Un relato necesario, por Itziar Pascual (Revista Primer Acto, nº 299, julio-agosto-septiembre de 2003)
Como si fuera esta noche, de Gracia Morales, por Remiendo Teatro

 

Gracia Morales (Granada, 1973) se dio a conocer fuera de los ámbitos andaluces con Quince Peldaños, obra que obtuvo simultáneamente el Premio Marqués de Bradomín y el accésit del Premio Miguel Romero Esteo. Obras suyas anteriores, como Reflejos o Puestos en escena, habían sido finalistas del Romero Esteo y otro texto, Papel, había sido integrado en el homenaje a Sarah Kane, celebrado en el Teatro Central de Sevilla. Ahora, la Sala Triángulo en Madrid ha sido el espacio para dar a conocer la continuidad de su dramaturgia con una nueva escritura, Como si fuera esta noche, a cargo de la compañía de la que, además de autora, es actriz y cofundadora, Remiendo Teatro.

El caso de Como si fuera esta noche revela una paradoja que me parece extraordinariamente interesante. La obra ha sido estrenada ya en Argentina, de la mano del director Carlos Ianni y el CELCIT. En España, el estreno es asumido por Remiendo Teatro y el montaje de la compañía granadina ha obtenido la Mención Especial en el IV Certamen Nacional de Teatro Aficionado "Ciudad de La Línea" (Cádiz) y el segundo premio en el VII Certamen Nacional de Teatro Aficionado "Ciudad de Reinosa", (Cantabria). La paradoja se inscribe, obviamente, en el hecho de que nada hay en el trabajo de Remiendo Teatro que remita a lo aficionado, si el término presupone algo falto de elaboración, técnica o de autoexigencia. La paradoja nos invitaría, en cualquier caso, a preguntarnos, cuáles son las vías y las formulaciones con las que una compañía pequeña o mediana muestra su trabajo escénico en España.

Pero volvamos a la escritura, que es lo que nos concierne. Como si fuera esta noche nos presenta a dos mujeres, Clara y Mercedes (interpretadas por Carmen Gutiérrez y la propia Gracia Morales, bajo la dirección de Juan Antonio Valverde). Ocupan un espacio común, pero desde el primer momento sabemos que no ocupan un territorio compartido en el espacio/tiempo. Cada una se enreda en los juegos de la memoria y del deseo, de las acciones cotidianas, de ese dobladillo que queda siempre por terminar en el callar de las tardes, o de ese cigarrillo que sirve para ordenar las decisiones.

Ellas, las dos, son madre e hija. Ellas, las dos, tienen muchas palabras pendientes. Porque, en algún momento del pasado, se rompió el vínculo de la vida que las unía. Porque en algún momento del pasado, apareció un gesto huraño, seco, que fue alejando el amor. Porque en algún momento del pasado emergió entre lo cotidiano el miedo que acecha y que destruye. Y las vidas se rompieron y se llevaron demasiadas palabras, demasiados abrazos, demasiados sueños.

Realizar el abrazo impedido

Gracia Morales inventa en Como si fuera esta noche, título que remite al bolero amoroso de los días felices y perdidos, la oportunidad de que estos dos personajes puedan expresar lo que la violencia -esa violencia que en los teletipos se denomina de género, o doméstica- les arrebató. Pero lo que impresiona de este relato necesario, habitado en el escenario con la frugalidad de las cosas importantes, es que no pretende ni adoctrinar ni establecer cánones morales. Sobre el escenario hay unos personajes que nos muestran, sin retóricas, la oquedad de sus corazones; el amor perdido, el amor no dado, la desolación de esas noches que terminan en gritos. Y que encuentran en el escenario, precisamente, la oportunidad simbólica de ver restituido su derecho a decir, su derecho a ser, su derecho a construir. En el futuro de Clara puede que esté el conocimiento de un amor que no duela, que no rompa, que no se convierta en la más íntima de las batallas. Pero para que exista esa oportunidad y esa esperanza, debe transmitirse, aunque sea a través del imaginario de los espectadores, el derecho a la entrega de experiencia, la enseñanza amorosa, el poder dar el abrazo impedido.

El texto maneja así, de una manera extraordinariamente sutil y apostando a la vez por la sencillez, el encuentro de mundos distantes y enfrentados con lo verosímil. Y lo hace con dos interpretaciones de enorme seriedad escénica.

Como si fuera esta noche, se suma así a la importante lista de textos de autores españoles vivos -pienso en Borja Ortiz de Gondra, Paloma Pedrero, Luis García-Araus, Juan Carlos Sánchez, Raúl de Tomás, entre otros-, que han mostrado sus escrituras durante esta temporada en la sala Triángulo y que aportan oportunidades para el pensamiento de lo contemporáneo.

 

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