REPORTAJE: A
pie de obra Variedades sobre la
critica
La critica teatral es un oficio que suscita
tantas dudas como ocasionales malentendidos y
satisfacciones. Detenerse un momento para reflexionar
sobre la experiencia teatral, sus interioridades y las
sensaciones que se tienen desde el patio de butacas es
una práctica saludable y clarificadora.
MARCOS ORDÓÑEZ
BABELIA - 11-05-2002
La critica como comedia. Doble movimiento: uno escribe para
sí mismo, de forma confidencial, como si nadie más fuera a
leerlo, para contarse un espectáculo, para fijarlo en la
memoria o para desmenuzarlo como el mecanismo de un juguete, y
a la vez como si para miles de personas ese espectáculo fuera
un hecho capital en sus vidas.
* * *
El teatro es uno de los mejores lugares donde estar cuando
hay arte y el peor del mundo cuando no funciona. Es el
territorio del todo o nada: ése es el juego. A diferencia del
cine, en el que una película mediocre 'no molesta' demasiado,
no te impulsa a salir a escape porque puedes 'distraerte' (con
algún color, algún movimiento, o simplemente pensando en tus
cosas como quien mira por una ventana), el teatro mediocre
resulta físicamente insoportable, una tortura semejante a
escuchar música distorsionada. A veces hay que tener un poco
de paciencia porque la cosa acaba mejorando, pero son casos
contados, minutados por la experiencia de muchos años de
teatro: quince o veinte minutos suele ser el plazo máximo para
que los actores se sacudan el trac, los nervios del
estreno. Si ha pasado ese tiempo y todo sigue igual, ya es muy
difícil que remonte, ya estamos en el torturante país del mal
teatro. Y hay que huir; hay que acabar de una vez (con
decidida calma, sin estridencias) con esa falsa sacralización
del hecho teatral, precisamente porque es algo sagrado, con lo
que no se juega.
* * *
El teatro es un arte colectivo, y la critica,
consecuentemente, también. Hablas de hombres y mujeres a
hombres y mujeres. El teatro es un arte caliente: por eso
conviene ir acompañado. Hablas, discutes. Antes de empezar, en
los intermedios, al final. Hablas y callas: en una sala de
cine jamás se producen los silencios, las eucaristías que se
producen en el teatro. Ni ese extraño, hermosísimo fenómeno de
las noches de gran arte: al acabar, la gente no se va. Y no es
que espere a los actores o al autor. No quiere irse; no se
resigna a la idea de que aquel estado haya concluido.
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La principal característica del crítico debería ser la
generosidad, que nada tiene que ver con la condescendencia:
generosidad como apertura, como la difícil forma de intentar
colocarse siempre en el corazón de la poética del autor, para
escribir desde allí. Siempre y cuando exista una
poética, claro.
* * *
Uno de los mayores peligros de la generosidad es lo que los
estudiosos marxistas llamaban 'critica idealista'. Una suerte
de tomismo escénico: creer no lo que vemos sino lo que nos
gustaría haber visto, y contarlo como si realmente se hubiera
producido.
* * *
El tópico suele atribuir al crítico una constante cuota de
ferocidad. Erróneamente: el verdadero crítico ama el talento
tanto como el gourmet la buena mesa. Ambos odian comer
mal, odian comer solos, y odian no poder contar lo bien que
han comido.
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A menudo, el teatro se parece a un hospital: la Morgue en
el sótano, la Maternidad en el ático. En una temporada
'normal', las entradas de muertos y las salidas de recién
nacidos se equiparan. En una temporada mala, el crítico se
convierte en forense; en una buena, en comadrona. Y contra lo
que suele creerse, a los críticos se nos cae la baba ante un
recién nacido con todos los sentidos en su sitio.
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No hay crítico más feroz que el actor (o la actriz) que
juzga la labor de un compañero a la salida de un estreno: son
ellos quienes reclamarán al crítico, como una nueva versión de
Shylock, esa cuota ('supongo que te la cargarás'), esa libra
de carne humana, y, en caso contrario, le acusarán de una
benevolencia que, naturalmente, sólo reclaman para su propio
trabajo.
* * *
El actor que te llama para recriminarte una mala critica
rarísima vez lo hará para, en pura lógica, agradecerte una
buena. Para él, el crítico es como un meteorólogo: un parte de
buen tiempo es la simple constatación de un hecho natural,
mientras que el anuncio de lluvias puede deberse a un oscuro
apetito de catástrofe.
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La critica negativa como 'prueba de ácido' de la amistad.
La mayor parte de las veces sirve para librarte de relaciones
dictadas exclusivamente por el interés. Y en contadas pero
inolvidables ocasiones afianza un vínculo para siempre. O
casi.
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Conseguir que, a lo largo de una obra, sin apenas darnos
cuentas, reevaluemos nuestras primeras impresiones sobre los
personajes; que no elevemos, como los abogados, nuestras
conclusiones provisionales a definitivas, me sigue pareciendo
uno de los logros mayores de un dramaturgo. Y de un crítico.
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Hay actores o directores que no mejorarán nunca porque
creen que no lo necesitan: basta oírles hablar de sí mismos
esgrimiendo cifras y porcentajes de ocupación. Es un trabajo
perdido esperar nada de ellos. Como decía la lúcida Madame de
Merteuil, 'on acquiert rarement les qualités dont on peut se
passer'.