Un ojo
atento podía prever lo que habría de ocurrir después
de la salida de Hugo Chávez de la presidencia de Venezuela. Ausencia
de liderazgo, toma del poder por parte de figuras que no tienen representatividad
mayor dentro de la vida nacional. Retaliación y venganza. Hasta
hace una semana muchos ciudadanos hemos sentido la presión constante
de un lado y del otro: el chavismo y el antichavismo. Ambos irracionales.
Discursos encontrados en los que apenas hallábamos migajas de
verdad ocultando intereses particulares y enfoques sesgados. Silenciosos,
compartiendo nuestras ideas sólo con algunos pocos en quienes
confiamos, hemos soportado esa situación en que se nos pedía
reverencia a una u otra postura, sumisión, adhesión a
todo. Cualquier opinión crítico-reflexiva nos hacía
sospechosos de ambos lados.
No era
esta una situación muy llevadera. Hoy hemos amanecido en medio
de otra pesadilla. Se dice que el presidente ha renunciado, pero nadie
ha visto su firma. Se dice que se le garantizan sus derechos, pero se
encuentra incomunicado. El Fiscal General de la República ha
comenzado hace pocos minutos a dar una rueda de prensa a través
de la televisión y misteriosamente ha sido borrado de la pantalla
mientras explicaba cuál debía ser el proceso institucional
aplicable a este caso (esto ocurrió a las 14 horas [viernes 12]
aproximadamente). La Constitución dicta que una vez presentada
la renuncia del presidente a la Asamblea Nacional, el mando debe ser
entregado al Vicepresidente, quien, si a su vez renuncia (como se dice
que ocurrió en este caso), cede el cargo al presidente de la
Asamblea Nacional.
En Venezuela
no se están cumpliendo los procedimientos legales y eso es grave.
Los medios están manipulando la situación una vez más
al pedir la disolución de la Asamblea Nacional. Quienes hasta
ayer clamaban por el respeto a la institucionalidad, hoy la violan como
primeras figuras de un circo mediático. Nadie tiene derecho a
exigir que desaparezcan las instituciones fundamentales, aunque sean
ineptas. Si funcionan mal, hay que sustituir a sus integrantes por personas
apropiadas, y a través de los métodos indicados por la
ley, pero no deben desaparecer las instituciones. Eso se llama totalitarismo.
En Venezuela estamos viviendo una cadena mediática, con una sola
voz, y esta no es una práctica nueva. Aquí los medios
carecen casi por completo de matices distintivos. En cambio desbordan
en emotividad, ignorancia y palangrismo. En gran medida, son todos una
sola voz al servicio de una sola corriente. El poder de los medios no
tiene límites. Eso lo denunció hace algunos años,
durante el segundo gobierno de Caldera, el periodista norteamericano
John Sweeney en un artículo titulado Periodismo, corrupción
y colegiación en Venezuela, publicado por el diario El Universal
(tengo copia del mismo y puedo hacerlo llegar a su periódico).
Y todos sabemos que Sweeney no es precisamente un señor de izquierda.
Me temo
que Venezuela va hacia una ultraderechización irrefrenable y
quien disienta de ello, será excluido.
Personalmente,
va a ser algo insoportable. Se están llevando a cabo detenciones
a diputados, ministros y funcionarios. En este primer día ha
comenzado una cacería de brujas. Creo que ese no es el procedimiento
legal. En Caracas, sólo un 25% de la población vive en
zonas urbanizadas, el resto ocupa viviendas marginadas que están
ahí, a la vista de todos. No ha habido hasta ahora, una sola
cámara que entre a una vivienda humilde para saber qué
está pasando con esos ciudadanos, cuya inmensa mayoría
apoyó a Chávez. Me temo que esa gran masa será
ignorada. Curiosamente, después los medios se preguntan por qué
llegó Chávez al poder. Precisamos observadores imparciales.
Quienes aquí vivimos, sabemos que no es prudente denunciar todo
esto, pues no existen condiciones para ello. Ustedes que están
fuera, por favor investiguen y publiquen algo sobre esta situación.
No son los funcionarios del gobierno saliente quienes peor la van a
pasar. Como tantas veces, una gran cantidad de personas neutrales o
con sentido crítico, sufrirá el impacto de esa derechización,
de ese "pensamiento" único que nos azotará cada
día en las pantallas, en nuestro trabajo y en la vida social.
NOTA: Este texto fue escrito
el día viernes 12 de abril, en la tarde. La autora es una joven
profesional que se desempeña en el sector cultural, observadora
crítica del proceso venezolano, sin identificación con
el gobierno depuesto pero alarmada del avance de la represión
retaliativa que iniciada en el país con las nuevas autoridades
que se han apoderado del poder.