Se plantea
modificar el funcionamiento de las unidades de
producción y teatros de titularidad pública. Aunque
todavía no hoy un acuerdo definitivo, sí se barajan
varias ideas. La mayoría de los autores del plan
defienden una regulación “más democrática” de los
teatros públicos, que dejen de depender de la buena
voluntad del director de turno y que se regulen mediante
un contrato-programa en el que se establezcan los
objetivos del proyecto y el presupuesto para llevarlo a
cabo. Más peliaguda si cabe es la propuesta de que se
forme una comisión de seguimiento que vigile el
desarrollo del proyecto y en el que esté representada la
sociedad civil.
Política de ayudas. No se
quiere modificar el actual sistema, sino matizar los
baremos actuales a fin de establecer criterios más
objetivos para adjudicar las subvenciones. Y como
novedad se pretende reforzar las ayudas a compañías y
productoras estables, que sean capaces de demostrar una
trayectoria continuada. Hasta ahora las compañías
subvencionadas tenían que cumplir con el requisito de
ofrecer un mínimo de representaciones en un periodo
determinado. Se propone prorrogar el plazo. También
primar la distribución de los espectáculos para abaratar
costos. En este sentido jugaría un papel fundamental la
Red de Teatros de Titularidad Pública que gestiona 400
teatros en todo el país. Y se potenciará a aquéllas
compañías que actúan fuera de su comunidad. En líneas
generales se quiere reforzar las producciones de autores
vivos y las producciones de teatro español en el
extranjero. El teatro alternativo recibe especial
consideración en el borrador y una de las novedades es
la creación de un centro que facilite su distribución y
adecue este tipo de producciones a los teatros
existentes.
Tratamiento Fiscal. Defienden
una antigua reivindicación, reducir el 16% de IVA y
establecer un tipo único (en la actualidad se gravan las
entradas con el 7% y la producción con el 16%).
Anulación de la orden establecida hace cuatro años y que
grava con el IVA las subvenciones públicas que las
compañías reciben. Además, se pide el acceso a las
ayudas oficiales a la industria, vetadas a la industria
teatral. Desgravación fiscal para aquellos actores que,
frente al cine y la televisión, vuelvan al teatro. Y
desgravaciones para aquellas producciones que inviertan
en I+D.
Servicio Cultural Público. Todo el
plan se articula en torno a la idea del teatro como
servicio público: “el teatro tiene un valor pedagógico”,
“da respuesta a una demanda real y potencial de la
sociedad”, “es un arte social que exige del público”,
“tiene un valor patrimonial”... Y tan convencidos están
sus autores de ello que un anexo al documento se ocupa
de desarrollar esta tesis frente a las teorías que
pudieran derribarla. Uno de los argumentos que esgrime
es que el teatro es el arte peor tratado por las
administraciones como demuestra la desproporción
presupuestaria que el Ministerio de Cultura mantiene con
respecto a Música. Hasta 1985, ambas artes recibieron
los mismos presupuestos pero a partir de entonces se
disparan los de Música y se mantienen los de Teatro: en
2001 fueron de 85.125 euros frente a 28.732 euros. Su
defensa como servicio público es una forma de
comprometer a las administraciones a protegerlo y a
destinarle más recursos.
Iniciativa
Privada. La consideración como servicio público no
resta para que se subraye también su valor como
industria y mercado cultural: emplea a 8000 personas, su
cifra de negocios es de 90 millones de euros . “El
teatro ha alcanzado velocidad de crucero”, se dice,
“pero hay que aplicar medidas de potenciación. Es dudoso
que, por sí solo y sin estas medidas, pueda dar el
salto”.
El hecho artístico. Analiza el
marco laboral, la creación y el teatro en los centros de
enseñanza, entre otros aspectos. Se indica cómo los
creadores están siendo desplazados al cine y la
televisión. También cómo el capital extranjero ha
comenzado a adquirir teatros. En el ámbito de la
Seguridad Social se propone estudiar el mejor regímen
jurídico para los arttistas. Igualmente, se aspira a que
la práctica teatral tenga mayor presencia en la
enseñanza, siguiendo el ejemplo de las enseñanzas
musicales.